La guerra equivocada de Trump contra el altruismo eficaz

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Opinión
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Los ataques de la administración contra el altruismo eficaz demuestran que no se comprende que el objetivo del movimiento es salvar vidas, reducir el sufrimiento y prevenir catástrofes futuras

Por Peter Singer, Project Syndicate.

MELBOURNE- “Americanismo, no altruismo eficaz”. Ese es el nuevo eslogan lanzado en X por el Departamento de “Guerra” de Estados Unidos, con las palabras superpuestas a una imagen del presidente Donald Trump haciendo el saludo militar. Sobre la imagen, la publicación dice: “¡Estados Unidos seguirá DOMINANDO LA IA!”.

Al principio pensé que se trataba de una sátira. ¿Acaso el Departamento de Defensa no tiene cosas más importantes que hacer que oponerse a un movimiento que incentiva a la gente a ayudar a los demás de la forma más eficaz posible? ¿Cómo puede una administración que creó con bombos y platillos un Departamento de Eficiencia Gubernamental oponerse ahora a la eficacia?

Hace menos de 20 años que hablé con el pequeño grupo de estudiantes de la Universidad de Oxford que puso en marcha el altruismo eficaz (AE). Influenciados por mi artículo de 1972, “Hambre, riqueza y moralidad”, colaboraban para poner en práctica lo que yo había defendido, haciendo especial hincapié en obtener el máximo rendimiento de cada libra o dólar que pudieran donar. Descubrieron que algunas organizaciones benéficas son cientos de veces más eficaces que otras, y publicaron su investigación en Internet para que cualquiera pudiera utilizarla.

Giving What We Can, la primera organización de AE, les pidió a sus colaboradores que se comprometieran a donar al menos el 10% de sus ingresos a organizaciones benéficas de alta eficacia. GiveWell afirma que los donantes han destinado más de 2,600 millones de dólares a las organizaciones que recomienda, y estima que estas donaciones salvarán más de 340,000 vidas. Fundé The Life You Can Save, una organización que, hasta la fecha, ha recaudado más de 140 millones de dólares para entidades benéficas de alta eficacia que trabajan en los ámbitos de la salud, la educación y la superación de la pobreza.

Desde su fundación, el AE ha abordado otras cuestiones más allá de la pobreza global. El sufrimiento que infligimos a los animales también importa, y muchos miembros del movimiento buscan reducirlo, recurriendo a menudo a las investigaciones de Animal Charity Evaluators para identificar las organizaciones más eficaces a las que apoyar.

Otros miembros del movimiento de AE comenzaron a preocuparse por prevenir riesgos catastróficos, especialmente aquellos, como la guerra nuclear o el bioterrorismo, que podrían provocar la extinción de nuestra especie. Tomaron muy en serio la posibilidad de que una IA superinteligente pudiera eliminar a sus creadores humanos, algo sobre lo que ya advirtió Alan Turing, el padre de la informática, en la década de 1950. Algunos de ellos sostenían que la pérdida de todas las generaciones humanas futuras sería una catástrofe que superaría con creces cualquier preocupación a corto plazo, y que prevenirla debería ser la máxima prioridad.

Es este aspecto del AE el que despertó el encono de la administración Trump. Podemos empezar por la revelación de OpenAI en julio de que los agentes de IA que estaba probando se habían escapado de su entorno de pruebas, habían accedido a Internet y habían pirateado la página web de otra empresa. Posteriormente, en septiembre, Jacob Coxon, un empleado de Anthropic, renunció alegando que los investigadores de la empresa creían que la IA podría acabar con todos nosotros antes de que terminara la década.

Tres días después, el director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, publicó un ensayo en el que se refería tanto a los enormes beneficios como a los posibles perjuicios de la IA, y pedía que se ralentizara el ritmo de desarrollo para que pudiéramos desarrollar la capacidad de controlarla. Otros líderes del sector de la IA, entre ellos Sam Altman, Demis Hassabis y Elon Musk, expresaron su amplio acuerdo con Amodei.

Trump no estaba dispuesto a aceptarlo. Por el contrario, calificó el “catastrofismo sobre la IA” de “farsa” y proclamó: “Yo soy el que desenmascara las farsas”. Al igual que ocurrió con el cambio climático, Trump antepuso su propia opinión a la de los expertos reconocidos en la materia, incluido Musk, a quien anteriormente había descrito como un “supergenio” excepcional.

La motivación para oponerse a cualquier ralentización en el desarrollo de la IA quedó clara en otra publicación del Departamento de “Guerra”, de nuevo con una foto de Trump, esta vez bajo el titular: “La nueva frontera de la inteligencia artificial nos pertenece a nosotros, no a los catastrofistas”.

Anthropic y Amodei se convirtieron entonces en el blanco de la administración, quizá porque, en febrero, Anthropic se había negado a eliminar las restricciones sobre el uso de Claude, su modelo de IA líder a nivel mundial, para llevar a cabo una vigilancia masiva de los estadounidenses y desarrollar armas que pudieran utilizarse sin intervención humana.

La primera sugerencia pública de que el llamamiento de Amodei a desacelerar el desarrollo de la IA estaba influenciado por el altruismo eficaz parece haber sido formulada el 15 de septiembre por el subsecretario de Defensa para Investigación e Ingeniería, Emil Michael. En una entrevista en Fox News, Michael afirmó que dicha petición de una ralentización “proviene de una ideología profundamente arraigada que resulta bastante distópica”. El departamento publicó este fragmento de la entrevista en X, bajo el título: “El subsecretario Emil Michael sobre la peligrosa ideología del altruismo eficaz”. Michael no explicó por qué un movimiento que fomenta el altruismo es “distópico”.

Posteriormente, el sitio web de noticias Axios obtuvo un memorándum que, según afirmó, había sido “redactado por un asesor político de Trump” y “circulaba dentro de la Casa Blanca”. El memorándum, titulado “Altruismo eficaz: expediente de investigación de la oposición”, me describe como “un importante precursor intelectual del AE” y “el referente filosófico del AE”. Eso exagera mi importancia. El AE cuenta con muchos otros filósofos influyentes entre sus partidarios, como Toby Ord y Will MacAskill.

Al más puro estilo de las campañas de desprestigio, el memorándum desempolva algunas de mis declaraciones éticas más polémicas sobre cuestiones ajenas al AE, sin explicar por qué defiendo esas opiniones ni demostrar que hayan influido en el movimiento. De manera similar, otras figuras destacadas del AE son objeto de difamaciones irrelevantes.

Los ataques de la administración contra el AE demuestran que no se comprende que el objetivo del movimiento es salvar vidas, reducir el sufrimiento y prevenir catástrofes futuras. Una encuesta de 2024 realizada a unas 1,850 personas que se identificaban con el AE reveló que el 61% destinaría los recursos del movimiento a mitigar el sufrimiento actual de seres humanos y animales. Solo el 35% se inclinaba por causas a largo plazo, entre las cuales se consideraba entonces la seguridad de la IA. Sin embargo, desde aquel momento, la opinión tanto dentro como fuera del movimiento de AE ha pasado a mostrar una preocupación mucho mayor por la IA. Una encuesta de IPSOS publicada en marzo reveló que el 66% de los adultos estadounidenses coincidía en la necesidad de desacelerar el desarrollo de la IA. El problema, naturalmente, es cómo lograrlo a escala global, dado que ninguna empresa de IA, ni ningún país, quiere quedar rezagado.

No soy ni nunca he sido un “apocalíptico de la IA”. A menudo me he pronunciado en contra de lo que considero una atención excesiva que algunos miembros del AE le han prestado al riesgo de extinción relacionado con la IA. Sin embargo, controlar la IA para mitigar el riesgo de consecuencias extremadamente graves, aun si no llegan a provocar la extinción de nuestra especie (Bill Gates afirmó recientemente que la IA podría causar mil millones de muertes), ya no es una cuestión a largo plazo. Resulta alarmante que Trump utilice la seguridad de la IA como arma política partidista, tal como hizo con el cambio climático, imposibilitando así la cooperación global necesaria para reducir los riesgos que plantean estas amenazas para el bienestar de nuestra especie. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Peter Singer es profesor emérito de Bioética en la Universidad de Princeton y profesor visitante de Ética Médica en el Centro de Ética Biomédica de la Universidad Nacional de Singapur. Es autor de Animal Liberation, Practical Ethics, Ethics in the Real World y The Life You Can Save (Random House, 2009), y fundador de la organización sin fines de lucro del mismo nombre.

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