El cascabel

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Opinión
/ 18 febrero 2026

Ay como rezumba y suena,

rezumba y va rezumbando

rezumba y va rezumbando

mi cascabel en la arena

Cierto día el violinista venezolano Alexis Cárdenas (Barquisimeto, 1973) y el compositor mexicano Arturo Márquez (Álamos, Sonora, 1950) bebían café en el puerto de Veracruz. Lejos de ser un sitio lujoso, lleno de camareros encorbatados y gente bonita, los dos músicos conversaban en uno de los múltiples portales asentados en las aceras porteñas, de muros deslavados por el sol, mesas de madera y ruido callejero. Hasta ellos se acercó un dúo jarocho —arpa y jarana— a ofrecer sus canciones. Muy probablemente para el dúo aquellos comensales eran dos clientes más en potencia, los dos más bien pasados de peso, uno tocado con un sombrerito de paja, adornado con cinta verde, el otro con barba de candado. De entre el repertorio del dúo se eligió El cascabel.

El video que muestra la escena anterior, tomado con un celular anónimo (armandogonzalez76 en TikTok), inicia con las palabras del arpista dirigidas a Alexis, quien ya tenía su violín preparado: “...entro yo, entra usted, y luego ya nomás yo lo llevo de lado...”. Presto arranca el arpa con las notas inconfundibles del huapango elegido. Tras los compases iniciales, entra la jarana como acompañamiento, y casi de inmediato hace lo propio el violín. Es entonces que el arpista, un septuagenario con un oído bien fraguado, advierte que el violinista no es un comensal más, un poquito pasado de peso y con barba de candado. Ese violinista sabe lo que está haciendo, y lo está haciendo muy bien. Entonces el arpista se despega de lo que sería una interpretación tradicional para turistas en los portales veracruzanos, y remonta un fraseo lleno de habilidosas ornamentaciones, no sólo espectaculares, por lo bien timbradas y mejor pulsadas, sino ajustadas al canon académico del arpa. Al rigor arpístico responde Alexis Cárdenas, con arreglos salidos al calor del reto. Aquello a dejado de ser una interpretación huapanguera para adquirir categoría de Jam Session en la que sólo el jaranero va quedando a la zaga. Sentado al lado del violinista, quien sí sabe de música y la está leyendo como en una partitura, es Arturo Márquez.

Ante aquel encuentro musical impensado el sonorense va de la sorpresa, al asombro y la incredulidad. Alexis y el arpista han entablado un combate entre caballeros en el que ambos toman y se ceden la palabra; en el que uno propone una variación al tema y el otro lo borda con las notas rápidas de su instrumento. Como dos gallos felizmente encabritados, arpa y violín rezuman, por un lado, la fuerza de la compleja estructura mestiza del arpa veracruzana, y por el otro, las pulsaciones perfectas de un violín de conservatorio, interpretado por un venezolano que lleva en el alma el joropo tradicional de los Llanos. Y sin desatender a sus instrumentos, ambos contendientes corean los octosílabos cascabeleros con el fervor de las primeras palabras aprendidas de mamá. Cinco minutos han transcurrido del torneo que a esta altura del campeonato ha sorbido el seso a los turistas, meseros y transeúntes que con la última nota aplauden, pasmados, el espectáculo por el que hubiesen tenido que pagar cientos de pesos en el teatro. La Jam cierra con el gesto de caballero de Alexis quien se seca el sudor, y extiende la diestra, risueño y reverente, para estrechar la mano sabia del arpista.

Alexis Cárdenas es reconocido como uno de los violinistas más talentoso de su generación, egresado de Juilliard en Nueva York, y del Conservatorio de París. Es violín concertino de la Orquesta Nacional Ile de Francia. Se distingue por su técnica depurada, la claridad de fraseo y la amplitud en un repertorio académico que lo lleva a interpretar obras clásicas, románticas y barrocas, que van desde Bach, hasta Beethoven y Brahms. Tiene, entre otros, los premios de violín Tibor Varga, en Suiza; el Long-Thibaud, en París; el Fritz Kreisler, en Viena, y el Henry Szering, en México. Además, es fundador del Ensamble de fusión Recoveco, y del cuarteto de jazz Alexis Cardenas Quartet. Para acercarnos al arte de Alexis Cárdenas, sugiero cuatro ejemplos de sendas vertientes cultivadas. De clásica sugiero el Concierto para violín en re mayor, Op. 77, de Brahms, con la sinfónica Simón Bolívar que dirige Alfredo Rugeles. De jazz está “Alexis Cardenas Quartet- violin (SR.JOU)”, además el espléndido álbum “La canción de Venezuela. Volumen 2” con el tenor Aquiles Machado, y el guitarrista Aquiles Báez; y desde luego un ejemplo de la música fusión que arma con su ensamble Recoveco, interpretando El cascabel (aparece como “Traditionnel / Alexis Cardenas: El Cascabel” (Todas en YouTube)

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Estudió Letras Españolas en su estado natal, ha escrito narrativa y ensayo. Su interés se centra en literatura policiaca, presente en sus estudios y en su obra de creación. Yo siempre estoy esperando que los muertos se levanten parte del viaje de su protagonista para realizar una investigación sobre la estancia de Francisco Villa en la ciudad de Delicias; la anécdota le sirve para la creación de una novela de suspenso con tintes policiacos. Su segunda novela, Nadie sueña, recrea y denuncia el mundo de la violencia, del crimen y la corrupción del sistema judicial y de los círculos del poder en los estados del norte. Sus personajes, al principio presos de un gran desaliento, logran rebelarse ante esta situación. En sus cuentos se repiten las mismas obsesiones del autor por la intriga propia del relato policiaco.

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