¿Hasta qué punto son seguras las acciones tecnológicas estrella de hoy en día?

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Opinión
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La oferta pública inicial de Nippon Telegraph and Telephone (NTT) en febrero de 1987 eclipsa a la de SpaceX

Por Barry Eichengreen, Project Syndicate.

DARTMOUTH- Las preguntas sobre las implicaciones financieras de las nuevas tecnologías radicales, la inteligencia artificial, los viajes espaciales y sus infraestructuras asociadas, por citar algunas, han dado lugar a un auténtico aluvión de analogías. ¿Se trata de una repetición del auge ferroviario de la década de 1870, que acabó en desastre en la de 1880? ¿Una repetición del auge de la electrificación de la década de 1890, que se desarrolló sin contratiempos pero tardó tres décadas en completarse?

Ninguna analogía es perfecta. Ni deberíamos buscarla: las ideas más valiosas suelen derivarse tanto de las diferencias entre los precedentes y el caso que se está analizando como de sus similitudes.

En ese sentido, un caso especialmente pertinente es la oferta pública inicial (OPI) de Nippon Telegraph and Telephone (NTT) en febrero de 1987. En términos de impacto financiero, la OPI de NTT eclipsó a la de SpaceX, ya que supuso entre el 7 % y el 10 % de la capitalización bursátil japonesa existente en aquel momento (dependiendo de lo que se contabilice), frente al 2.5 % de la capitalización bursátil actual de EE. UU. que representa la de SpaceX. ¡Toma ya, Elon Musk! Incluso si se suman las próximas salidas a bolsa de OpenAI y Anthropic, la huella de la oferta de NTT de finales de los años 80 sigue siendo abrumadoramente grande.

Sin embargo, los mercados bursátiles japoneses asimilaron la salida a bolsa de NTT sin el más mínimo contratiempo. No solo se cumplieron las expectativas iniciales de precio, sino que las acciones de NTT subieron con fuerza a partir de ahí, duplicando su valor en los dos primeros meses de cotización.

Una de las razones del entusiasmo de los inversores fue que NTT era la empresa dominante en el sector de las telecomunicaciones japonés. Simbolizaba la transformación del país de una potencia industrial a una sociedad de la información. Monopolizaba de hecho las redes de telecomunicaciones, la transmisión de datos y la conectividad digital. Se la consideraba no solo una fuente de rentas de monopolio, sino también una apuesta por la tecnología de la información en general. Aunque los faxes y los módems de marcación telefónica pasaran de moda, la empresa estaba bien posicionada para sacar partido de lo que vendría después.

También existía presión para que los inversores institucionales se hicieran con acciones de NTT. Al igual que hoy en día los gestores de fondos indexados se ven obligados a comprar acciones de SpaceX cuando la empresa se incluye en los índices que deben replicar, los bancos y las aseguradoras japonesas se veían obligadas a comprar acciones de NTT o, de lo contrario, se las consideraría como una apuesta en contra de la sociedad de la información japonesa. Y, dado el peso de NTT en el Nikkei, eso significaba apostar en contra del mercado bursátil japonés y de la economía japonesa en general. En un entorno en el que se castigaba a los gestores por pérdidas notables y solo se les recompensaba moderadamente por las apuestas acertadas, las posiciones contrarias se adoptaban asumiendo riesgos tanto personales como institucionales.

Las acciones de NTT se beneficiaron también de un entorno macroeconómico y financiero favorable. El crecimiento económico se había ralentizado con respecto al «período milagroso» del tercer cuarto del siglo XX, pero Japón seguía siendo considerado un competidor formidable. Había pasado menos de una década desde la publicación del best-seller del sociólogo de Harvard Ezra Vogel, *Japan as Number One* (Japón como número uno), un título que aún no se consideraba irónico. El índice Nikkei subió un 14 % en 1985 y un asombroso 43 % en 1986. El Banco de Japón redujo a la mitad su tipo de interés oficial, del 5 % a principios de 1984 a solo el 2.5 % a principios de 1987, lo que llevó a los inversores a buscar alternativas a los bonos del Estado japonés.

Ahora sabemos que el entusiasmo de los inversores era desmesurado. El Banco de Japón comenzó a subir los tipos de interés en mayo de 1989, en un intento por frenar los excesos financieros. El Nikkei alcanzó su máximo en diciembre, y a partir de ahí todo fue cuesta abajo. Cabe destacar, sin embargo, que las acciones de NTT ya habían alcanzado su máximo en abril de 1987. En abril de 1988 ya habían bajado un 25 %, y en abril de 1989 habían caído otro 37 %. En la década de los noventa, las acciones de NTT se mantuvieron en torno a entre un tercio y la mitad de su valoración durante la época de la burbuja.

Lo irónico fue que NTT obtuvo buenos resultados durante este periodo. En la década de los noventa, continuó expandiéndose hacia nuevas formas de telecomunicaciones y servicios de datos. Pero su modelo de negocio requería una mayor intensidad de capital de lo que habían supuesto los inversores, que imaginaban tecnologías digitales «desmaterializadas».

Además, con el tiempo, la empresa se enfrentó a una nueva competencia. La telefonía móvil redujo las barreras de entrada al eliminar la necesidad de que las empresas de telecomunicaciones poseyeran toda la «pila digital» (tanto la infraestructura física como la tecnológica). Por lo tanto, un rendimiento positivo en materia de productividad no se tradujo automáticamente en una rentabilidad excepcional. Y las acciones de NTT se habían valorado como si todo fuera perfecto.

Esto tiene varias implicaciones destacadas para la actualidad. En primer lugar, un contexto macroeconómico y financiero favorable puede respaldar la confianza de los inversores durante un tiempo, pero ese contexto puede cambiar bruscamente, al igual que la confianza. Esta observación resulta oportuna hoy en día, teniendo en cuenta que la Reserva Federal se dispone a subir los tipos de interés.

En segundo lugar, los factores institucionales, como la necesidad de que los gestores de fondos sigan los índices bursátiles, pueden reforzar el impulso del mercado. Pero ese impulso va en ambas direcciones: puede perpetuar las subidas del precio de las acciones, pero también reforzar las caídas una vez que estas se han iniciado.

En tercer lugar, el dominio tecnológico y de mercado no es eterno. A medida que la tecnología sigue evolucionando, un pionero puede enfrentarse a una competencia que reduzca los beneficios y la rentabilidad para los inversores de una forma incompatible con las elevadas valoraciones bursátiles.

Una vez más, ninguna analogía es perfecta. Pero esto no resta valor a su función como señales de alerta. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Barry Eichengreen, catedrático de Economía y Ciencias Políticas en la Universidad de California, Berkeley, es autor, entre otras obras, de *Money Beyond Borders: Global Currencies From Croesus to Crypto* (Princeton University Press, 2026).

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