La ciudad que imaginamos

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Opinión
/ 15 marzo 2026

La medida del sentido de la ciudad es esta: en la ciudad de la memoria ¿puedes oír la risa de los niños, el agitar de las alas de las palomas y los gritos del vendedor ambulante? ¿puedes recordar el eco de tus pasos?

Juhani Pallasmaa

¿De qué color es una ciudad? La pregunta puede parecer extraña, incluso innecesaria, pero basta formularla para que algo se active en la memoria: calles, fachadas, plazas, montañas en el horizonte; también el ruido del tráfico, el olor de la tierra después de la lluvia o el eco de conversaciones cotidianas. Poco a poco la ciudad comienza a tomar forma en la mente, no solo como un espacio físico, sino como una suma de imágenes, recuerdos y experiencias. ¿Cómo imaginamos la ciudad? ¿Qué elementos la conforman en nuestra memoria: qué colores, qué olores, qué acciones cotidianas? Y, en ese ejercicio, surge una pregunta inevitable: ¿de qué color es Saltillo? He planteado esta última a muchos de mis estudiantes a lo largo de los años. Los primeros, a quienes daba clase hace tiempo, respondían casi sin dudar que Saltillo era de color café claro. Las generaciones más recientes, en cambio, han contestado algo distinto: para ellos, Saltillo es de muchos colores, como el sarape. Más allá de la tonalidad o de la colorimetría de una ciudad, la respuesta siempre ha llamado mi atención. ¿Qué quiere decir realmente? ¿Qué hay en la imagen mental que un jóven tiene de la ciudad en la que habita? ¿Cómo se asocia el color con el territorio? ¿Qué se está diciendo cuando se afirma que una ciudad tiene un color?

La palabra imagen, en términos generales, proviene de una raíz latina y suele generar una asociación directa con la imaginación o con la representación fantasiosa, tal relación surge en parte, por la cercanía fonética entre ambos términos. Sin embargo, cuando hablamos del imaginario, el concepto nos remite a la idea de representar o formar imágenes y pensamientos; a aquello que pertenece al ámbito de lo que la imagen contiene o evoca. A este concepto se le han añadido distintos calificativos que buscan precisar su campo de estudio o su manifestación: imaginario social, urbano, colectivo o individual. En el caso del imaginario social, este enfatiza la dimensión compartida de las referencias y representaciones que circulan dentro de una comunidad. Se trata de estructuras de sentido que se definen según el territorio y que enmarcan la manera en que una sociedad piensa, actúa y se reconoce a sí misma. Diversos autores han relacionado este concepto con la cosmovisión, con la identidad colectiva y con los procesos sociales que se desarrollan en un momento histórico determinado.

En pocas palabras, el imaginario está compuesto por ideas, creencias y valores que se configuran en torno a un territorio, a una actividad y a una época. El imaginario se nutre del tiempo, se forma lentamente en lo cotidiano. Pero no permanece únicamente en el plano de lo mental: también se materializa. Una de las formas más visibles en que esto ocurre es la arquitectura de las ciudades. Cuando una imagen se transforma en materia —cuando una idea se vuelve calle, muro o fachada, zaguán o patio—, la manera en que se construye revela aquello que llevamos dentro: lo que somos y lo que hemos aprendido con el paso del tiempo. Más allá de una ciudad llena de casas o edificios “bonitos”, la materialidad de su arquitectura refleja historias, costumbres, tradiciones e identidades, tanto individuales como colectivas. De esta manera, la ciudad se convierte en un lenguaje que comprendemos gracias a nuestra familiaridad con él.

El imaginario social articula la realidad, le da sentido y la ordena. Es instituyente, pero también es instituido; se forma, pero también se induce. Nunca permanece quieto. Por ello, con frecuencia, la imagen que tenemos de una ciudad —la que habita en nuestra mente o la que circula en las narrativas que se cuentan sobre ella— se confronta abruptamente con la experiencia de vivirla. Quizá por eso la ciudad a veces es café y otras veces colorida. Quizá también depende de quién la observa y de quién la describe. La experiencia de una ciudad siempre rebasa la narrativa que se cuenta sobre ella: los fenómenos sociales, las luchas colectivas, la migración, el deterioro, la demolición, la desaparición o incluso el silencio forman parte de su imagen.

La pregunta es entonces: en la ciudad —Saltillo— de tu mente, ¿puedes imaginarte enamorándote? Y, más aún, ¿en la ciudad real también?

Arquitecta por la Universidad de Monterrey. Cursó la maestría en Arquitectura con especialidad en diseño y tecnología ambiental en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde fue becaria del CONACYT y enfoca su investigación para la obtención del grado a los usos, aplicaciones y adaptaciones de la arquitectura vernácula a las nuevas demandas de la época actual. Es profesora investigadora con perfil PRODEP y coordinadora de posgrado en la Escuela de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera de la UA de C. Forma parte de la Academia de investigación, es miembro del comité de reforma curricular de ambas carreras, miembro del comité de la Maestría en Arte y Diseño, así como del Núcleo académico Básico del mismo programa, miembro del cuerpo académico “Expresión visual” de la licenciatura en Diseño Gráfico. Coordina la plataforma In Signia, sitio dedicado al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad en su ciudad natal. Becaria del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) Coahuila en el año 2012 en el área de patrimonio y como creadora con trayectoria en 2021, coordinadora del libro Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, donde además colabora con un capítulo, ganadora del premio de periodismo cultural Armando Fuentes Aguirre “Catón” emisión número 23 en categoría Prensa.

Formó parte del equipo de diseño del prototipo de vivienda sustentable propuesto por el CINVESTAV. Autora del capítulo “Apropiarse el territorio” en “Dimensiones del Espacio” libro editado por la UAdeC. Colaboradora en diversas revistas de divulgación a nivel nacional y regional como la Gazeta del Archivo Municipal de Saltillo. Es analista, gestora y asesora en temas de reglamentación urbana. Estudiante de Doctorado en Arquitectura y Urbanismo en la Facultad de Arquitectura de la misma universidad en donde desarrolla proyectos de investigación relacionados con el patrimonio, los imaginarios y emblemas simbólicos.

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