Fisura del régimen obradorista

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Opinión
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Quienes ven una ruptura entre los duros o radicales de Morena y los moderados encabezados por la presidenta Sheinbaum se equivocan rotundamente. No es una diferencia de carácter ideológico, sino política

Es conocido que el problema del obradorismo no es la oposición. Tampoco lo amenazan los militares, la Iglesia o los ricos; no, todo eso, ni junto, plantea un reto mayor. La causa profunda de las dificultades del régimen tiene que ver con la impunidad. Nunca se pensó que, desde el exterior, la connivencia de la política con el crimen se convirtiera en una dificultad mayor.

La adicción del obradorismo al dinero en efectivo viene de origen. Ya en el gobierno se potenció más allá de lo pensable, como se advierte de los cuantiosos dineros provenientes del contrabando de combustible. Lo marginal del financiamiento se volvió sustantivo a partir de la elección intermedia de 2021; fue una decisión procesada desde la más elevada oficina porque era consecuente con el origen.

https://vanguardia.com.mx/opinion/impunidad-e-impudicia-PN22948214

Bajo esta lectura, el último capítulo de Rubén Rocha Moya tiene un sentido distinto al que muchos suscriben. Quienes ven una ruptura entre los duros o radicales de Morena y los moderados encabezados por la presidenta Sheinbaum se equivocan rotundamente. No es una diferencia de carácter ideológico, sino política. Más aún, no hay disputa por el liderazgo del proyecto político. La diferencia y las tensiones resultan de una visión distinta sobre la manera de mantener y reproducir al régimen.

Quienes conocen de cerca a los dos personajes tienen claro que el radicalismo ideológico no proviene del líder fundador, sino de la sucesora. Los duros lo son porque están atrincherados en el poder a toda costa: es un tema de intereses, no de ideas.

López Obrador tiene la convicción de que, ante la embestida judicial de Estados Unidos, tiene que doblar la apuesta y confrontar con todo, como lo hizo hace décadas en la toma de los pozos petroleros, en la escenografía de cajas que documentaban las trampas del PRI en su elección de gobernador, después en el desafuero y el plantón por el resultado de los comicios de 2006. La carta de él y del hijo se enmarca en esta pulsión del caudillo. En su imaginario se trata del interés del poderoso, del orden.

El regreso de Rocha Moya ratifica esta dinámica, producto de tres avisos ominosos: el comprometedor testimonio del general Gerardo Mérida, el retiro de la visa del hijo y el entendimiento entre la DEA y Omar García Harfuch. La respuesta del expresidente pretendió ser impuesta a la presidenta Sheinbaum, a quien se le advierte sitiada por colaboradores afines al enemigo –García Harfuch, el general secretario Trevilla, Roberto Velasco y Marcelo Ebrard–, al tiempo que debe preocuparle el deterioro de su capacidad para proteger al régimen de la amenaza que plantean al país las exigencias judiciales del gobierno norteamericano.

La Presidenta acepta, como lo ha demostrado, que su prioridad es el régimen político. El problema es que el abandono de la institucionalidad la expone en muchos frentes. La salida de Rocha Moya del gobierno de Sinaloa debió acompañarse de la recomposición del poder político en el estado. Ocurrió justamente lo contrario: el gobernador continuó al mando sin la investidura y ahora la designación de Graciela Domínguez es la continuidad del mismo proyecto político. Sin embargo, lo relevante es quién quedará de candidato.

https://vanguardia.com.mx/opinion/apoyar-a-la-presidenta-aunque-no-lo-entienda-MH23062781

La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, es baja. La Presidenta reconoció, sin pudor, que se enteró por las benditas redes sociales. No sólo no hay responsable de la política interna, sino tampoco sentido de seguridad nacional, porque la instancia responsable, el Centro Nacional de Inteligencia, ahora está en la seguridad pública. Todo el asunto pudo haberse evitado con una llamada oportuna. No fue así y Sheinbaum tuvo que recurrir al aparato político para salvar su autoridad, dejando al descubierto la fisura que viene, no de Palacio Nacional, sino de Palenque o donde se encuentre AMLO.

La cuestión es que el problema de fondo persiste y se agrava. La presidenta Sheinbaum rescata autoridad frente a los suyos, no frente al país y menos ante el gobierno norteamericano, que habrá de insistir en el proceso contra los políticos coludidos con el crimen y que apuntan al pasado inmediato. Las pruebas se acumulan igual que las delaciones. La exigencia habrá de mantenerse. La apuesta al tiempo nada resuelve y todo agrava.

En el orden de las cosas, parece que la presidenta Sheinbaum dará prioridad a la continuidad del régimen obradorista, a su modo y bajo su autoridad. La duda estaría en la manera como López Obrador procesará la amenaza que viene.

Licenciado en Derecho Facultad de Jurisprudencia UAC. Maestría y Estudios de Doctorado en Gobierno por la Universidad de Essex, Inglaterra.

Ha sido Catedrático en el ITAM; en el ITESM; en el CIDE; y en la Universidad Anáhuac.

En 1997 a 2000 titular de la Asesoría Política en la Presidencia del doctor Ernesto Zedillo.

Desde 2005 director general del Gabinete de Comunicación Estratégica

Columnista Juego de Espejos en Milenio Diario, Bloomberg-El Financiero y en SDP Noticias, Código Libre y en la Revista Peninsular. Coautor de varios textos en materia electoral y estudios históricos.

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