El callejón de la Delgadina: historias de terror y leyendas de Saltillo
¿Qué quedó en aquel arroyo para que, siglos después, Isaura Delgado todavía parezca mirar a quienes se acercan?
De la calle Arteaga salía el callejón de la Delgadina, que terminaba en el arroyo de La Tórtola, al norte del puente Gómez Farías. Allí, con la primera luz, unas faldas atoradas entre las piedras pueden hacer que alguien se detenga. El agua levanta una orilla de la tela y la deja caer. Más arriba se distingue una mano.
En 1786 encontraron en ese arroyo el cuerpo de Isaura Delgado. Los vecinos llevaban meses preguntándose por ella. La conocían por su trenza, tan larga que casi le llegaba a los zapatos; la habían visto lavar debajo del puente de Tacubaya. Cuando la sacaron del agua, tuvieron que reconocerla por el pelo.
Su marido, el carnicero Crisóstomo Sánchez, la había sorprendido con uno de sus trabajadores. La encerró en un cuarto apartado y la mantuvo suspendida de un gancho, dándole migajas de pan y agua. Conforme adelgazaba, la sostuvo por el cabello dividido en mechones. Los pies quedaron apenas separados del piso. Isaura murió allí. Después apareció en La Tórtola y el carnicero desapareció de Saltillo.
El nombre del callejón quedó ligado a ese cuerpo. Quien conoce la historia procura distinguir desde arriba qué dejó la corriente junto a la orilla. Hay ramas que parecen brazos; la ropa mojada se aplasta contra las piedras y adquiere formas que obligan a mirar otra vez.
Algunas mañanas se alcanza a ver el rostro de una mujer. Está vuelto hacia el cielo, con el cabello extendido en el agua. Desde lejos cuesta saber si respira.
Uno la llama y empieza a bajar. Las piedras sueltas obligan a buscar apoyo con las manos; durante unos segundos hay que dejar de mirarla. Cuando se vuelve hacia el arroyo, ella tiene la cara girada hacia la pendiente. Los ojos abiertos. Uno se queda agachado, con una mano todavía en la tierra. Después empieza a subir como puede. Abajo, el cuerpo sigue entre las mismas piedras. La cabeza se mueve para seguirlo.
¿En dónde se dice que ocurrió esta historia?
En la calle Guerrero, cruzando Arteaga, terminando en el arroyo de La Tórtola.
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