La crisis del INE no termina con una renuncia
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La llegada de la primera mujer a la Presidencia del INE, dotada de facultades extraordinarias por capricho de Morena y sus aliados, desembocó en el mayor escándalo de corrupción, con una red nacional de socios, amiguismos y tráfico de influencias.
La crisis no termina con la renuncia de Guadalupe Taddei. Quedan preguntas sobre el uso del dinero público, la relación entre funcionarios y proveedores y la eficacia de los controles de una institución cuya tarea exige confianza.
Durante años he defendido la autonomía del árbitro electoral. Esa defensa obliga a exigir cuentas a quienes lo conducen. Defender al INE implica impedir que alguien lo utilice en beneficio propio. La autonomía exige contrapesos efectivos, transparencia y absoluta rendición de cuentas.
El presidente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, presentó ante la FGR una denuncia por presuntos actos de corrupción. Exigió investigar los contratos, rastrear los recursos y sancionar a quienes resulten responsables.
Las revelaciones obligan a preguntar: ¿por qué las irregularidades se conocieron a través de investigaciones periodísticas y no por las instancias institucionales de vigilancia? Si los controles no las detectaron, deben explicar sus omisiones; si las detectaron, deben informar qué hicieron.
Cada peso destinado a organizar las elecciones tiene una finalidad pública. Las dudas sobre las contrataciones debilitan la credibilidad de quienes deben garantizar legalidad, imparcialidad y certeza en cada voto.
También debemos revertir el capricho de Morena de concentrar el poder en la Presidencia del INE. Antes de la reforma de octubre de 2024, la Presidencia proponía a los titulares de las direcciones ejecutivas y unidades técnicas, pero sus nombramientos requerían al menos ocho votos, de los once consejeros. La mayoría oficialista eliminó ese contrapeso y permitió su designación directa.
Por su parte, la Cámara de Diputados debe elegir a la mejor persona para conducir al INE. El proceso iniciará la próxima semana con la convocatoria. Se integrará un Comité Técnico de Evaluación con cinco personas: tres designadas por la JUCOPO y dos por la CNDH. Deben carecer de vínculos partidistas y acreditar capacidad y experiencia electoral para evaluar objetivamente a los aspirantes. El Comité integrará una quinteta con los mejores perfiles y de ahí saldrá la próxima Presidencia del INE.
No somos ingenuos, sabemos que Morena no se distingue por impulsar perfiles profesionales, honorables e independientes; prefiere la lealtad a la capacidad. Por eso exigimos que la próxima Presidencia sea de honorabilidad probada, sólida capacidad técnica y sin filias ni fobias partidistas.
Quien asuma el cargo conducirá las próximas elecciones y enfrentará el reto de recuperar una confianza profundamente dañada. Por eso la Cámara debe estar a la altura: elegir a una persona cuya trayectoria, capacidad e independencia den a la ciudadanía la certeza de que su voto será respetado.
*Diputada federal