El salto del ciervo. ¿Por qué importa leerlo?
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Los poemas de Araceli Mancilla Zayas conforman un libro trémulo, vibrante y de una gran arquitectura lingüística
“Paladea lo que hay, Ciervo, esta noche
cuando te doy de comer nubes
a punto del relámpago”.
Araceli Mancilla Zayas
Los ciervos, esos seres con ojos de misericordia, gráciles y míticos, acostumbran elevarse hasta los tres metros de alto desde una posición de reposo y, si les es necesario avanzar al frente por un riesgo, el salto cubre una distancia que puede alcanzar los nueve metros.
Así ocurre con “La Casa del Ciervo”, de Araceli Mancilla Zayas, un libro de poemas que da el salto hacia otro idioma de la mano de su traductor Mark Statman y gracias al arropo de la casa editorial Aliform Publishing.
Pienso en la importancia que tiene en el editor Jay Miskowiec este libro de sutiles alturas literarias, considerando la actual tensión entre Estados Unidos y México, por supuesto ajena al campo de la literatura, pero que de algún modo la impacta. Se suma a esto el que la figura poética central sea el ciervo: un ser significativo en ese territorio de lagos y ciervos que es Minneapolis, donde Miskowiec nació y donde convergen, además del inglés y el español, idiomas como el polaco, el italiano o el francés, incluyendo lenguas nativas.
Y es desde el español, desde donde nace una historia que es un puente entre espíritus y que ahora, más que nunca –o como siempre–, es necesario que permanezca en este mundo humano, atravesado a veces por el desprecio a la diferencia lingüística.
El diálogo con la diferencia sería uno de los impulsos en Miskowiec, editor, traductor y escritor que apuesta por la visibilidad y la riqueza entre los idiomas. Así, su casa editora no sólo ofrece diccionarios bilingües o novelas, también, como hoy nos ocupa, da materialidad a los poemas de Mancilla Zayas –quien reside en Oaxaca– para interlocutores angloparlantes en una edición diseñada por Efraín Velasco.
Los poemas de Araceli Mancilla Zayas conforman un libro trémulo, vibrante y de una gran arquitectura lingüística, donde la fuerza del salto de un ciervo hacia el inglés no expulsa la belleza de sus versos libres, los cuales están sostenidos en un enorme lirismo.
Veamos algunos de los versos: “¿Entre dos inexistencias se crea lo que se nombra? / Los seres, al escuchar, producen los sonidos. / Los ojos, al mirar, crean el color. / La lengua bebe del viento y se sabe viva, real”. “Is it that only in living we name what we create? / We listen, yield to sound. / In seeing our eyes create color. / Our tongues drink the wind, it lets us know we’re real, alive”. Aquí el lirismo sugiere, dota de misterio a entidades que, junto al ciervo, activan un universo onírico en donde la poeta vive resguardada en las propias astas de ese ungulado con quien conversa: “Pero tú y yo sabemos lo que acecha, Ciervo. / Conoces ese rumor donde se revuelven las aguas”. “But you and I know what lurks, Ciervo. / You know that murmur where the waters stir”.
Hace un par de semanas, “The House of Ciervo”, publicado en marzo pasado, tuvo una lectura pública de la traducción de Mark Statman, con la presencia de la autora, en un evento celebrado en la librería Andrés Henestrosa de Oaxaca.
Este fruto extraño y luminoso se suma a los libros que me permiten embriagarme en este caótico mundo humano, y refiero aquí una cita de la filósofa española María Zambrano, que me parece dialoga con los versos de alta ensoñación de este libro: “La poesía es lo único rebelde ante la esperanza de la razón. La poesía es la embriaguez y sólo se embriaga el que está desesperado y no quiere dejar de estarlo”. Si anda usted, querido lector, por Oaxaca, acuda a la lectura en voz alta del libro, que se realizará el 9 de abril en el Museo de los Pintores Oaxaqueños.
El vocablo ciervo proviene del latín cervus, el cual a su vez deriva de la raíz indoeuropea erhwós, que significa cuerno o cabeza, y dio origen a términos como cerebro y también a cerveza, por el color de la misma.