El secreto de Winston Churchill (1874-1965)

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Opinión
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Escribió más de 40 libros, pintó cerca de 550 cuadros, dio alrededor de 2 mil 300 discursos, participó en tres guerras, detentó cargos públicos durante 65 años, incluyendo los de ministro de Defensa, Lord del Almirantazgo, Chancellor of the Exchequer y el de Primer Ministro, salvando a Inglaterra y al mundo de los nazis. ¿Cómo pudo lograr todo esto? Un día, el que llegaría a ser su biógrafo principal se lo preguntó, siendo ésta la respuesta: la conservación de la energía. “Nunca te pares cuando puedas estar sentado, y nunca te sientes cuando puedas estar acostado”. Otro inglés que sigue el mismo principio es Paul McCartney, pues en sus presentaciones no hace movimientos innecesarios, ni aspavientos, ni cambio de vestuarios.

Churchill —quien realizó su primer viaje a América en barco de vapor, y el último en un Boeing 707— logró el balance entre el trabajo duro y el descanso y pasatiempos reparadores, se guio por cuatro principios: 1.- Mantener altas las metas; 2.- Nunca doblegarse ante los errores o las críticas; 3.- No desgastarse en rencores; y 4.- Dar espacio a la diversión; have fun. Asimismo, fue de gran importancia en sus logros el haber mantenido a lo largo de su vida la disciplina y la rutina, ésta última es la gran ahorradora de la energía mental.

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Su día iniciaba a las ocho de la mañana con un baño de tina, seguían dos horas de lecturas, luego contestaba su correo, después a escribir hasta la hora de la comida, la cual hacía con su mujer, a quien en aras de la armonía conyugal, Churchill evitaba ver durante la mañana. Por cierto, él dijo que haber conquistado a Clementina, su esposa, fue su mayor logro.

Después de la comida daba una caminata por su casa de campo y alimentaba los peces, en seguida se sentaba en el porche y de ahí a la invariable siesta; de tres a cinco. Esta costumbre —y tal vez su gusto por los habanos—, la obtuvo durante su estancia en Cuba.

Al levantarse seguía un tiempo para la convivencia familiar, y a las ocho se servía una cena formal. Antes de dormir dedicaba otro espacio de tiempo a escribir.

El tema de la conservación de la energía iba en serio a tal grado que, durante la Segunda Guerra Mundial, siendo Primer Ministro, para ahorrar tiempo y energías, su esposa le confeccionó un traje especial; una especie de mameluco, con el que se podía dormir sin necesidad de perder tiempo en cambios de ropa. Gustaba del champagne, de la buena comida, sin faltar desde luego los huevos con tocino, pan tostado, café y mermelada; el típico desayuno inglés.

Hubo un tiempo, en la década de los 1930’s, cuando su carrera política registró un revés, que lo dedicó a leer, y una de esas lecturas fue “Mi Lucha”, el libro que escribió Hitler, en el que Churchill aprendió la forma de pensar del dictador, lo que fue de gran utilidad, y que lo llevó a dar siempre la batalla a los nazis sin componendas. Sin embargo, al finalizar la guerra, el electorado inglés echó a Churchill del poder, debiendo abandonar Downing Street 10, pese a que fue el héroe que salvó a un país y quizás a la civilización.

Además de su hobby por la pintura, aprendió a colocar ladrillos para levantar muros, actividades que le permitían canalizar el estrés. ¿Cómo desfoga Claudia las presiones? En el siglo XIX Inglaterra contó con dos grandes primeros ministros; unos auténticos estadistas: Benjamin Disraeli y William Gladstone; conservador el primero y liberal el segundo; ambos al encabezar las grandes reformas, políticas, sociales y económicas, evitaron que la revolución llegase a su país.

Churchill pudo conjuntar la habilidad mental, la fuerza espiritual y un cuerpo fuerte, factores que hicieron posible que se convirtiera en un estadista mundial, ejemplo para nuestro tiempo, donde abundan los políticos que sólo piensan en ganar la próxima elección, sin alzar la mira hacia el horizonte, como las águilas reales.

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