Te quedan artículos gratis este mes, para seguir leyendo...
Regístrate | Login

El 7 de septiembre

Opinión
/ 7 septiembre 2021

    La música nos ha acompañado aún antes de que le pusiéramos nombre a las cosas. La música es gozo, dolor, esperanza, tristeza y alegría. Es una celebración de vida tan importante, que se graba en nuestro ser de tal forma, que la podemos recordar incluso cuando ya hemos olvidado hasta quienes somos. Hay canciones que cuentan historias basadas en hechos reales. Quienes las compusieron nos relatan experiencias felices, tristes y hasta trágicas. Sus letras nos cuentan experiencias, fechas y hasta días específicos que marcaron sus vidas y también las nuestras.

    Hace muchos años, la tarde lluviosa de un 7 de septiembre, sentados en la barra de un bar ubicado a la orilla del río Támesis en Londres, Juan Pablo Dávila, un entrañable y brillante amigo saltillense, que cumpleaños hoy 7 de septiembre y que igual puede estar en Kenia, Tanzania, Burundi, Ghana pero también en Viena donde reside pues trabaja para las Naciones Unidas, me contó la historia de la canción de Mecano, “El 7 de septiembre”.

    Como muchos de nosotros, conocí de la música de Mecano por el primer disco que promovieron en México, “Entre el cielo y el suelo” (1986), que contiene sencillos notables como “Hijo de la Luna”, “Me cuesta tanto olvidarte”, “No es serio este cementerio” y “Cruz de Navajas”. A ese disco le siguieron otros muy exitosos, pero fue hasta el último álbum Ai Dalai de 1991, en que Nacho Cano, a todas luces un genio, incluyo el sencillo “El 7 de septiembre”.

    El escritor narra el encuentro cada 7 de septiembre, que se da entre dos seres que compartieron un amor que ha terminado, aunque no del todo, pues luces y sombras, destellos y fantasmas, parecieran revivir cada 7 de septiembre, fecha en que conmemoraban el inicio de esa relación.

    “Parece mentira que después de tanto tiempo, rotos nuestros lazos”, comienza la canción de Mecano, escrita por Ignacio Cano, uno de los tres integrantes de la agrupación y su genio creador. Nacho la compuso en honor de la escritora española Coloma Fernández, a quien conoció la noche de un 7 de septiembre, pero de 1981, hace ya 40 años.

    El escenario fue el antro Golden Village, uno de los epicentros de las noches madrileñas de los ochentas, a donde Coloma fue con una amiga y donde conoció al músico español. Eran los tiempos en que luego del asfixiante franquismo que controlaba destinos y vidas de los españoles, los jóvenes se iban de ‘Marcha’ y esa noche, Nacho y Coloma, ambos unos jovencitos, inician una relación que duraría poco más de ocho años, los años más intensos para Mecano.

    Nacho Cano escribió como muchos una canción de amor y otra de desamor al amparo de esa relación. La del romance fue La fuerza del destino, del disco Descanso dominical, 1988). La de la separación, El 7 de septiembre (Del último, Aidalai, 1991). Para quienes nos gusta Mecano, el resultado de esa relación, son dos de sus grandes temas, que van del “oh, oh, oh, quiero estar junto a ti” con La fuerza del destino, al de la triste renunciación, con “Las flores de mayo, poco a poco cederán, a las patas de gallo, y nos buscaremos con los ojos por si queda algo”.

    El 7 de septiembre inicia con “Parece mentira que después de tanto tiempo, rotos nuestros lazos, sigamos manteniendo la ilusión en nuestro aniversario. La misma mesita que nos ha visto amarrar las manos por debajo, cuida que el rincón de siempre permanezca reservado”.

    Cano se refiere al restaurante “La Parra”, restaurante madrileño ubicado a pocas cuadras del paseo de la Castellana, lugar en donde Nacho Cano y Coloma Fernández, celebraban año con año, el 7 de septiembre, la fecha del inición de una relación que no existe más y en donde se sentaban año tras año y al verse como dice la letra ”No sabemos si besarnos en la cara o en los labios”.

    La canción fue y sigue siendo un éxito, y aunque es un tanto extraña, pues habla de un amor que llegó a su final y que ha consumido las almas de quienes la protagonizaron; uno que los ha marcado por siempre y para siempre. Un final que aceptan con madurez, pero que quizás y solo quizás, guardan una lejana esperanza de que un día pueda continuar, tal y como dice su letra “Y aunque la historia se acabó, hay algo vivo en este amor que aunque empeñados en soplar, hay llamas que ni con el mar”...

    @marcosduranf

    COMPARTE ESTA NOTICIA
    TEMAS

    Newsletter

    Suscríbete y recibe las noticias del día antes que nadie