La COP26 y lo absurdo de la contra reforma energética de AMLO
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GLASGOW, ESC.- Esta última semana me tocó asistir a la conferencia sobre calentamiento global de la ONU en Glasgow, Escocia (COP26), la cual es la suma de esfuerzos internacionales más grande desde los Acuerdos de París, para lograr objetivos ambientales que preserven la vida en nuestro planeta.
El Secretario General de la ONU, António Guterres, comentó que estamos en “Código Rojo” como humanidad en términos del Cambio Climático, después de que saliera el reporte 2021 del Panel Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC), el cual documenta las tendencias de cambios sin precedente en el clima y medio ambiente que estamos generando como seres humanos.
Con el objetivo de mitigar emisiones de carbono a nivel mundial (para lograr la meta de no rebasar los 1.5°C de calentamiento global), la COP26 genera las guías, objetivos y estructuras de operación para que los países disminuyan su impacto ambiental. El nuevo Pacto Climático de Glasgow marca la tendencia y urgencia internacional hacia la transición energética (hacia fuentes renovables).
Al mismo tiempo que sucede este esfuerzo internacional para mitigar la crisis ambiental, en México la 4T promueve una contra-reforma a nuestro sistema energético que desincentiva la adopción e inversión de energías sostenibles en nuestro país. Con la bandera de soberanía nacional, Andrés Manuel López Obrador busca centralizar la producción de energía en manos del Estado, en instituciones ineficientes como CFE y Pemex, que no le saben y no les interesa una transición energética hacia fuentes renovables.
Ejemplo de esto es la reciente cancelación de la inversión en infraestructura eólica en Oaxaca por la empresa Siemens Gamesa, la cual hubiera generado 150 megavatios de electricidad limpia (suficiente para casi 25% del consumo eléctrico de Saltillo). La empresa decidió cancelar la inversión de más de 600 millones de dólares por las implicaciones de la reforma eléctrica.
Nuestro gobierno federal prefiere quemar combustóleo (prohibido ya por tratados comerciales internacionales), comprar refinerías en Texas (que la compañía Shell vendió como parte de una tendencia en el mercado hacia tecnologías con menos emisiones de carbono) y construir más refinerías de petróleo como Dos Bocas en Guerrero en vez de dar pasos hacia la eficiencia, competitividad y reducción de impacto ambiental que viene con las energías renovables.
Mientras el mundo camina hacia la eficiencia y la descabonización de la economía, nuestro gobierno camina hacia cielos y pulmones negros, más desiertos, más huracanes y días de insoportable calor.
Algo que no entiende nuestro presidente es que la justicia ambiental es consustancial de la justicia social. El cambio climático afecta desproporcionadamente más a poblaciones de bajos recursos; por condiciones deficientes de vivienda, asentamientos en zonas de riesgo, desertificación de zonas agrícolas rurales... Si a nuestro gobierno federal realmente le interesara la justicia social, pensaría en las consecuencias de sus decisiones ambientales.
Al igual que fue fundamental en su momento para México la Expropiación Petrolera o la apertura económica en los 90’s, ahora el acto nacional y mundial más importante debe ser la mitigación del cambio climático.
El cambio climático es sin duda la crisis que definirá a toda una generación. México debe asumir su responsabilidad social e histórica y dar el paso hacia una economía verde. Empezando por una transición energética que promueva generación distribuída de energías renovables, desarrollo de micro-redes y almacenamiento de energía, además de fortalecer la Comisión Reguladora de Energía (CRE), que limite excesos, aliente la eficiencia y promueva la transparencia del sector energético nacional.