La esencia de Don Artemio
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Don Artemio de Valle Arizpe, cronista de la Ciudad de México, nombrado así en 1942 por la buena pluma, las narrativas que catapultaron a este ilustre saltillense. La escritura te lleva a las pequeñas historias pero hay otras formas de contar historias, como la mesa, la atmósfera de un sitio, la crónica de la comida y la música suave de los aromas.
¿Ya fue a Don Artemio recientemente? Existe algo en el ambiente denominado energía, cuando entré sentí esa emoción al descubrir un mapa de arcilla de la entidad, una humedad, fresco, las notas a tierra mojada por la lluvia, la transmisión de los sentidos.
Ahí estaba el chef Juan Ramón Cárdenas, excelente anfitrión, quien orgulloso nos mostró este mapa imaginario de este Saltillo-Tile que amamos.
Impecable servicio, además de generoso.
Y eso habla del lugar que se abre al orgullo de las raíces de la ciudad, con elegancia y frescura. Lo que degustamos estaba delicioso: un enjambre de nopalitos fritos, el requesón fresco, las salsas, el taquito de lengua perfecto (recuerde que si no cierra no es un taco), quizá una tortilla con cosas. Una mezcalita que me llevó a Oaxaca con los sabores del chile con chapulines.
Además de probar el mezcal, orgullo de la casa; Ojasé, macerado con hojasén de la región, hierba que ayuda a aliviar cualquier síntoma de los efectos del buen comer.
Además de estos telares que representan una forma contemporánea de los tejidos artesanales del sarape de Saltillo, con hilos crudos que asemejan la usanza del legado textil en la región.
En medio de la charla, la cocina, la bebida, entendí que no solo somos polvo de estrellas, también somos micropartículas de la tierra, de esa compactada arcilla poderosa que tiene su idioma. Basta con acercarte a ella para recibir sus bondades, así que no dudes que la experiencia de comer en Don Artemio te lleve a tu origen divino, como le dijo el Dr. Brown a Tita en “Como Agua para Chocolate”.
La esencia es algo que se expande en un lugar profundo.