La torre del terror en el INE
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La descomposición de los ánimos empezó con el cambio de chapas en las puertas más viejas de madera. Pasaron a llenarlas de sistemas digitales con códigos y huellas
De pronto, un día cambió el ambiente. De ser una oficina, sí cargada de política y jaloneos, pero con civilidad laboral medianamente sana, el Instituto Nacional Electoral (INE) se convirtió en una pesadilla para los empleados de cepa, para esa gente que llevaba años de carrera sin importar quién estuviera al frente: los Lorenzos, los Ugaldes, los Woldenbergs.
Ese día fue el 4 de abril, cuando Guadalupe Taddei llegó a tomar las riendas del INE, auspiciada por Morena, aunque hoy lo nieguen. La descomposición de los ánimos empezó con el cambio de chapas en las puertas más viejas de madera. Pasaron a llenarlas de sistemas digitales con códigos y huellas.
De pronto, la agenda de los principales funcionarios dejó de ser pública. Nadie podía saber dónde estaban, principalmente la consejera presidenta Guadalupe Taddei. Ahora entienden por qué. Quizá en alguna casa particular celebrando más contratos, quizá en el privado de alguna tienda totalmente de lujo, quizá en su oficina recibiendo a distribuidores de joyas como los más ricos de este país. Sólo quizá.
A eso se sumó el hostigamiento contra quienes no eran de los suyos para orillarlos a renunciar. O incluso a los suyos, pero que ya se habían salido del huacal.
De pronto, llegó diciembre del año pasado. Los trabajadores se fueron a sus casas de vacaciones y, al regresar, el INE ya parecía Big Brother. Lleno de cámaras con micrófonos. Una investigación de la colega Aurora Zepeda en Excélsior reveló que el proyecto abarcó más de 40 instalaciones del instituto, pero el comité de transparencia decidió reservar el contrato argumentando cuestiones de seguridad nacional. El INE de Taddei siempre sostuvo que la función de audio estaría desactivada, aunque internamente nadie lo creyó y el ambiente se hizo más tenso. A eso hay que sumar la instalación de torniquetes con tarjetas para acceder, cuando antes era una oficina completamente abierta.
Hoy, con la caída de Taddei y de los suyos, los torniquetes dejaron de funcionar. Los empleados están escépticos de la versión de que cámaras y micrófonos están desactivados, pero tienen una sensación de que se hizo justicia. El ambiente está más liviano en el edificio A de las consejerías. Esperan que la ola pronto llegue al B de la sala del Consejo y de la prensa. Al C de Capacitación y Dirección Jurídica. Y el D de transparencia y comunicación.
STENT
Esta semana, desde la presidencia provisional del INE llamaron a Sergio Uzeta, coordinador de comunicación. Ya le pidieron que no se presente en sesiones de Consejo. Lo contrastante es que luego, el viernes, dio un discurso diciendo que Blanca Cruz estaba contenta con el trabajo del área. Ya veremos si no es el siguiente en salir con sus cosas en una caja.