La fiesta mexicana en Caracas
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Producto de su activismo, Gustavo vio cómo la dictadura lo acusó de estar detrás de la ‘fiesta mexicana’... y se desató la persecución
Era junio de 2017, en Caracas. Durante una cobertura por el conflicto social que vivía el país, recibí una llamada en la que, a través de contactos, me solicitaban hablar con una persona que quería compartirme un mensaje. Marqué al número con LADA de Estados Unidos y contestó un hombre con marcado acento venezolano. Su tono era de desesperación. “Claudio, mi hermana está refugiada en la Embajada de México, pero la embajadora la quiere echar a la calle para que la dictadura la atrape”. El de la voz era Gustavo Tovar Arroyo, escritor, cineasta y activista venezolano, odiado y perseguido por el régimen, uno de los mayores enemigos de Hugo Chávez y luego de Nicolás Maduro.
Durante los años de la dictadura, Gustavo se dedicó a formar bases políticas opositoras con jóvenes reclutados en las universidades de Venezuela. Él descubrió a cuadros como Juan Guaidó, Freddy Guevara y Yon Goicoechea, entre otros. El punto de reunión era la “Casa Michoacán”. En ciertas zonas de Caracas, las viviendas no tienen número, sino nombre, y ese obedecía a que Gustavo, además de venezolano, es mexicano, de Morelia.
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Producto de su activismo, Gustavo vio cómo la dictadura lo acusó de estar detrás de la “fiesta mexicana”, como llamaron al escándalo, y se desató la persecución. Le incautaron la propiedad que tenía influencias de los arquitectos Legorreta y Barragán, le decomisaron cuentas bancarias y lo obligaron a huir. No conformes con ello, comenzaron a perseguir a su hermana, una maestra de kínder que nada tenía que ver con el movimiento. En un intento por salvar la vida, Marisela Tovar Arroyo se refugió en la embajada mexicana en Caracas, pero a los pocos días la embajadora en aquellos tiempos del gobierno de Enrique Peña Nieto, Eréndira Paz Campos, comenzó a forzar su salida.
Presionada o atemorizada por el gobierno de Maduro, comenzó a limitarle a Marisela el acceso al agua y a la comida, hasta que la calle se convirtió en la siguiente opción. Cuando Gustavo narró los hechos en la llamada telefónica que sostuvimos, presentamos la exclusiva desde Caracas en el noticiero “Despierta”, a cargo de Carlos Loret de Mola en Televisa. Tan pronto la noticia salió al aire, la reacción fue inmediata. Luis Videgaray, como canciller y ya enfrentado verbalmente con la dictadura, emitió un salvoconducto y ordenó el traslado y protección de Marisela hasta México.
Ocho años después, Maduro cayó preso. Gustavo celebra la captura como un primer paso para el fin de la pesadilla. En una entrevista que me concedió el lunes para mi noticiero en Latinus, pide tiempo. Acepta que Donald Trump esté en negociaciones con las otras cabezas de la dictadura. Reconoce que María Corina Machado, otra de sus compañeras de lucha, no debe tomar el control del país en este preciso momento en el que fuerzas más poderosas siguen mandando. Gustavo también condena la postura del gobierno mexicano que presume de ser juarista, cardenista y maderista. Gustavo está en Estados Unidos y cuenta las horas para poder regresar a Venezuela, como muchos de los ocho millones que tuvieron que salir del país.
STENT
Entre los diplomáticos de carrera no hay enojo, sino furia por lo que ha hecho Morena con las embajadas por el mundo. En la reunión de esta semana, con la Presidenta, quedó claro. Los apestados del grupo son los políticos que algo concedieron a cambio del premio. Y lo de Gertz Manero a Inglaterra es la gota que derramó el vaso.