Ellos están mal, pero acepto su derecho de vivir a su manera. Ésta y otras mentiras que nos contamos a diario

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Opinión
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Me topé con una expresión en inglés que me provocó un rato de contemplación sobre nuestra relación con otras personas que están con condiciones de vida muy diferentes a las nuestras. Decimos, “I feel for them.” Tiene varios posibles significados. “Los entiendo.” “Me pongo en su lugar.” “Los compadezco.” Yo agregaría, “Me dan pena”, y, “Me siento mal por ellos”. Lo que más me cuestioné es que en general aplicamos el término “empatía” a algo que tal vez no llega a empatía real.

La empatía es la capacidad de percibir, comprender y compartir los sentimientos, pensamientos y experiencias de otra persona, colocándose provisionalmente en su lugar sin perder la propia identidad. Dentro de la conversación en que surgió la expresión, seguido de, “Soy una persona empática”, me doy cuenta de que en muchos casos no es así sino sucede que dentro de la mente estamos viendo al otro desde una perspectiva de “pobrecito, está mal”. Lo que provoca esta confusión, creo, tiene que ver con la información que tenemos, o no tenemos, sobre la situación del otro.

Les ofrezco un ejemplo. Hace años una maestra mía nos contó que había ido con un grupo de personas a una comunidad indígena en un lugar apartado. Llevaban cosas que esa comunidad no tenía con la intención de ayudarles a que su vida fuera más cómoda. Entre tantísimas cosas, llevaban toallas sanitarias, un artículo que para nosotras es de primera necesidad. Cuál fue la sorpresa del grupo al ver que las mujeres de la comunidad buscaron la manera de ponerse las toallas en las plantas de los pies. La necesidad que yo veo en el otro no es necesariamente su necesidad. Y, de manera similar, el error que veo en el otro, el defecto o bien la situación indeseable, no le afecta al otro, en muchas ocasiones, de la manera en que yo pienso que le afecta.

Antes de lanzarnos a dictaminar la vida de alguien más, creo que informarnos lo suficiente es de vital importancia. “Es que ellos están mal”, no es suficiente razón. Si algo está mal para mí, es válido que así sea. No es válido que yo intente cambiar al otro a mi manera de ver.

Nacida en Detroit, MI el 25 de mayo de 1956. Residente de Saltillo desde 1974. Maestra y traductora por necesidad. Psicoterapeuta, empresaria, poeta, actriz y administradora de Foro Amapola porque la vida es dinámica. Madre de 4, abuela de 5. En 18 años de formación como psicoterapeuta ha hecho especialidades que incluyen terapia psico-corporal y Gestalt. Idealista insistente y ser humano en constante movimiento.

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