IA y Proteccionismo: Las dos caras de la moneda económica global para este año
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México sigue rezagado frente a la dinámica de sus socios norteamericanos y enfrentando el reto del fenómeno del nearshoring
El inicio de este 2026 nos sitúa en un escenario económico que desafía los pronósticos más pesimistas. Según la reciente actualización del informe “Perspectivas de la Economía Mundial” del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicada este mes de enero, la economía global ha demostrado una resiliencia asombrosa.
Sin embargo, detrás de las cifras de crecimiento se esconden divergencias profundas que los tomadores de decisiones en el mundo de los negocios no pueden ignorar.
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A nivel global, el FMI estima que el mundo cerró 2025 con un crecimiento del 3.3%, y proyecta que se mantendrá en ese mismo 3.3% para 2026.
Esta estabilidad es notable si consideramos los choques arancelarios y las turbulencias comerciales del año pasado.
Estados Unidos destaca como el motor de las economías avanzadas; tras un 2025 sólido con un avance del 2.1%, se espera que acelere hasta el 2.4% en 2026, impulsado por un auge sin precedentes en la inversión tecnológica.
Para México, la lectura es más compleja y agridulce. El país habría cerrado 2025 con un lánguido crecimiento del 0.6%, una cifra que refleja el impacto de la incertidumbre comercial y una demanda interna debilitada.
No obstante, para 2026 la perspectiva mejora ligeramente hacia un 1.5%. Si bien es una recuperación, México se mantiene en una zona de “crecimiento contenido”, rezagado frente a la dinámica de sus socios norteamericanos y enfrentando el reto de traducir el fenómeno del nearshoring en cifras de PIB más robustas.
El informe es claro al identificar las amenazas que podrían descarrilar este equilibrio.
La principal sombra es el resurgimiento de las tensiones comerciales, particularmente el riesgo de una escalada entre Estados Unidos y la Unión Europea, lo que generaría nuevas disrupciones en las cadenas de suministro.
A esto se suma el riesgo de una revaluación de las expectativas sobre la Inteligencia Artificial (IA); si los retornos de las masivas inversiones en tecnología no se materializan pronto, podríamos ver una corrección abrupta en los mercados financieros.
Finalmente, las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y Ucrania siguen siendo focos de volatilidad latente.
Sin embargo, el 2026 también ofrece ventajas estratégicas que deben aprovecharse. El “viento de cola” más fuerte proviene de la inversión en IA y la adaptabilidad del sector privado, que ha permitido a las empresas absorber los impactos de las políticas proteccionistas.
Además, se prevé que los precios de la energía caigan un 7% este año, lo que otorgará un respiro a los costos operativos industriales. La gradual flexibilización de la política monetaria a nivel global también abre una ventana para refinanciamientos y nuevos proyectos de capital.
En conclusión, el 2026 no será un año de aguas tranquilas, sino de navegación estratégica. Para las empresas mexicanas, la clave estará en la agilidad operativa y en la adopción tecnológica para compensar un crecimiento inercial bajo.
La resiliencia global está comprando tiempo, pero la verdadera ventaja la tendrán quienes logren gestionar la incertidumbre política mientras capitalizan la revolución productiva digital que ya está en marcha.