Hablemos de Dios 261: Jesús fue tan humano como nosotros
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Tenga usted en este 2026, el mejor año de su vida. En este espacio editorial y de mi parte si hay buenos deseos. Es decir, vamos iniciando un año, un nuevo ciclo se abre a la vida, a su vida estimado lector y deseo que sea un gran año para usted y para mí. En este espacio no hay lugar para medias tintas, paños tibios o dudas, absolutamente no; si usted cree en Dios en su hijo Jesucristo y usted es buen lector de la Biblia, ese libro de libros, pues entonces usted está del otro lado: del lado bueno de la vida.
¿Yo? Su servidor sigue siendo un hombre de fe, pero todo rebelde y como siempre, predicando una fe rota, pero al fin fe. Por eso busco a Dios, por eso de esta sección no mía sino suya, hablar de Dios, hablemos de Dios. hablar de Dios siempre.
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De nueva cuenta iniciamos con mi muletilla la cual firmo una vez más: agradezco de corazón, palabra y pensamiento que usted me lea cada semana y que me haga todo tipo de comentarios. Eso e todo. Lo conté el año pasado y lo repito para contextualizar de nuevo esta tirada de ensayos los cuales si mal no recuerdo, llevamos alrededor de cinco a seis. Un amigo, un lector, un pastor el cual me comenta mucho estas letras donde trato, tratamos de otear, entender y escudriñar a Dios y su hijo, Jesucristo (de ser su hijo, digamos) y mínimamente tratar de entender eso llamado Biblia (libro de libros), me comentó lo siguiente: en texto pretérito: le gustó mucho mi perfil somero y aleatorio sobre Jesús, el carpintero, el cual cambió al mundo entero. Me dijo me faltan más letras al respecto. Sin duda. Pero también me alertó sobre lo siguiente.
Es inconmensurable hablar sobre Dios y sobre Jesucristo. Es decir, traté de hablar de Jesús desde una perspectiva humana y terrena. Voy de acuerdo, pero mi amigo el pastor el cual me hace favor de leerme, me dijo que semejante hombre/Dios, acepta un perfil psicológico, de carácter; explorar su hondura humana, laboral, de amistad e incluso, al avanzar y ser audaces, escudriñar su perfil amoroso y de amistad con la gente la cual lo rodeó en su momento. Caray, sin duda.
Escribir mínimamente un perfil psicológico, Caramba, sin duda y sin problema. Eso estoy justo tratando de realizar al día de hoy. Usted lo sabe: Jesucristo fue perseguido, criticado en su momento, tentado por humanos y demonios, fue traicionado por sus amigos y discípulos, fue condenado al cadalso sin un buen juicio legal y equitativo... fue crucificado. Si a usted le pasara todo lo anterior ¿cómo reaccionaría? ¿Qué haría, cómo sería su forma de proceder psicológicamente, su carácter cambiaría, usted gritaría, maldeciría, estimado lector?
Cosa no menor. Ahora bien y a vuela pluma, si usted es católico como yo (bueno, también soy cristiano, lo he platicado y publicado muchas veces. Conmigo las etiquetas no van), la iconografía religiosa de los mejores artistas del mundo en su momento, por lo general retratan a Jesucristo en su suplicio, en su cárcel de dolor eterno, pero... ¿Fue feliz? ¿Fue un hombre feliz en la tierra como cualquier humano? Ojo, es una arista psicológica. Dura de abordar. El problema es lo anterior que dije: todo mundo lo recordamos bien fregado, clavado en una cruz y sin esperanza de curarle sus heridas.
ESQUINA-BAJAN
¿Recuerda usted lo siguiente? Dice Juan el evangelista: “... para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa.” (Juan 15:11). Si usted lee la Biblia y la repasa, don Jesús el carpintero iba a festejos, bodas, tuvo invitaciones a comer a casas de todo mundo, el tipo era bueno para la comida y la bebida (Lucas 7:34, por ejemplo), se divertía; en resumen, fue feliz. ¿Usted es feliz, cómo recuerda entonces al maestro Jesucristo: todo mancillado o feliz y alegre?
¿Un perfil psicológico? Sin duda y sin problema. A Jesucristo se le puede explorar desde muy diversas formas, aristas y situaciones. Fue humano, lo repito, nadie lo duda. Y como humano... lloró, estuvo triste o lo que hoy dicen, estuvo deprimido. Estaba atiriciado en algunos momentos. Caramba, pues era y fue humano. ¿Usted llora como yo o como el maestro que cambió el eje de la tierra? Hágalo. Es bueno.
Estoy a vuela pluma, a rienda suelta en mis cuadernos escribiendo estas torpes notas y a rienda suelta recuerdo dos episodios donde Jesús lloró a moco tendido: cuando murió su amigo Lázaro (lo cuenta Juan en 11:35) y recuerdo igual, cuando el gran maestro entró triunfalmente en Jerusalén (Lucas 19:41). ¿Lo notó verdad? Lloró de tristeza y congoja; luego lloró de felicidad y alegría. Ojo. Como cualquier humano.
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Ahora bien, le hablo someramente de ello, llora. Como el ir al retrete o emborracharse, pero el llorar es una experiencia profunda, siempre personal, tanto interna como externa; llorar puede ser de aflicción, un abatimiento demencial o un dolor sin fin cuando se va un ser querido. ¿Lo vuelve a nota? No es tan fácil hablar de las características todas de Jesús a su paso por la tierra. Era humano, tan humano como usted, señor lector, que lloró y sufrió no pocas veces. Pero también fue feliz.
LETRAS MINÚSCULAS
Sin duda, mi estimado lector, éste será el mejor año de su vida y la mía. Así sea. Vamos a continuar tratando de escribir un perfil psicológico de Jesús. Cosa imposible para mí. Pero vamos, pues.