Europa debe afrontar el mundo por sí sola
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La OTAN sigue siendo indispensable para la seguridad del continente, aunque será mucho más débil sin la participación de la principal superpotencia mundial
Por Joschka Fischer, Project Syndicate.
BERLÍN- A medida que Estados Unidos se retira de Europa bajo la segunda administración del presidente Donald Trump, no solo está reduciendo su presencia militar y poniendo en duda sus garantías de seguridad, sino que también está renunciando a su liderazgo de facto (aunque nunca declarado formalmente) del Occidente geopolítico. Esto significa que Estados Unidos está dejando de lado el papel de liderazgo político que ha ejercido en Europa Occidental desde 1945, y en Europa en su conjunto desde 1990.
La consecuencia obvia es que Europa se quedará sola, abandonada a su suerte para resolver por sí misma sus problemas y retos geopolíticos. Sin embargo, ejercer su propio liderazgo geopolítico no es algo que Europa haya hecho desde principios del siglo XX. Por lo tanto, sus esfuerzos por estar a la altura de las circunstancias merecen una atención especial.
«Europa» no significa únicamente la Unión Europea. La UE desempeña, sin duda, un papel central en los asuntos económicos, al sustentar un mercado común y una unión aduanera, una moneda y un banco central compartidos, un marco jurídico y normativo supranacional y, sobre todo, unas sólidas relaciones comerciales exteriores. Pero la OTAN, incluso solo en su dimensión europea y canadiense, también sigue siendo indispensable para la seguridad del continente, aunque será mucho más débil sin la participación de la principal superpotencia mundial.
Sin embargo, sigue planteándose una gran pregunta: ¿quién se supone que debe liderar esta entidad frágil y políticamente inconclusa? Ninguna potencia europea por sí sola dispone de los medios para hacerlo. Ninguna tiene la envergadura necesaria en términos de territorio y población, solidez financiera o potencial tecnológico y económico.
Además, para una gobernanza eficaz se requieren otros dos factores intangibles: una larga tradición histórica de liderazgo regional y una población ampliamente comprometida con el proyecto europeo. Tal y como están las cosas, solo se puede decir que Francia y Alemania cumplen estos requisitos. La mayoría de los demás Estados miembros podrían cumplir uno de ellos, pero no ambos. Sin la asociación franco-alemana, la idea del liderazgo europeo está condenada al fracaso desde el principio.
Pero la retirada de Estados Unidos de Europa plantea un reto particular para Alemania, especialmente en el contexto del actual refuerzo militar y del fortalecimiento de las fuerzas neonacionalistas en toda Europa, incluida la propia Alemania. Durante décadas, la presencia militar estadounidense tranquilizó a muchos europeos, entre ellos a los antiguos adversarios de Alemania durante la guerra, que temían un resurgimiento del poder alemán. Este factor también estará ausente en el futuro, lo que exigirá a Alemania mostrar una sensibilidad aún mayor hacia su propia historia. Liderar sin dominar significará encontrar un delicado equilibrio.
El progreso de Europa siempre ha estado impulsado por iniciativas conjuntas, la mayoría de las cuales fueron desarrolladas por Francia y Alemania. Bajo la presión de la agresión rusa, que ha alcanzado su máxima expresión en la guerra en curso contra Ucrania, y de una Administración estadounidense cada vez más hostil, la prioridad inmediata es crear una Unión Europea de Defensa. Sin embargo, dada esta necesidad y el papel indispensable del liderazgo franco-alemán para satisfacerla, el fracaso del proyecto conjunto franco-alemán del Sistema Aéreo de Combate del Futuro (FCAS) debería tratarse como un incendio de máxima gravedad. Si ese fracaso es un anticipo de lo que está por venir, Europa ya está condenada.
A menudo se dice que la competencia es buena para los negocios. Sin embargo, en el contexto de la relación franco-alemana, esto solo es cierto si la competencia se asienta sobre una base sólida de confianza mutua. De lo contrario, puede convertirse con demasiada facilidad en algo mutuamente destructivo. Dado el actual entorno geopolítico y estratégico, eso es lo último que Europa puede permitirse.
Por desgracia, ahora contamos con gobiernos políticamente débiles a ambos lados del Rin. Al presidente francés, Emmanuel Macron, solo le queda aproximadamente un año en el cargo, tras el cual Francia bien podría elegir a un euroescéptico de extrema derecha del partido Agrupación Nacional de Marine Le Pen. Y nadie puede afirmar con certeza cuánto tiempo permanecerá en el cargo el canciller alemán Friedrich Merz, dados los pésimos índices de popularidad de su Gobierno y los indicadores económicos de Alemania, igualmente preocupantes.
Sin embargo, este es precisamente el momento en el que Europa necesita un liderazgo fuerte tanto en París como en Berlín. Se necesitarán políticos ambiciosos, lúcidos, proactivos y con conciencia cívica para poner en marcha y mantener las iniciativas que este momento exige, empezando por una unión de defensa.
Los europeos llevamos más de 80 años en paz. Pero a estas alturas ya deberíamos haber aprendido que la historia puede ser cruel e implacable. Esta vez nadie vendrá a rescatarnos. Tendremos que salvarnos nosotros mismos. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Joschka Fischer, ministro de Asuntos Exteriores y vicecanciller de Alemania entre 1998 y 2005, fue líder del Partido Verde alemán durante casi 20 años.