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Opinión
/ 5 febrero 2025

Solo a los verdaderos constitucionalistas les resulta celebratorio. Nuestra carta magna, de 1917, no queda de ella nada. Tal vez solo el espíritu visionario e ingenuo

Solo a los verdaderos constitucionalistas les resulta celebratorio. Nuestra carta magna, de 1917, no queda de ella nada. Tal vez solo el espíritu visionario e ingenuo.

México inundado en sangre. De la lucha revolucionaria. Con apenas el 2% de personas con la capacidad de leer y escribir. País partido en dos. El norte demasiado alejado. En el sueño bandolero de Doroteo Arango.

Centro y Sur, agrarista. Tierra y Libertad de Emiliano Zapata.

Ambos héroes, además de muchos de los generales, resultaron ejecutados por los mismos mensajeros de paz.

No alcanzaron a ver serenado al país. Tampoco el globo terráqueo. Combinada la revolución bolchevique en Rusia. El estertor de la primera gran guerra mundial.

Nuestros brillantes y libertarios representantes trataron de hacer segundo a la carta magna de los franceses.

México rural y poco poblado en las zonas citadinas. Atrasada como colonia del porfirismo. Se vendió la mitad del territorio nacional a los Estados Unidos de América. Desde Antonio López de Santana la vulnerabilidad.

Llego la modernidad. La revolución industrial. Motores de combustión interna. Cinematógrafo. Daguerrotipos. Telégrafo y teléfono solo en las zonas urbanas. El tren llega a los confines del juglar.

Los periódicos chismosean en favor de quienes pagan los anuncios disfrazados como información.

Constitución promulgada el 5 de febrero de 1917. Recuerdo de buenas intenciones. Tan modificada. Monstruosamente a favor de los regímenes sexenales. fantasmagórica y sumisa. Bailarina de tiples y fichera. Nada la detiene. Maquillada para destornillarse de la risa.

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Morelense de cepa Regiomontana. LCC con especialidad periodismo (UANL). Doctor en Artes y Humanidades (I.C.A.H.M.). Tránsfuga de la mesa de redacción en diferentes periódicos como El Diario de Monterrey, Tribuna de Monterrey, y del grupo Reforma en el matutino Metro y vespertino El Sol. Escort de rockeros, cumbiamberos, vallenatos y aprendices al mundo de la farándula. Asiste o asistía regularmente a conciertos, salas de baile, lupanares, premieres, partidos de fútbol y hasta al culto dominical. Le teme al cosmos, al SAT, a la vejez y a la escasez de bebidas etílicas. Practica con regularidad el ghosting. Autor de varios libros de crónica como Hemisferio de las Estaciones, Crónicas Perdidas, Montehell, Turista del Apocalipsis, Monterrey Pop, Prêt-à-porter: crónicas a la medida y Perros ladrando a la luna en Monterrey

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