La ilusión de la productividad de la IA

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

La inteligencia artificial devastará el capitalismo

Por Yanis Varoufakis, Project Syndicate.

ATENAS- ¿Es la IA una burbuja? Según nos dicen, todo depende de si las inversiones masivas en esta tecnología impulsarán de forma espectacular la productividad. Los optimistas están convencidos de que las futuras ganancias de productividad serán colosales, aunque sea necesaria una corrección del mercado para desinflar un poco el actual auge. Los pesimistas, desde Jim Covello, de Goldman Sachs, hasta Daron Acemoglu, del MIT, tienen sus dudas. Pero tanto los optimistas como los pesimistas se encuentran atrapados en lo que yo denomino “la ilusión de la productividad de la IA”.

Lo que ambas partes pasan por alto es que la IA devastará el capitalismo incluso si aumenta la productividad más allá de lo que podamos imaginar, y con independencia de si logra la automatización prometida de los flujos de trabajo corporativos cotidianos en toda la economía. La razón por la que tendemos a pasar por alto este punto es que observamos el mundo actual a través del prisma de otro mundo que el capital de la nube , especialmente ahora que está potenciado por la IA, ha dejado obsoleto.

Hasta hace poco, era un hecho ineludible que toda revolución tecnológica representara un momento de destrucción creativa. Sectores enteros, profesiones y conjuntos de competencias fueron destruidos por innovaciones que dieron paso a nuevos sectores, nuevas profesiones y nuevos conjuntos de competencias. Los automóviles acabaron con los guarnicioneros, los herreros y los desolladores, pero dieron lugar a los trabajadores del sector del automóvil, los constructores de carreteras, los mecánicos y el personal de las estaciones de servicio. La transición del carbón al petróleo condenó al olvido a comunidades mineras enteras, por no hablar de los sindicatos. Sin embargo, en términos netos, se creó más de lo que se destruyó. La destrucción creativa se convirtió en sinónimo de crecimiento económico.

Ante el imparable avance de la IA, es natural centrarse en los efectos netos de esta tecnología. ¿Creará más de lo que destruye? Pero la verdadera pregunta es: “¿Más de qué?”. Para evitar la ilusión de la productividad de la IA, debemos replantearnos cómo definimos la productividad.

Si por productividad entendemos las tareas realizadas por unidad de trabajo humano, no hay duda de que la IA resultará un éxito inmenso, de hecho, ya lo ha sido. Pero, si seguimos midiendo la productividad en términos del valor monetario producido por unidad de trabajo, lo más probable es que la IA resulte un desastre absoluto.

Las revoluciones tecnológicas anteriores, desde la máquina de vapor y el automóvil hasta el ordenador personal y el smartphone, ampliaron el ámbito de los mercados capitalistas. A pesar de la ruina de profesiones y comunidades enteras que dejaron a su paso, dieron lugar simultáneamente a una mayor producción material y a un mayor valor monetario agregado de dicha producción.

¿Ocurrirá lo mismo con la IA? Quizá en China, donde la IA se combina con la robótica, la producción material aumente y, al menos a corto plazo, también lo hagan los ingresos netos. Pero en Occidente, los agentes de IA se utilizan en el sector servicios, desde amazon.com hasta las oficinas administrativas, los bufetes de abogados, los hospitales y otros ámbitos. En esos ámbitos, el capital en la nube potenciado por la IA podría reducir los mercados de dos formas distintas.

La primera, la que preocupa a todo el mundo, es que la IA acabe con profesiones enteras: asistentes jurídicos, programadores, traductores, contables, e incluso arquitectos, matemáticos y profesores de escuela, al tiempo que crea muchos menos puestos de trabajo nuevos ocupados por los supervisores, ingenieros y operadores de la nueva maquinaria. La segunda forma es mucho menos visible, pero quizá aún más preocupante: la conversión de los mercados en feudos en la nube y de los beneficios en rentas.

Como ya argumenté hace tiempo, Amazon puede parecer un mercado, con innumerables compradores y vendedores dentro de sus muros digitales, pero carece de la característica central de un mercado: la descentralización. De hecho, está más centralizada de lo que jamás lo estuvo la economía planificada soviética, con un algoritmo inescrutable que decide qué consumidor se empareja con qué vendedor basándose en un modelo probabilístico optimizado para maximizar la probabilidad de que Jeff Bezos, su propietario, recaude el 40 % del precio máximo que cada cliente está dispuesto a pagar.

A medida que la IA se integre cada vez más en el algoritmo de Bezos, interfaces como Alexa se comunicarán con nosotros no como meros asistentes de compras, sino como un amigo omnisciente, un compañero e incluso un terapeuta. Pronto, los beneficios de los vendedores capitalistas acabarán en la cuenta de algún magnate tecnológico en forma de renta de la nube, que sin duda invertirá en más capital de nube potenciado por la IA que genere más poder para extraer más rentas de la nube.

Así pues, a medida que Siri de Apple, Gemini de Google y un ejército de asistentes autónomos de este tipo desarrollen para sus magnates tecnológicos las mismas capacidades que Amazon tiene para Bezos, el dominio del mercado capitalista seguirá reduciéndose. Aunque la IA habrá demostrado ser sumamente productiva en términos de actividades económicas realizadas por unidad de trabajo humano, las tasas de beneficio de las empresas capitalistas se desplomarán, siguiendo a los salarios agregados de la sociedad hacia abajo. Llegado ese punto, ninguna de las herramientas del Estado liberal, ni por mucha flexibilización cuantitativa, ni con niveles políticamente viables de renta básica universal, ni con un impuesto sobre el patrimonio que a los magnates tecnológicos les resulte difícil eludir, podrá evitar un colapso sistémico.

La pregunta de si la IA generará enormes aumentos de productividad es fácil de responder: sí. La IA ya está demostrando ser capaz de aumentar exponencialmente la cantidad de trabajo que se realiza por trabajador humano. Pero mientras se utilice para eliminar el trabajo asalariado y, al mismo tiempo, desviar los beneficios de los mercados reales hacia las rentas de la nube de nuestros magnates tecnológicos, el valor económico producido por trabajador se hundirá.

A menos que se haga esta distinción, persistirá la ilusión sobre la productividad de la IA. Y mientras eso ocurra, no podremos aspirar a un futuro poscapitalista de abundancia en el que, junto con nuestros ayudantes de IA, produzcamos según nuestras capacidades y distribuamos según nuestras necesidades. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Yanis Varoufakis, exministro de Hacienda de Grecia, es líder del partido MeRA25, catedrático de Economía en la Universidad de Atenas e investigador sénior en la Universidad de Fudan.

Project Syndicate produce y distribuye análisis originales y de alta calidad a una audiencia global. Con contribuciones exclusivas de destacados líderes políticos, legisladores, académicos, empresarios y activistas cívicos de todo el mundo, ofrecemos a los lectores análisis e información de vanguardia.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM