Hablemos de Dios 293: la visión de Fernando Savater
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Hay autores a los cuales hay que leer y releer. Uno de ellos es el ibérico Fernando Savater. En apetencia y apariencia sencillo y fácil, sus textos son inconmensurables. Sus ideas raspan y duelen. Lo dejan a uno con la mente en ebullición. Debo de tener la mayoría de su obra, pero no toda. Le conocí en su momento en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara ¿Dónde más? Me trató con galanura y donaire. Tengo un libro firmado por el filósofo, pero ¿dónde está en mi biblioteca caótica?
Y precisamente buscando dos datos los cuales no recuerdo de memoria, aunque si la idea seminal, me puse a releer dos libros de su vasta obra: “Los siete pecados capitales” y “Los diez mandamientos en el siglo XXI”. Ambos, una verdadera aplanadora de pensamiento. De dos citas textuales las cuales necesito para un texto en proceso, ya encontré una. Me falta la otra, puf. Pero ha sido un deleite como siempre. Es decir, no la meta, sino el viaje.
Y al deleitarme con este par de libros, me he detenido en subrayar y de nuevo, aquellos pasajes, letras, ideas seminales las cuales ahora, me han movido harto. Es decir, he subrayado los pasajes sobre Dios, Jesucristo, la religión en general los cuales aquí se repiten harto. Y vaya, don Fernando Savater sabe de lo qué habla.
Aunque desconfía y es un escéptico de las religiones en general, para la redacción de este par de libros, entrevistó a un hermano judío, a un cristiano, a un musulmán y vaya, se nutrió de todo su bagaje intelectual y filosófico (en su momento, fue el primero en traducir y hablar con el rumano E. M. Cioràn, puf) para salir avante de este par de libros y encomiendas las cuales fueron también, un producto televisivo de alto impacto.
Por esta ocasión y a reserva de glosar lo mejor posible los dos anteriores libros deletreados, van algunos fragmentos los cuales se explican por sí mismo. Pero, remito al lector a leerlos completos. Es de obligación abordarlos, subrayarlos y hacerlos nuestros en nuestra sesera. Vale.
“Según los expertos católicos, sin el conocimiento de Dios no se puede reconocer con claridad el pecado, y se siente la tentación de explicarlo únicamente como un defecto de crecimiento, como una debilidad psicológica, un error, la consecuencia necesaria de una estructura social inadecuada... para ellos, sólo en el conocimiento del designio de Dios sobre el hombre se comprende que el pecado es un abuso de la libertad que Dios da a las personas creadas.”
Lo anterior es harto reflexivo, porque al menos para mí, para este escritor, es la mejor y peor tragedia para la humanidad: la libertad. Dios nos hizo libres, tan libres que lo podemos negar y siempre. Y en esta libertad está nuestra penitencia y pecado capital. ¿Qué hacer con semejante regalo divino? Pues sí, no pocas veces elegimos lo contrario... esclavizarnos. A eso, los siete pecados capitales los cuales están más vivos que nunca en diversas variantes y modificaciones modernas.
ESQUINA-BAJAN
Y algo lo cual una y otra vez le he repetido aquí en la voz de poetas, escritores, filósofos y científicos, nosotros hemos creado a Dios con la palabra, cosa y atributo divino. Si nosotros hablamos, pues necesario y obligado haber creado a Dios a nuestra imagen y semejanza. No al revés. Lea usted un párrafo demoledor de Savater.
“Como considero que las leyes religiosas son convenciones creadas por los hombres y no el resultado de órdenes divinas que no se pueden modificar, no importa la antigüedad que tengan las imposiciones, pueden cambiarse y ser anuladas por un nuevo acuerdo entre individuos.” Sin duda. Caray. Vasos comunicantes. Lea usted ahora a Yuval Noah Harari: “La mayoría de los sistemas legales en el mundo hoy en día se basan en la creencia de los derechos humanos. ¿Pero, ¿qué son los derechos humanos?..., como Dios y el cielo, son una historia que nos hemos inventado. No son una realidad objetiva. No son un dato biológico sobre el homo sapiens. Toma a un ser humano, corta y ábrelo, mira dentro; encontrarás el corazón, los riñones, las neuronas, las hormonas y el ADN. Pero no encontrarás ningún derecho. El único sitio donde encontrarás derechos será en las historias que hemos inventado y extendido...”
¿Lo nota? Nosotros y nada más nosotros y por el divino tesoro de la palabra oral y luego escrita, nos hemos inventado un Dios y todos sus reglamentos. ¿Para qué? Pues para más o menos tener orden y concierto en esta selva de violencia la cual igual, nosotros y nadie más hemos creado.
Usted sabe lo siguiente en voz de un hermano musulmán entrevistado por Savater, Omar Abboud: “Pero el más grave (pecado) es el que llamamos ‘shirk’, que quiere decir ‘asociación’, intentar reunirse con Dios en el hecho creador. Hasta imaginarse una forma de Dios puede ser considerado un hecho pecaminoso”. ¿Y nosotros los tristes católicos que tenemos tantas imágenes de Dios, incluyendo su infancia, como bebé, el famoso “niño Dios”, cómo tomar entonces lo anterior, quién tiene razón?
LETRAS MINÚSCULAS
Los libros de Fernando Savater, todos, nos hacen reflexionar. Le repito las fichas de hoy: “Los siete pecados capitales” y “Los diez mandamientos en el siglo XXI”.