García Lorca y Rodolfo Valentino, in memoriam
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El mismo día en el que se conmemoraron 90 años del natalicio del actor, director y productor hollywoodense Robert Redford, se cumplieron también nueve décadas del asesinato del poeta y dramaturgo español Federico García Lorca.
Fue el 18 de agosto de 1936 (aunque algunas fuentes señalan fue al día siguiente, 19 de agosto) cuando el autor de obras clásicas del teatro español —que incluso han sido llevadas al cine tanto por grandes cineastas también españoles como Carlos Saura (“Bodas de sangre”, en 1981) o mexicanos como Gustavo Alatriste ( “La casa de Bernarda Alba” , en 1982), entre otras más—, fue fusilado contando con 38 años de edad en el camino entre Viznar y Alfacar, en Granada, al inicio de la guerra civil de aquel país para sentar un precedente por parte del régimen franquista por simpatizar con el bando republicano a pesar de no ser un militante político activo.
Con un acercamiento a otros artistas españoles sobresalientes del siglo XX como Luis Buñuel y Salvador Dalí, en la década de los 20 en la Residencia de Estudiantes de Madrid y que es la base de la película “Little Ashes”(Paul Morrison, 2008), donde el actor Robert Pattinson interpreta a Dalí y se sugiere incluso que hubo una relación amorosa entre el pintor surrealista y Lorca. La homosexualidad de este último, conocida en los círculos de la época, fue otro estigma despectivo utilizado por los sectores fascistas que tomaron el control de Granada para justificar su asesinato, crimen de odio que recrean los Javis en la ganadora en Cannes “La bola negra” (2026).
Y ya que hablamos de aniversarios luctuosos, así como de artistas relacionados al Séptimo Arte que desde su trinchera fueron símbolos de diversidad sexual, el domingo 23 se cumplieron 100 años de la muerte a los 31 años de edad por la perforación de una úlcera gástrica y una peritonitis del italiano Rodolfo Alfonso Rafaello Pierre Filibert Guglielmi di Valentina d´Antonguolla, mejor conocido como el primer “Latin Lover” del cine, Rodolfo Valentino, quien precisamente en los años 20s se hizo la gran estrella de la Meca del Cine que fue gracias a títulos como “El Sheik” (George Melford, 1921) y “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” (Rex Ingram, 1921), entre otras más.
A pesar de haber contraído matrimonio dos veces, sus visitas desinhibidas a antros gays de la época dieron pie a que surgieran múltiples rumores de su orientación sexual, y a pesar de que su corta filmografía solo la conforman siete títulos, su estatus de estrella del cine silente fue el primero que causó con su fallecimiento conmoción mundial propiciando un gran duelo en la ciudad de Nueva York de alrededor de 100 mil asistentes, aunque irónicamente al momento de morir estaba muy endeudado y sus herederos no pudieron pagar un terreno para enterrarlo, por lo que su amiga June Mathis se ofreció a que lo enterraran en el suyo, donde permanece a la fecha.
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