Hablemos de Dios 270: ¿Qué es comer puro o impuro?

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Opinión
/ 13 marzo 2026

Hablemos claro lector: ¿Qué es comer puro o impuro? ¿Hay mujer pura o impura? ¿Hay animales puros o impuros? ¿Hacer el amor con la mujer amada en su periodo de menstruación es puro o impuro? La infanta Caperucita, la roja, púber ella, con su menstruación a cuestas ¿era pura o impura y por qué se la merendó el fiero lobo? ¿Por qué la bella infanta usó una caperuza, un gorro rojo y no uno verde, amarillo o gris? Pues por eso, estaba pasando de la infancia a la edad adulta y estaba menstruando.

No se me asuste lector, esto y no otra es la simbología y los mensajes ocultos en los “cuentos de hadas y bellas historias” de los Hermanos Grimm o Charles Perrualt los cuales usted lee y ve descafeinados por obra y gracia del imperio de... Walt Disney. A la ingenua infanta de la caperuza roja la violó y se la merendó el fiero y libidinoso lobo por eso, la identificó por su olor y la simbología del color. De paso, también se merendó a la demacrada abuela. No hay final feliz. Bueno sí, hay varias versiones donde un leñador llega y mata al astuto lobo y rescata de su panza a la abuela y a la inocente niña. En fin. La gente normal ama los finales felices... lo cual en el mundo real pocas veces ocurren. ¿O usted es todos los días feliz?

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Avanzamos: ¿qué es lo más puro o impuro que usted ha comido? Como dice la filósofa de la canción, la bella colombiana de las caderas redondas, doña Shakira en una de sus tontas y buenas tonadas: “Siempre supe que es mejor, cuando hay que hablar de dos, empezar por uno mismo...” Entonces inicio por mí mismo: he comido carne de serpiente, carne de venado, carne de pájaros; he comido insectos, he comido carne de bisonte. ¿Hierbas? No soy rumiante, no soy cabra pues, pero he comido todo tipo de yerbajos que me han acercado, no me late, pero las como sólo por eso: explorar.

¿Lo más extravagante en mi vida? En Catemaco, Veracruz, un grupo de escritores que fuimos de vagos, pedimos algo penado legalmente: un mono, un mico en mole en su cazuela de barro. ¿Lo probé? Sí, claro que sí, pero visualmente cuando lo trajeron a la mesa era impresionante. Nunca más. Pero ese día al menos su servidor aprendió eso, hay animales muy cercanos al humano (los micos) y caray, es casi imposible comerlos o disfrutarlos. Pero todo eso se ha perdido aquí en este México brutal y bestial por los cárteles de criminales los cuales como rito iniciático para aceptar a la juventud perdida los hacen comer... carne humana.

Vuelvo hablar por mí mismo, como siempre, nadie se sienta aludido. Me gusta y harto una carne de un animal impuro, un animal cochino según la Biblia, un animal asqueroso, despreciable... sí, el puerco, el cerdo, el “cochi” en Chiapas y en Michoacán, donde he probado las mejores carnitas de mi vida: un manjar de dioses. ¿Usted lee y cree en la Biblia? ¿Usted ha probado la carne de puerco alguna vez? Pues entonces usted ya se jodió. Usted ya es letra muerta y jamás va a entrar en el reino de Dios y en su cielo y paraíso tan prometido. Usted ya pecó al probar semejante manjar.

ESQUINA-BAJAN

No pocos escritores han abordado lo anterior, es decir, ante la mala fama de los puercos, de los cerdos, los repugnantes animales (¿Si Dios los creó, hay algo repugnante a él? Ojo. Entonces no es Dios, así de sencillo), nosotros los humanos, los patéticos humanos y como siempre, al haber inventado a Dios, tenemos que reinventar su creación, tenemos que rescatar del abandono a semejante y bello animal, un cerdo, el cual sabe a gloria, seamos francos. Lea usted al gran José Emilio Pacheco en uno de sus memorables versos:

“Cerdo ante Dios...

Hermano cerdo, hubiera dicho san Francisco.

Y ahora es el tajo y gotear de la sangre.

Y soy un niño y me pregunto:

¿Dios creó a los cerdos para ser devorados?...”

En la poesía del bardo y narrador José Emilio Pacheco aprendemos que un cerdo (como muchos animales que pueblan su obra), un despreciable puerco, de ser una figura simbólica pasa de un plumazo a ser una figura moral de alto impacto lo cual nos hace reflexionar y filosofar. No poca cosa.

¿Usted ha probado carne de pato, de ganso, de pelicano? Le tengo malas noticias estimado lector: usted no va a entrar en el reino de Dios ni en su paraíso (lo que eso signifique hoy, usted lo sabe a mí ni fu ni fa) por haber comido pato, ganso, pelicano y este tipo de aves acuáticas. O terrestres. Es decir, este tipo de ¿aves, mamíferos, pájaros...? Caray, no soy zoólogo, me hace falta mucha cultura y conocimiento, puf.

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Lea usted Levítico y Deuteronomio milimétricamente para que se entere de lo anterior: al comer carne de pato, usted ya pecó. Lo que eso signifique, insisto. Cuando tengo visita en la Ciudad de México y tiempo y un peso de más, enderezo mis pasos al mítico “Barrio Chino”, literal zona de guerra, donde uno puede perder la vida, pero donde esos códigos de guerra funcionan a la perfección: a uno nadie lo toca por un motivo: uno va a disfrutar y alabar y halagar eso: la amistad, la gastronomía, la confianza. Aquí he probado el mejor pato a la naranja y siempre. Un plato de dioses: todo bañado con bebidas orientales de alto octanaje. Ya luego pido mis digestivos: una buena mesada de “Campari” directos y a la panza.

LETRAS MINÚSCULAS

“Y estas (aves) son de las que no comeréis: el águila, el azor, y el esmerejón...” Deuteronomio 14:12. Sin duda, jamás voy a ir al paraíso, ja.

Nació en Saltillo, Coahuila, el 1 de marzo de 1965. Periodista y poeta. Escribe la columna Contraesquina

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