Coahuila: la anomalía electoral

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Opinión
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Morena cuenta con una base electoral considerable, pero el apoyo a su marca nacional no equivale a organización territorial ni a cohesión interna

¿Bastará la popularidad de Claudia Sheinbaum para llevar a Morena a la gubernatura de Coahuila en 2029? ¿O las condiciones del estado volverán a frenar su avance?

Con 2.45 por ciento del electorado nacional, Coahuila tiene un peso relativamente pequeño. Su valor simbólico, sin embargo, es considerable: conquistar la gubernatura significaría poner fin a una continuidad política que, desde los antecedentes del PRI, cumpliría un siglo en 2029. Pero ¿tendrá la cúpula morenista interés suficiente para asumir el costo?

https://vanguardia.com.mx/opinion/la-fuerza-electoral-de-morena-MH23421638

La seguridad podría ser su principal obstáculo. Cuanto más atribuya la ciudadanía la tranquilidad al gobierno estatal, mayor será el temor a que una alternancia la deteriore. Y si la cooperación federal ya ofrece beneficios sin cambiar al partido gobernante, el incentivo para votar por Morena será menor.

Durante la 37.ª Cabalgata de Sabinas, Manolo Jiménez apareció sonriente, junto a su yegua Nubecita, y afirmó que la seguridad permite realizar estos encuentros. Su declaración condensó uno de los argumentos más poderosos de su gobierno: la tranquilidad hace posible recuperar la convivencia y disfrutar del espacio público.

Coahuila obtuvo el primer lugar nacional en percepción de seguridad: el 71.5 por ciento de la población se siente segura y el 27.8 por ciento percibe inseguridad, la proporción más baja del país. También encabezó la seguridad percibida por las mujeres (ENVIPE-INEGI, 2026).

La violencia letal ofrece otra medida. Las estadísticas de defunciones por homicidio del Inegi, publicadas en 2025, muestran que Coahuila pasó de mil 160 casos en 2012 a 120 en 2024: una disminución cercana al 90 por ciento.

Estos resultados dimensionan el modelo impulsado por Rubén Moreira, apuntalado por Miguel Riquelme y fortalecido por Jiménez. La continuidad institucional, la coordinación federal y los recursos para cuarteles, arcos de seguridad, vehículos y equipamiento constituyen una fuente central de legitimidad del gobierno estatal.

La narrativa oficial refuerza esa legitimidad al atribuir a las autoridades locales la conducción del modelo. Transmite, además, un mensaje electoral: no hace falta votar por Morena para contar con el respaldo del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional.

El argumento puede encontrar eco entre quienes temen que la alternancia ponga en riesgo su seguridad personal, familiar y patrimonial. La memoria de los años más violentos sigue presente. También pesa el contraste con la inseguridad en entidades gobernadas por Morena como Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Sonora o Zacatecas, por ejemplo.

La experiencia del terror en Coahuila dejó cicatrices colectivas aún abiertas. Para una gran parte del electorado, el temor a perder la tranquilidad puede pesar más que las insatisfacciones con sus autoridades y el deseo de alternancia.

Otra particularidad es el voto diferenciado. Un ciudadano puede valorar los programas federales y preferir continuidad en seguridad y administración municipal: votar por Morena en una boleta y por el PRI en otra.

Esta diferenciación encuentra respaldo en el trabajo del gobernador, los alcaldes priistas y una estructura partidista con presencia territorial en los 38 municipios del estado. La elección de junio de 2026 mostró esa fortaleza: la coalición PRI-UDC ganó los 16 distritos de mayoría relativa.

Jiménez podría ampliar esa base mediante una coalición de empresarios y ciudadanos alrededor de la seguridad, inversión y empleo. Si esos beneficios son reconocidos, su respaldo podría trascender la estructura priista.

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Morena cuenta con una base electoral considerable, pero el apoyo a su marca nacional no equivale a organización territorial ni a cohesión interna. Sus divisiones y dificultades para acordar candidaturas son proverbiales. Hoy no tienen un candidato capaz de unificar a sus grupos e inspirar confianza para preservar la seguridad pública en Coahuila.

Seguridad, memoria del miedo, voto diferenciado y organización territorial podrían mantener a Coahuila como una anomalía: el respaldo federal a Morena no se traduciría en una victoria estatal.

La ventaja no está garantizada; podría erosionarse si regresa la inseguridad, se deteriora la economía o si una mala decisión sucesoria por parte del gobernador fractura al gobierno estatal. El riesgo para la continuidad priista podría surgir desde dentro. ¡Cuidado!

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