El reloj cósmico de la tierra
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Todo lo que hemos construido, cada civilización, cada imperio, cada descubrimiento científico, cada guerra, existiría dentro de la fracción final de esos últimos segundos
Imagine por un momento que toda la historia de la Tierra, de 4 mil 600 millones de años, pudiéramos comprimirla en sólo 24 horas. En este reloj, una hora equivaldría a 192 millones de años, un minuto a 3.2 millones de años y cada segundo representa casi 53 mil años.
Y si quisiéramos en esas 24 horas presentar cada momento fundamental para este planeta, veríamos que apenas en el minuto 31, después del nacimiento de la Tierra, una colisión gigante daría origen a la Luna. A las 4:10 a. m. aparecería la primera vida simple en los océanos. A las 8:21 a. m., diminutas cianobacterias comenzarían la fotosíntesis. A las 11:29 a. m., el oxígeno iniciaría a llenar la atmósfera de la Tierra. A las 2:36 p. m., evolucionarían las primeras células complejas y a las 5:44 p. m., empezaría la vida multicelular.
Más tarde, a las 9:11 p. m., la explosión cámbrica colmaría los océanos con una increíble biodiversidad. Sólo 31 minutos después, a las 9:42 p. m., la vida daría sus primeros pasos sobre la tierra firme. A las 10:48 p. m. los dinosaurios dominarían el planeta, pero a las 11:39 p. m., un asteroide masivo lo cambiaría todo, poniendo fin a su reinado.
Con sólo dos minutos restantes antes de la medianoche, finalmente aparecerían nuestros primeros ancestros. Los humanos modernos no llegarían hasta las 11:59 p. m. con 54 segundos. En conclusión, si toda la historia de la Tierra durara sólo un día, la humanidad aparecería hasta los últimos 6 segundos.
Todo lo que hemos construido, cada civilización, cada imperio, cada descubrimiento científico, cada guerra, existiría dentro de la fracción final de esos últimos segundos. Aquí es donde recuerdo aquel texto del gran Carl Sagan, científico y divulgador que escribió sobre aquel “punto azul pálido”, ese donde, en sus palabras, “ha transcurrido y transcurre la vida de todas las personas a las que queremos, la gente que conocemos o de la que hemos oído hablar y, en definitiva, de todo aquel que ha existido. En ella conviven nuestra alegría y nuestro sufrimiento, miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas, cazadores y recolectores, héroes y cobardes, creadores y destructores de civilización, reyes y campesinos, jóvenes parejas de enamorados, madres y padres, esperanzadores infantes, inventores y exploradores, profesores de ética, políticos corruptos, superestrellas, ‘líderes supremos’, santos y pecadores de toda la historia de nuestra especie han vivido ahí.
“La Tierra constituye sólo una pequeña fase en medio de la vasta arena cósmica. Pensemos en los ríos de sangre derramada por tantos generales y emperadores con el único fin de convertirse, tras alcanzar el triunfo y la gloria, en dueños momentáneos de una fracción del puntito. Pensemos en las interminables crueldades infligidas por los habitantes de un rincón de ese píxel a los moradores de algún otro rincón, en tantos malentendidos, en la avidez por matarse unos a otros, en el fervor de sus odios.
“Nuestros posicionamientos, la importancia que nos autoatribuimos, nuestra errónea creencia de que ocupamos una posición privilegiada en el universo son puestos en tela de juicio por ese pequeño punto de pálida luz. Nuestro planeta no es más que una solitaria mota de polvo en la gran envoltura de la oscuridad cósmica. Y en nuestra oscuridad, en medio de esa inmensidad, no hay ningún indicio de que vaya a llegar ayuda de algún lugar capaz de salvarnos de nosotros mismos.
“La Tierra es el único mundo hasta hoy conocido que alberga vida. No existe otro lugar adonde pueda emigrar nuestra especie, al menos en un futuro próximo. Sí, es posible visitar otros mundos, pero no lo es establecernos en ellos. Nos guste o no, la Tierra es, por el momento, nuestro único hábitat.
“Se ha dicho en ocasiones que la astronomía es una experiencia humillante y que imprime carácter. Quizá no haya mejor demostración de la locura de la vanidad humana que esa imagen a distancia de nuestro minúsculo mundo. En mi opinión, subraya nuestra responsabilidad en cuanto a que debemos tratarnos mejor unos a otros, y preservar y amar nuestro punto azul pálido, el único hogar que conocemos”.
Yo terminaría comentando que si en sólo 6 segundos de este reloj imaginario los humanos le hemos hecho todas esas bestialidades a la Tierra, y cosas aún peores entre nosotros, ¿qué podemos esperar de los siguientes 6 segundos?