Entre el vano y el macizo

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Opinión
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“El vano y el macizo”, decía un profesor en la universidad donde estudiábamos los volúmenes y la luz, la pátina del tiempo y la arquitectura emocional de Luis Barragán. Macario Aguirre (+), arquitecto, me enseñó a sentir el espacio en todas sus dimensiones, a él le debo mi amor por aquello intangible que envuelve al objeto arquitectónico. El arquitecto Macario nos hacía calcar los planos de la casa Gilardi de Luis Barragán, pero también los de la disposición en planta de las pirámides de Montealbán; para él, el ejercicio de la copia era una forma de introspección al conocimiento del espacio en la planta arquitectónica o de conjunto, de soltar la mano, de entender las circulaciones y la razón de ser de un programa de necesidades resuelto de determinada manera.

En la década de los setenta, en nuestro país, como en muchos otros lugares del mundo, comenzaron a percibirse las formas arquitectónicas de otra manera: la masividad, la introducción de planos oblicuos, la pérdida de la simetría y la incorporación de la estética del brutalismo. Esto implicó el uso del concreto con acabado aparente y fuertes texturas dando lugar a una nueva idea de intimidad.

Conceptos como masividad y tectonicidad reflejan una arquitectura impresionante, robusta, pesada, espectacular y expresiva, donde el material era visible: honesto; porque el diseño se gesta desde una idea en la mente del arquitecto y no solamente resuelve necesidades físicas, sino también la forma y lo que esta contiene, esto se debe a que somos seres en búsqueda de belleza y permanencia.

A finales de mayo de este año, se cumplió el centenario del nacimiento de Teodoro González de León y no pude evitar recordar esos días sentada en el restirador, ante aquellas masas de piedra del cerro de las Mitras como testigos de mi paso por la licenciatura. Curiosamente, hoy trabajo en un edificio creado por él y, en diciembre pasado, tuve la fortuna de coincidir con el libro: Teodoro González de León. Obra reunida=Collected works. Edición bilingüe (Fondo de Cultura Económica, 2016), el cual compendia sus obras donde justamente, en su portada, se ve el boceto a mano alzada del edificio en el que hoy me encuentro: la Facultad de Artes Plásticas, situada en Ciudad Universitaria y que pertenece a la Universidad Autónoma de Coahuila.

Teodoro González de León no solamente ejercía el oficio de arquitecto; también fue escultor y pintor, tal vez por esta afinidad con las artes es que llevaba a cabo edificios de escala monumental y escultórica, reiterando que la belleza y la permanencia son parte fundamental de nuestro ser, más allá de la funcionalidad. Monumental, contundente y portentosa, su arquitectura transformó el paisaje de nuestras ciudades y redefinió la relación entre la masa construida y el espacio público.

En Coahuila, se encuentran dos edificios creados por arquitectos de esta época y de esta talla: la Infoteca Central de Camporredondo, en Saltillo, diseñada por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez e inaugurada en 1996, y Ciudad Universitaria en Arteaga, Coahuila, del arquitecto Teodoro González de León: un conjunto de edificios con el mismo lenguaje arquitectónico y espacial emplazados en una traza que ordena el caos, se vuelve atemporal, se inserta en las faldas de la Sierra de Arteaga y dan espacio a la vida estudiantil desde el 2011.

En la práctica de la arquitectura, el edificio está destinado a ser habitado y habitable, lo que implica una interacción con el usuario desde una casa hasta un complejo universitario o urbano. Esta interacción se rige por el tiempo, lo cual deviene en apropiación e identidad; en memoria construida. Los edificios que nos rodean y que forman parte de nuestro patrimonio son los elementos visuales y materiales que conforman nuestro imaginario colectivo. Esta dialéctica entre el espacio vacío y la masividad de un edificio es complementaria y a la vez taxativa, la materialidad de un edificio de estas características está determinada también por su volumetría, más allá de la intención utilitaria del espacio, se encuentra esta relación innegable que encuentra una correspondencia precisa entre la luz y la oscuridad, entre el material y la luz, entre la oquedad y la solidez, entre el objeto y quien lo habita. En esta relación perfecta de proporción es que se encuentra el arte.

Ciudad Universitaria, construida en la segunda mitad del siglo XX, cuenta con este patrimonio moderno donde la plástica urbana como eje rector de la obra de González de León, adquirió también naturaleza de obra de arte emplazada en las faldas de la Sierra Madre Oriental que es necesario valorar, reconocer y preservar.

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Argelia Isabel Dávila del Bosque es doctora en Arquitectura y Urbanismo por la UAdeC, grado que obtuvo con Mención Honorífica en 2024 y con el Premio a la Mejor Tesis Doctoral en 2025. Desde 2020 es profesora investigadora con perfil PRODEP en la Facultad de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera, donde fundó y coordinó el programa de posgrado acreditado ante el Sistema Nacional de Posgrados de SECIHTI.

Su trabajo enlaza investigación académica y creación artística. Fue becaria del PECDA Coahuila en 2012 en el área de patrimonio y, en 2021, en la categoría de creadora con trayectoria. Coordinó Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, libro que obtuvo el primer lugar nacional en publicación editorial en 2023. En 2025 publicó Hybris Vernacular, obra que también recibió el primer lugar nacional de diseño en la categoría de publicaciones. Como periodista cultural, ganó el Premio Armando Fuentes Aguirre “Catón” en su 23ª emisión, categoría Prensa. Además coordina la plataforma In Signia, dedicada al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad de Saltillo. Colaboradora en revistas de divulgación nacionales y regionales, es evaluadora de artículos científicos, proyectos artísticos y programas de posgrado. También se desempeña como analista, gestora y asesora en reglamentación urbana. Sus líneas de investigación se centran en el patrimonio, los imaginarios urbanos y los emblemas simbólicos, así como en la concepción, circulación y consumo de la imagen y su papel en la construcción de la cultura.

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