El papá que las familias necesitan hoy
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Actualmente, las familias valoran al padre cercano y afectivo, que comparte la responsabilidad de la crianza y forma parte de la vida cotidiana de sus hijos e hijas
Este domingo se celebrará el Día del Padre. Una fecha que, a su vez, invita no sólo a reconocer y dar las gracias a quienes ejercen esta gran tarea, sino también a reflexionar sobre cómo ha variado la paternidad en las últimas décadas. Ya no basta con ser el proveedor económico ni con la figura severa y distante que durante décadas configuró el papel masculino en la familia. Actualmente, las familias valoran al padre cercano y afectivo, que comparte la responsabilidad de la crianza y forma parte de la vida cotidiana de sus hijos e hijas. La llegada de este modelo no sólo implica una nueva forma de padre, sino también una profunda transformación en la comprensión de la masculinidad, la familia y la educación de la nueva generación.
Durante décadas, el deber paterno consistía exclusivamente en desempeñar tres funciones: trabajar, proveer y mandar. El padre tomaba las decisiones relevantes, marcaba límites y sostenía posturas sobre la economía familiar. La madre, en cambio, asumía la cuestión del día a día: las emociones, la enseñanza y gran parte de las labores del hogar.
En la actualidad, en particular entre las generaciones más jóvenes, ese modelo es cuestionado por muchas mujeres que no quieren cargar solas con la afectividad y la educación de sus hijos. Cuando una madre señala que desea un papá presente, no se refiere sólo a que llegue pronto a casa o a que pase unos momentos familiares. Habla de un hombre que participe en la crianza de los hijos, que asista a las reuniones escolares y a las consultas médicas, que dé una mano con las tareas, que escuche las inquietudes y que contribuya a tomar decisiones en relación con la educación, la disciplina, las pantallas y los hábitos familiares. La presencia no está vinculada sólo al afecto, sino también a la disponibilidad y al compromiso del día a día.
También ha cambiado la manera de concebir la autoridad. Las mujeres no buscan a un padre autoritario, sino una figura de guía. Un hombre capaz de encaminar, establecer límites y marcar rumbo, pero también de dialogar con los hijos, reconocer algún error, pedir perdón y regular sus propias emociones. El padre contemporáneo no es el que simula no tener vulnerabilidades, sino el que enseña, a través de la experiencia vivida, cómo afrontar el estrés, la frustración o los conflictos desde una óptica de la salud. Esa educación emocional queda grabada a fuego en los hijos.
El otro concepto fundamental es el de la corresponsabilidad. Cada vez más mujeres buscan desterrar la idea de un padre que sólo “ayuda” en la crianza. Quieren un cómplice que colabore o asuma la misma porción de responsabilidad en las tareas del hogar y en la formación de los hijos. El corresponsable no sabe distinguir entre “cosas de mamá” y “cosas de papá”: entiende que educar, cuidar, escuchar y acompañar son responsabilidades compartidas.
En la relación con sus hijas, el padre desempeña un papel esencial: ayuda a fortalecer la autoestima, a generar la sensación de estar segura y enseña cómo debe ser la relación con las otras personas que, en su caso, debe ser siempre en un plano de respeto. Con los hijos varones, en cambio, ofrece la oportunidad de cuestionar viejos roles y mostrar que la fuerza también es sensibilidad, empatía y la capacidad de expresar emociones. En ambos casos, el padre se convierte en referencia básica sobre cómo construir una identidad concreta y aprender a relacionarse con los demás.
En resumen, muchas familias describen el papel del padre actual con cuatro verbos: cuidar, acompañar, educar y corresponsabilizarse. Cuidar no sólo con recursos económicos, sino también con tiempo y afición. Acompañar no sólo en los éxitos, sino también en los momentos difíciles. Educar y no sólo hablar. Corresponsabilizarse en la crianza como tarea compartida e ineludible.
Este Día del Padre vale la pena reconocer a todos esos hombres que han entendido esta transformación, ya que los hijos no recuerdan únicamente lo que un padre les ha dado, sino, sobre todo, cómo ha estado en sus vidas. El mejor legado no es el que éste deja a sus descendientes, sino la persona en la que les ayuda a convertirse.