¿Comprar o tomar Groenlandia? Un viejo pacto, ya da carta libre a Trump
Algunos analistas afirman que un acuerdo de la Guerra Fría permite al presidente aumentar la presencia militar estadounidense en la isla casi a voluntad
Por: Jeffrey Gettleman, Amelia Nierenberg and Maya Tekeli
El presidente Donald Trump ha ridiculizado a los equipos daneses de trineos tirados por perros en Groenlandia.
Ha mencionado misteriosos barcos chinos y rusos que merodean frente a la costa.
Parece cada vez más obsesionado con la idea de que Estados Unidos debería hacerse cargo de esta gigantesca isla rodeada de hielo, y un funcionario afirma que el presidente quiere comprarla y otro insinúa que Estados Unidos podría simplemente tomarla. Hace solo unos días, Trump dijo: “necesitamos Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional”.
La cuestión, no obstante, es: ¿necesita siquiera Estados Unidos comprar Groenlandia —o hacer algo más drástico— para lograr todos los objetivos de Trump?
TE PUEDE INTERESAR: ‘Venezuela coopera plenamente y EU controlará su petróleo durante años’, afirma Trump
En virtud de un acuerdo poco conocido de la Guerra Fría, Estados Unidos ya disfruta de un amplio acceso militar a Groenlandia. Ahora mismo, Estados Unidos tiene una base en un rincón muy remoto de la isla. Pero el acuerdo le permite “construir, instalar, mantener y operar” bases militares en toda Groenlandia, “alojar personal” y “controlar aterrizajes, despegues, anclajes, amarres, movimientos y operaciones de barcos, aviones y embarcaciones”.
Fue suscrito en 1951 por Estados Unidos y Dinamarca, país que colonizó Groenlandia hace más de 300 años y aún controla algunos de sus asuntos.
“Estados Unidos tiene tanta libertad de acción en Groenlandia que puede hacer prácticamente lo que quiera”, dijo Mikkel Runge Olesen, investigador del Instituto Danés de Estudios Internacionales de Copenhague.
“Me cuesta mucho ver que Estados Unidos no pudiera conseguir prácticamente todo lo que quisiera”, dijo, y añadió: “si tan solo lo pidiera amablemente”.
Pero comprar Groenlandia —algo que el secretario de Estado Marco Rubio dijo a los legisladores el martes que era el más reciente plan de Trump— es un asunto diferente.
Groenlandia no quiere ser comprada por nadie, y menos por Estados Unidos. Y Dinamarca no tiene autoridad para venderla, dijo Olesen.
“Es imposible”, dijo.
En el pasado, Dinamarca habría sido quien decidiera. En 1946, rechazó la oferta de 100 millones de dólares en oro del gobierno de Harry S. Truman.
Hoy, las cosas son distintas. Los groenlandeses tienen ahora derecho a celebrar un referendo sobre la independencia y las autoridades danesas han dicho que corresponde a los 57.000 habitantes de la isla decidir su futuro. Una encuesta realizada el año pasado reveló que el 85 por ciento de los residentes se oponían a la idea de una toma de posesión estadounidense.
El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, se ha burlado repetidamente de la idea de ser comprados, diciendo la semana pasada: “nuestro país no está en venta”.
El acuerdo de defensa entre Estados Unidos y Dinamarca, relativamente breve y sencillo, se actualizó en 2004 para incluir al gobierno semiautónomo de Groenlandia, dándole voz y voto en la forma en que las operaciones militares estadounidenses podrían afectar a la población local. Las raíces del acuerdo se remontan a una asociación forjada durante la Segunda Guerra Mundial.
En aquella época, Dinamarca estaba ocupada por los nazis. Su embajador en Washington, aislado de Copenhague, se encargó de firmar un acuerdo de defensa para Groenlandia con Estados Unidos. (La isla forma parte de Norteamérica, a lo largo del océano Ártico y cerca de la costa de Canadá).
Se temía que los nazis pudieran utilizar Groenlandia como trampolín hacia América. Los alemanes ya habían establecido pequeñas bases meteorológicas en la costa oriental de la isla y transmitían información para las batallas en Europa. Las tropas estadounidenses acabaron expulsándolas y establecieron allí más de una decena de bases con miles de soldados, pistas de aterrizaje y otras instalaciones militares.
Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos siguió gestionando algunas bases y una serie de emplazamientos de radares de alerta temprana. Al finalizar la Guerra Fría, Estados Unidos las cerró todas, excepto una. Ahora se llama Base Espacial de Pituffik y ayuda a rastrear los misiles que cruzan el Polo Norte.
Los daneses también tienen una presencia discreta: unos cientos de soldados, incluidas fuerzas especiales, que utilizan trineos tirados por perros para realizar patrullas de largo alcance. En los últimos meses, el gobierno danés ha prometido mejorar sus bases y aumentar la vigilancia.
Después de que las fuerzas especiales estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, dentro de un refugio seguro la semana pasada, Trump pareció envalentonarse. Stephen Miller, uno de sus principales asesores, afirmó entonces que Groenlandia debería pertenecer a Estados Unidos y que “nadie va a enfrentarse militarmente a Estados Unidos” por ella. La ansiedad de daneses y groenlandeses se disparó.
El martes por la noche, los dirigentes daneses y groenlandeses pidieron reunirse con Rubio, según la ministra de Asuntos Exteriores de Groenlandia. No está claro si eso ocurrirá ni cuándo.
Las tensiones entre Trump y la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, no han dejado de aumentar, ya que Trump presiona para “conseguir” Groenlandia, como él dice, mientras Frederiksen se niega a doblegarse ante él.
Hace solo unos días, Frederiksen aludió al acuerdo de 1951, diciendo: “Hoy ya tenemos un acuerdo de defensa entre el Reino y Estados Unidos, que da a Estados Unidos un amplio acceso a Groenlandia”. Instó a Estados Unidos a “poner fin a las amenazas” y dijo que un ataque estadounidense a Groenlandia sería el fin del orden mundial internacional.
Los dirigentes europeos emitieron su propia declaración el martes, citando también el acuerdo de 1951 y diciendo: “Groenlandia pertenece a su pueblo”.
Los analistas afirmaron que si Estados Unidos busca utilizar el pacto de defensa como excusa para enviar un gran número de tropas e intentar ocupar Groenlandia, eso tampoco sería legal.
Según la enmienda de 2004, Estados Unidos debe consultar con Dinamarca y Groenlandia antes de realizar “cualquier cambio significativo” en sus operaciones militares en la isla. La enmienda de 2004, firmada por el general Colin Powell, quien entonces era secretario de Estado, reconoce explícitamente a Groenlandia como “una parte igual del Reino de Dinamarca”.
Peter Ernstved Rasmussen, analista de defensa danés, dijo que, en la práctica, si las fuerzas estadounidenses hacían peticiones razonables, “Estados Unidos siempre obtendría un sí”.
“Es una fórmula de cortesía”, dijo. “Si Estados Unidos quisiera actuar sin preguntar, podría simplemente informar a Dinamarca que está construyendo una base, un aeródromo o un puerto”.
Eso es lo que enfurece a los veteranos expertos políticos daneses. Si Trump quisiera reforzar la seguridad de Groenlandia ahora mismo, podría hacerlo. Pero no ha habido tal petición oficial estadounidense, dijo Jens Adser Sorensen, quien fuera alto funcionario del Parlamento de Dinamarca.
TE PUEDE INTERESAR: ¿México, Colombia o Groenlandia? Trump ofrece pistas sobre su siguiente acto
“¿Por qué no utiliza el mecanismo del acuerdo de defensa si está tan preocupado por la situación de seguridad?”, dijo, y añadió: “El marco está ahí. Está en vigor”.
Pero la situación estratégica de Groenlandia no es lo único que ha atraído al círculo cercano de Trump. La enorme isla tiene otro atractivo: minerales clave, en gran cantidad, enterrados bajo el hielo. También en este caso, según los analistas, Estados Unidos no necesita apoderarse de la isla para conseguirlos.
Los groenlandeses han dicho que están abiertos a hacer negocios casi con cualquiera.
c. 2026 The New York Times Company