¿Hay quien se preocupe más por el dinero que los pobres?
Hoy podemos saber que los millonarios viven tan preocupados por el futuro de su fortuna como usted y yo lo estamos por nuestro porvenir, pero sin dinero
¿Cuánto dinero es suficiente? Oxfam, organización no gubernamental de origen británico, realizó en el 2016 un estudio sobre el total de multimillonarios en el mundo. En esa categoría incluyeron sólo a personas con recursos superiores a los 50 millones de dólares; los resultados son escalofriantes: 128 mil individuos, apenas el 0.1 por ciento de los más de 7,500 millones de habitantes de este planeta, tienen más de 50 millones de dólares.
Pero Oxfam fue más allá y definió un término que suena hasta grotesco: “riqueza extrema”, un grupo en el que, para ingresar, es necesario tener un patrimonio superior a los mil millones de dólares. Según el estudio, los ricos en esta condición sumaron apenas 92; sí, 92 personas en todo el mundo tienen más dinero que la mitad más pobre de todo el planeta.
¿Pero este dinero les da tranquilidad? ¿Son más felices que usted y yo? Un proyecto de investigación que lleva el nombre de “Las alegrías y dilemas de la riqueza”, a cargo del Centro de Bienestar y Filantropía de Boston, reveló información tan sorprendente como absurda, pues muestra a los multimillonarios como seres humanos infelices, deprimidos e insatisfechos.
El estudio, que encuestó a 165 hombres, se centró principalmente en los dilemas y en entender por qué son seres insatisfechos. El resultado de esta investigación asegura que los participantes piensan que su dinero, más que darles tranquilidad, les produce ansiedad. De hecho, y aunque usted no lo crea, la mayoría todavía no se considera financieramente segura, pues para eso, dicen, requerirían, en promedio, una cuarta parte más de la riqueza que poseen.
Incluso uno de los entrevistados, heredero de una enorme fortuna, declaró: “No me sentí seguro financieramente hasta que tuve mil millones de dólares en el banco”. Con muchos años de anticipación acertó el filósofo alemán Arthur Schopenhauer cuando, en su libro “El Arte de ser Feliz”, escribió: “La riqueza se parece al agua de mar; cuanto más bebemos, tanto más sedientos nos sentimos”.
Inverosímil, pero hoy podemos saber que los millonarios tienen dilemas y problemas similares a los del resto del mundo, y que viven tan preocupados por el futuro de su fortuna como usted y yo lo estamos por nuestro porvenir, pero sin dinero.
Angustiados, los millonarios se hacen dos preguntas: ¿tengo el capital suficiente para no quebrar? y ¿estoy educando bien a mis hijos? Su mayor inquietud son sus hijos, su formación y borrar en ellos la idea de que el dinero resuelve la vida, pues lo único que logró la riqueza fue, precisamente, lo contrario: arruinársela.
Los multimillonarios, dice el psicólogo Robert A. Kenny, uno de los coordinadores del estudio, “se preocupan por perderlo, se preocupan por cómo invertirlo o por las repercusiones de tenerlo. A medida que se incrementan los ceros, crecen los dilemas”.
Se sienten aislados, e incluso la riqueza llega a hacer a algunos tan infelices como la pobreza a los marginados. Los lujos se convierten en una necesidad y, a veces, en una incomodidad, llegando a creer que la gente se acerca a ellos por su dinero y, en muchas ocasiones, tienen razón: existen personas dedicadas a agradarles y a convertirse en sus bufones. Los ejemplos locales abundan; usted sólo ponga nombres y apellidos, tanto de los aduladores como de los millonarios que los contratan.
Los sujetos motivo del estudio reflejaron su preocupación real de que en ellos y sus familias se confirme algo que ha sido estudiado a detalle: el 70 por ciento de los grandes patrimonios no pasa jamás de una tercera generación, pues aquello que sólo se pudo alcanzar con grandes esfuerzos, limitaciones y mucho trabajo se pierde en el lapso de una generación.
Si la fortuna es producto del esfuerzo personal, quien la posee muestra un gran nivel de confianza; pero si ha sido heredada, buena parte de los sucesores son dominados por sus demonios y se deprimen buscando, sin éxito, alcanzar la gloria y el reconocimiento que alguna vez tuvieron sus padres o abuelos.
Es extraño, pero en lo personal y, al contrario de lo que sostenía Oscar Wilde, creo que existe sólo una clase de personas que se preocupan más por el dinero que los pobres: los ricos.