La 4T se debilita, ¿Claudia al rescate?
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La tensión actual parecen poner de manifiesto que la otrora marcha imparable de la 4T encara un deterioro cuya hondura es difícil de calcular
La tensión ante las elecciones del próximo año, los disensos internos -crecientes y cada vez menos discretos-, las desconfianzas y revanchas en germen, parecen poner de manifiesto que la otrora marcha imparable de la llamada cuarta transformación encara un deterioro cuya hondura es difícil de calcular.
Un factor en esta especie de quiebre de impulso es la fortaleza de voces opuestas al gobierno con un discurso neoconservador desde importantes espacios mediáticos. Es tan elevado el volumen alcanzado que anula reclamos de corte socialdemócrata provenientes de la academia, la política con vocación dialogante y la sociedad civil.
En el telón de fondo se ubica también la emergencia de gobiernos de derecha en el continente y la persistente influencia, con buenas o malas razones, de Washington.
Frente a esos escenarios, la presidenta Sheinbaum Pardo parece haber tomado en las semanas recientes la decisión de elevar su apuesta. La primavera de la “cabeza fría” hacia dentro y fuera del país dio paso a una más “caliente” retórica, con señales de exasperación por falta de resultados de segmentos de su equipo de trabajo.
Ello se muestra también con la espinosa relación con el gobierno Trump. En su edición de esta semana, la influyente revista inglesa “The Economist” destacó que la mandataria mexicana ha dejado de ofrecer “la otra mejilla” a los agravios provenientes de la Casa Blanca en una delicada agenda que incluye inseguridad, migración y comercio.
Si la Presidenta pretende salir al rescate del movimiento que la llevó al poder, afinará prioridades, alcances y alianzas. Y sin duda, los frentes de batalla que mantenga abiertos.
A 11 meses de la elección más grande en la historia, la primera estación será el llamado de las urnas. Tras resolver las candidaturas a gubernaturas, pospondrá la atención a alcaldías para concentrarse en la Cámara de Diputados, ante el temor de que el oficialismo pierda espacios.
El impostergable frente electoral obliga a poner bajo la lupa a Morena, que a 15 años de su integración no exhibe aún la estructura ni la lógica de un partido. Su liderazgo está hoy dividido entre Ariadna Montiel, estrechamente ligada al expresidente López Obrador, y Citlalli Hernández, cercana a Palacio. Los múltiples cacicazgos nacionales o regionales morenistas asumen el derecho de dirimir sus intereses no en el seno de la organización, sino directamente en la oficina presidencial.
Un ejemplo de ello es cómo se procesó en semanas pasadas el pasmo que dominaba el registro de aspirantes a la gubernatura de Guerrero, el estado más morenista del país. El actor central de la crisis era el controvertido Félix Salgado, empecinado en ser considerado, con la certeza implícita de que esa entidad le pertenece a él y su familia, no en balde hace seis años impuso en la gubernatura a su hija, Evelyn Salgado, la antítesis del político eficaz.
Salgado Macedonio logró audiencia ante la Presidenta, ante quien reclamó el derecho al registro. La respuesta pudo haber sido que desde sus años de alcalde de Acapulco, hace dos décadas, su influencia política parece estar ligada al auge del crimen organizado en Guerrero. Pero se le alegó que colocarse en la carrera electoral sería un caso de nepotismo – y virtualmente una reelección. El insistió en ser incluido en la encuesta de Morena para designar candidato. “Pero si gano, me bajo”, prometió.
“Senador, esto no es un juego”, habría sido la respuesta presidencial.
Salgado no salió de ahí sin arrancar el acuerdo de que habrá una encuesta “paralela” a la oficial de Morena, para satisfacer su capricho. En Guerrero, 30 personas -muchas inducidas por Salgado- se apuntaron para a la consulta interna, el mayor número de todos los estados donde se produjo este proceso.
Sheinbaum Pardo sabe que sin un partido solvente no hay triunfos electorales, ni transformación, ni nuevo régimen. De ahí su apuesta, renovada, pero de alto riesgo.