El Xibalbá de las elecciones intermedias

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Opinión
/ 28 abril 2026

Los candidatos de los distintos partidos, que veremos hasta en la sopa del 5 de mayo al 3 de junio, deberán pasar por las pruebas impuestas por los señores que rigen ese inframundo

El Xibalbá, o “lugar del miedo”, “es el inframundo maya, un reino subterráneo descrito en el Popol Vuh como un espacio sombrío regido por dioses de la enfermedad y la muerte”.

Los candidatos de los distintos partidos, que veremos hasta en la sopa del 5 de mayo al 3 de junio, deberán pasar por las pruebas impuestas por los señores que rigen ese inframundo, para atormentar y castigar sus almas en su transitar por las seis casas del Xibalbá.

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Todos pasaron por la Casa Oscura y de los Cuchillos, en cuyo interior había tinieblas y silencios, pero también navajas cortantes y afiladas encajadas en el piso. En ese momento, abrazados a un cirio pascual de grandes dimensiones, no hablaban ni se movían un milímetro, aunque sus adversarios, atrapados en el mismo cuarto, lloraron, gimieron y crujieron sus dientes por haberse enterrado las dagas aceradas e hirientes en sus cuerpos o en sus pies.

En ese momento, todos desconocían si serían ungidos desde las alturas celestiales, o no, para ser titulares, suplentes o plurinominales de una candidatura diputadil. Por ello, dentro de su insomnio y sudoración nocturna, sentían un viento gélido e insoportable que soplaba en su interior, propio de la tercera Casa del Frío.

Con excepción de dos personajes, el resto salió de esas casas como candidato de mayoría, suplente o plurinominal. Solos, los morenistas Alberto Hurtado y Antonio Attolini, sin dormir, sudando y con vahídos propios de una andropausia temprana, esperan noticias sobre su futuro, abrazados a su respectivo –enorme– cirio pascual.

La razón es sencilla: tienen poca o ninguna oportunidad de ganar sus correspondientes distritos como titulares frente a los candidatos del PRI, y la normativa de su propio partido les impide ser reelegidos de manera consecutiva como diputados plurinominales.

Hoy su única esperanza consiste en dos vías: una, ir como candidato de mayoría en su distrito –sabiendo que será derrotado– y aparecer como suplente en un distrito diferente, con la esperanza de emular al inolvidable “Juanito” y llegar al Congreso por esa vía. Aunque habría que preguntarles a los titulares Fernando Hernández y Eduardo Hernández si estarían dispuestos a ceder su puesto a tan pintorescos personajes. Y dos, ser considerados para una diputación federal en 2027.

Antes de fenecer, víctima de su propia soberbia y altanería, Luisa María Alcalde, entonces presidenta de Morena, pretendió meter a Beto y Toño a la socorrida tómbola, puntal de la democracia interna partidista de Morena y relevante contribución académica al desarrollo democrático del orbe. Sin embargo, sus compañeros de partido y sus adversarios del PRI y del PAN ya tienen lista la impugnación contra Beto y Toño para llevarla a las instancias electorales correspondientes.

Los ahora candidatos, de mayoría, suplentes y plurinominales, entran a la Casa de los Jaguares o proceso electoral, donde los gruñidos, arañazos, zarpazos, mordidas y gritos, que mezclan susto, enojo, pánico y mentadas de madre, serán el pan de cada día; claro, con un marketing visualmente atractivo.

Durante ese proceso electoral, estarán los medios de comunicación y redes sociales en la sexta casa, la de los Murciélagos, chillando, gritando y revoloteando por doquier; mirando desde distintas ópticas la lucha por el poder a través de su “sistema de sonar biológico que emite sonidos de alta frecuencia (ultrasonidos) por la boca o la nariz”.

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Terminadas las elecciones, los diputados locales serán parte del Congreso Local y formarán parte del último recinto de Xibalbá: la Casa del Calor, donde sólo hay brasas y llamas. Sin embargo, el Oficial Mayor del Congreso entregará a cada diputado un par de botas de bombero, “resistentes al fuego, con membranas impermeables y suelas ignífugas”, y un par de calzado de seguridad con “suela de cerámica que no conduce calor”, para evitar que ninguno de ellos, ni por equivocación, sienta la ardiente presión ciudadana y mediática para legislar por el bien común, que aparece en el Xibalbá como Camazotz, “una especie de murciélago infernal, con garras en las alas y unas impresionantes mandíbulas capaces de destrozar a todos aquellos que se atreviesen a enfrentarse a él”. En teoría, por lo pronto.

Este es el Xibalbá de nuestros candidatos a las diputaciones locales. También es el nuestro.

Columna: Panóptico

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