El síntoma urbano
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“Las ciudades tienen la capacidad de proporcionar
algo para todo el mundo, sólo porque, y sólo cuando,
se crean para todo el mundo”.
Jane Jacobs
Según su etimología, síntoma, en su sentido literal y original, significa “lo que cae junto” o aquello que “acaece en conjunto con otra cosa”. Los antiguos médicos griegos utilizaban este término para señalar un hecho fortuito que acompañaba a una enfermedad. El concepto pasó al latín como symptōma y, de ahí, al español como una señal o manifestación de un mal.
Según una investigación realizada por Jesús Peña y publicada en el suplemento Semanario de este medio informativo, en Saltillo se han registrado un total de 1,321 reportes relacionados con personas lesionadas por caídas en banquetas solamente en el Centro Histórico. En este sentido, la Ley de Transporte y Movilidad Sustentable para el Estado de Coahuila establece, en su artículo 195, fracción VII, el derecho de los peatones a transitar por aceras incluyentes, libres de obstáculos, iluminadas, sin desniveles y uniformes, entre otras características. Además, la Constitución Política de nuestro país reconoce el derecho de toda persona a la movilidad en condiciones de seguridad vial, accesibilidad, eficiencia, sostenibilidad, calidad, inclusión e igualdad.
La tesis principal del reportaje es clara: no existe un conocimiento suficiente de la pirámide de movilidad y tampoco se están haciendo los esfuerzos necesarios para salvaguardar al peatón en nuestra ciudad.
El polígono amplio del Centro Histórico que incluye la delimitación actual otorga a la infraestructura destinada a la movilidad peatonal una dimensión distinta, porque en ella convergen el mantenimiento urbano, la accesibilidad, el patrimonio y la responsabilidad privada. Es importante señalar que no es lo mismo reparar una banqueta que conservar una banqueta histórica.
En Saltillo no existe un dato o inventario público completo que permita saber cuáles y cuántas banquetas del Centro Histórico necesitan reparación. Sin embargo, tampoco hace falta demasiado para reconocer el problema: basta caminar unas cuantas calles para encontrar tapas de registro de Aguas de Saltillo inexistentes, registros de CFE hundidos, pozos, rampas que brillan por su ausencia, banquetas rotas, concreto levantado, huellas podotáctiles levantadas, bolardos dañados o, simplemente, ausencia de banqueta.
La ciudad invierte sistemáticamente millones de pesos en mantener la superficie por donde circulan los automóviles, mientras que las banquetas y las áreas destinadas a los peatones reciben mucha menos atención. La calle, además, se mantiene como una red; la banqueta, en cambio, se atiende, con suerte, como una suma de fragmentos cuando también debería entenderse como una red continua de movilidad peatonal.
Por otro lado, se anunció que está por concluir la primera fase de Distrito Vaquero en las recientemente renovadas instalaciones de la Expo Coahuila, cuya inversión supera los 200 millones de pesos distribuidos en diversas partidas. Un espacio que, además, tendrá costo de entrada y en el que los eventos especiales implicarán tarifas que pueden variar entre los 500 y los 4 mil pesos por persona en zonas VIP.
Conrado Romo señala que el espacio, en nuestra época, tiende a asumirse como una simple magnitud aritmética. Yo agregaría: también monetaria; de gasto, de presupuesto y de retorno de inversión. Bajo esta lógica, el espacio se convierte en moneda de cambio y objeto de deseo. En Saltillo, algunas de nuestras experiencias urbanas cotidianas comienzan a convertirse en síntomas de abandono, segregación, exclusión y descuido, aunque no para todos ni en todos los espacios por igual. Las prioridades quedan expuestas precisamente en ese contraste. Conservar nuestra identidad no implica solamente construir escenarios y fachadas, implica respetar a las personas, sus derechos y el derecho que tenemos todos a una ciudad digna.