Dulce San Antonio, un convivio con la naturaleza
Ir a la Sierra de Arteaga es un espectáculo de la naturaleza. Las poblaciones que acompañan esta majestuosidad son pintorescas y con el alma de sus habitantes.
Las manzanas, duraznos, chabacanos, ciruelos, entre otros frutos como los cerezos en Los Lirios dan cosechas que son esperanzas.
San Antonio de las Alazanas, el cañón más visitado, cuenta con una esquinita que es sin duda la más chula del pueblo.
Ahí hacen pasteles y bebidas. Nancy, su propietaria y creadora, es quien pone ese toque de Pueblo Mágico. En una casona cuyas propietarias son Simona y Benita, cuyo espacio ha sido botica, tiendita de raya y ahora lo que llamaría “los aromas dulces del pueblo”, que se funda en 1857; al parecer la casa tiene ese mismo paso del tiempo. Con un propósito distinto llegaron Mauro y Nancy a poner un criadero de truchas en granjas acuícolas, del cual fueron víctimas de fraude.
Ella inquieta, impulsada por su hija, se pusieron juntas a vender pasteles en la plaza. De ahí nace Dulce San Antonio. Casero, mayormente con ingredientes locales, en un mostrador que es nostálgico, a todo detalle, elaboran sus mermeladas, recolectan hierbas de la región como Hierba Anís y orégano. El espacio te abraza, llegan ahí también los aromas del mezquite de la chimeneas de las casas aledañas. Con sabores más genuinos, muy alejado de estos merengues y betunes de coma diabético; este espacio ha dado esa calma de tomarse un cafecito a las faldas de las montañas que llegan al surco del pueblo.
Un día soleado pasé a comprar una bebida y había frappé de pinole. Esté maíz tostado y molido que sabe a los rezos de los ranchos, delicioso y único, como su pastel relleno de chabacano con un betún de mantequilla color morado inigualable. Pastel emblemático de este pequeño sitio que hace grande la experiencia cuando lo visitas. La estantería antigua es mágica, la madera, la curaduría del tiempo que deja huella en la memoria, ahí están coquetamente colocados, como una botica igual a lo que fue en el pasado, pero gastronómica, sus productos, dignamente bien decorados, miel, propóleo, mermeladas, conservas no puede faltar un mezcalito porque es bendito.
Las historias de una pastelería casera: “El año pasado, con las heladas tardías, las granizadas, se cayó la cosecha de chabacanos, dejamos de vender mermelada para poder hornear nuestro pastel de chabacano; estamos haciendo 1 o 2 por semana”, dice Mauro, que apoya a su esposa y han abierto una sucursal en Saltillo.
Así es la esencia de un lugar que convive con la naturaleza, la conoce y la observa, le pide permiso y crea. Esperan las manzanas, los elotes, el pinole, las cosechas para ofrecer con alegría, gloria y gozo de lo mejor en repostería, además de su buen café y que en los detalles esta siempre el universo como fiel manifiesto.
Si va a San Antonio de Las Alazanas no se le olvide visitar Dulce San Antonio y si es por el Santo póngalo de cabeza hasta que no le cumpla el milagro.
Recuerda: “La vida es una gran receta” y “el vino no te pone borracho te pone fantástico”.
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