Quienes cuidan también tienen derechos. Un vistazo a la dignidad humana del personal de la salud

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Una persona no pierde su derecho al descanso por haber elegido salvar vidas, ni renuncia a condiciones laborales dignas por haber decidido profesionalmente cuidar de los demás

Cuando pensamos en el derecho a la salud, generalmente lo asociamos con quienes acuden a un hospital, necesitan una consulta, un medicamento, una cirugía o algún tratamiento. Pensamos en los pacientes y en la obligación del Estado de garantizarles atención médica oportuna, suficiente y de calidad. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en quienes hacen posible que esos servicios funcionen: las médicas, los médicos, el personal de enfermería y todas las personas que integran el sistema de salud.

En julio de 2022 publiqué en este mismo espacio una columna sobre los derechos humanos de las y los estudiantes de medicina. En ella relaté un poco sobre el arduo camino que deben recorrer para obtener una especialidad que les “permita tener un mejor futuro”. Guardias de más de 36 horas sin dormir y/o comer de forma digna, humillaciones y maltratos normalizados bajo la idea de que las personas médicas deben tener carácter fuerte y otra serie de situaciones que, en el transcurso de su carrera, ponen en riesgo el efectivo goce de sus derechos humanos.

La ONU frente al espejo en su cumpleaños 81

A más de cuatro años de la publicación de esa columna, sería deseable que las condiciones en el sistema de salud y educativo hubieran mejorado. Aunque hubo una luz en el camino con la publicación de la NOM-001-SSA-2023 sobre la organización y funcionamiento de residencias en establecimientos para la atención médica, que establece un máximo de dos guardias por semana, con intervalos de al menos tres días entre ellas, la existencia de una disposición jurídica no significa, por sí misma, que sus objetivos se hayan materializado. En enero y julio de 2025, respectivamente, reportes de diversos medios de comunicación dieron cuenta de denuncias y testimonios sobre la persistencia de jornadas extenuantes y condiciones contrarias a las que se busca garantizar mediante la regulación.

La realidad es que las guardias solamente representan la punta del iceberg en lo que concierne a la vulneración de derechos de quienes forman parte del sistema de salud. El desabasto de medicamentos e insumos para hacer curaciones y para llevar a cabo operaciones, sumado a las inconformidades relacionadas con las condiciones salariales y la falta de personal, tanto médico como administrativo, han generado una ola de protestas pacíficas en distintas partes del país.

No se trata de hechos aislados que deban observarse únicamente como conflictos administrativos o laborales; son manifestaciones de un problema que debe analizarse desde una perspectiva de derechos humanos, porque las condiciones en las que trabaja el personal sanitario involucran derechos como la salud, el descanso, la integridad personal, el trabajo digno y la seguridad en el trabajo.

En este sentido, valdría la pena dar un paso hacia atrás y recordar las obligaciones estatales en materia de derechos humanos que se consagran en nuestra Constitución y en los tratados internacionales en materia de derechos humanos, es decir, proteger, promover, respetar y garantizar los derechos humanos de todas las personas. Dicho de otra forma, el Estado debe garantizar que quienes integran el sistema de salud puedan ejercer plenamente sus derechos, no solamente como una condición necesaria para prestar servicios médicos adecuados, sino como una exigencia derivada de su propia dignidad humana.

Así pues, tenemos que dejar de pensar en la vocación médica como una obligación de sacrificio; es decir, no puede justificarse que una persona se mantenga 36 horas sin dormir y trabajando en condiciones precarias sólo por considerar que esa es la naturaleza de la carrera y que quienes aspiren a dedicarse a esta profesión saben exactamente por lo que tienen que pasar para ser “buenos profesionales de la medicina”.

Médicos residentes, con jornadas laborales de 120 horas consecutivas; los esclavos de la salud

Una persona no pierde su derecho al descanso por haber elegido salvar vidas, ni renuncia a condiciones laborales dignas por haber decidido profesionalmente cuidar de los demás. Antes de ser profesionales de la medicina, especialistas, residentes o personal de enfermería, son seres humanos que necesitan descansar, alimentarse, recibir una remuneración justa, contar con condiciones laborales dignas y desarrollar sus actividades en espacios seguros. Su formación profesional y su vocación de servicio no los despojan de sus derechos humanos ni justifican que deban renunciar a ellos para cumplir con su trabajo.

Me gustaría agradecer al alumnado de la materia de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos de la Licenciatura AIDH, porque las ideas que se expresaron en clase sobre esta problemática, justo en el marco del Día del Médico y de la Médica, inspiraron esta columna. Es grato darnos cuenta de que se están formando profesionalmente jóvenes comprometidos con los derechos humanos y que son sensibles a las necesidades de todas las personas, siempre con la convicción de propiciar una sociedad más justa, libre y solidaria.

El autor es auxiliar de investigación en el Centro de Estudios Constitucionales y Comparados de la Academia Interamericana de Derechos Humanos

Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM