La boda Humphrey-Nieto
y los ‘reflejos’ de la 4T
Si de algo no puede acusarse a la autodenominada “cuarta transformación” y a su cabeza más visible, el presidente Andrés Manuel López Obrador, es de carecer de reflejos. Prueba de ello es que hoy, al menos dos prominentes figuras de ese grupo político están fuera de la nómina gubernamental luego de trascender la fastuosidad de la boda entre Santiago Nieto y la consejera Carla Humphrey.
Se trata, y eso debe reconocerse, de una diferencia sustancial respecto de los gobiernos del pasado −o de los gobiernos del PRI y del PAN, para ser más precisos−, pues al menos en lo inmediato los excesos revelados son condenados sin ambigüedades.
La primera “víctima” del episodio ocurrido en Antigua,
Guatemala, fue la exsecretaria de Turismo de la Ciudad de México, Paola Félix Díaz, quien dimitió a su cargo luego de revelarse que viajó en un avión privado hasta el país centroamericano, hecho que fue condenado por su otrora jefa, Claudia
Sheinbaum.
“No lo vamos a permitir, luchamos durante muchos años para que un servidor público no llegase al Gobierno de la Ciudad a querer seguir actuando como actuaban los anteriores gobiernos, eso se acabó. En el gobierno de la Ciudad, nada de usar aviones privados, aquí somos ciudadanos gobernando ciudadanos”, dijo la Jefa de Gobierno.
El presidente López Obrador tampoco se contuvo a la hora de caracterizar el evento en que uno de sus colaboradores estelares contrajo matrimonio: “es un asunto escandaloso en efecto, aún cuando se trata de un acto privado, pues los asuntos públicos son cada vez más públicos. En México se sabe más de asuntos o eventos privados, antes no se conocía nada, había ostentación y derroche”, dijo en su conferencia de prensa de este lunes.
Ayer mismo por la noche, el histórico líder izquierdista Pablo Gómez asumió la titularidad de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda de Crédito Público (SHCP), posición a la que Nieto Castillo dimitió señalando que lo hacía para no “afectar el proyecto” político del Presidente.
Más allá de las repercusiones legales que este episodio pueda tener y de la forma en que pudiera ser utilizado como instrumento político, lo cierto es que el gobierno de López Obrador ha reaccionado de una forma que no es usual en el contexto de la vida política del País.
Seguramente el Presidente no querría prescindir de los servicios de un colaborador que fue muy eficaz, durante su paso por la UIF, en el proceso de poner al descubierto tramas de corrupción. Sin embargo, es de reconocerse que no ha dudado en separarlo de sus funciones porque consideró que cometió un exceso “imperdonable”.
Una golondrina no hace verano, desde luego, pero sin duda debe aplaudirse que, a diferencia del cinismo del pasado, al menos en este Gobierno existe la capacidad para reaccionar ante este tipo de hechos en la forma en que la mayoría de la ciudadanía espera.