La luz de la paz
”No hay camino hacia la paz; la paz es el camino”: Mahatma Gandhi
Hoy día estamos viviendo un avance agigantado de la violencia. Los informativos, las redes sociales, dan cuenta de este despiadado acontecer que lo único que trae es división, inquina, violencia en todas sus despreciables manifestaciones. Tenemos que hacer un alto en el camino como miembros de la comunidad de la que somos parte. ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo vivimos el presente? ¿Qué destino nos espera?
Hablemos de la cultura de la paz. ¿Qué es? Les comparto este concepto, estimados leyentes: Es un conjunto de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos mediante el diálogo, el respeto y la cooperación.
La cultura de la paz tiene una serie de principios sustantivos: reconoce los derechos humanos como piedra de toque de toda convivencia justa. El medio para resolver, solventar diferencias son el diálogo y la empatía. La justicia social e igualdad se refleja en la erradicación de la discriminación y en la búsqueda equitativa del bienestar. La educación es un elemento sine qua non para enseñar a cuestionar los prejuicios y la violencia consuetudinaria, de suyo “aceptada”.
¿Cómo se vive la cultura de la paz? A través de acciones cotidianas, participación comunitaria y programas educativos que fomentan la solidaridad.
Cuando se habla de cultura de paz se apunta a un proyecto político, social y ético que cuestiona de fondo la manera en que se organiza la sociedad. No se refiere a la ausencia de guerra ni a la disminución puntual de la violencia, lo que se conoce como paz negativa, sino que conduce a transformar las estructuras que producen desigualdad, exclusión y dominación. “La cultura de paz –como apuntan los expertos en el tema- nombra un horizonte de convivencia sustentado en la dignidad humana y la justicia social y el reconocimiento efectivo de todas las personas como sujetos de derechos”.
“A la paz no se llega por arte de magia o nomás por desearlo, implica un proceso histórico, siempre inconcluso, sobre el que hay que trabajar todos los días. La cultura de la paz tiene como piedra angular el entendido de que los conflictos son evitables en toda sociedad, y por ello la violencia puede y debe ser desmantelada”. La tolerancia, el diálogo, la solidaridad, el respeto a los derechos humanos, la igualdad, todo esto al estar en armonía se constituyen en la estructura del entramado de una sociedad plena, en toda la extensión de lo que esto significa.
En un sitio en donde se valora, protege y fomenta el bienestar de toda existencia humana, se reconoce y se defiende la dignidad de cada persona sin excepciones, se aceptan y aprecian las diferencias culturales, ideológicas y personales, en la que se apoya a grupos vulnerables, en una comunidad en la que se le apuesta al diálogo para resolver desacuerdos y hay comunicación abierta para la negociación, ahí la cultura de la paz se convierte en realidad.
En un espacio en el que se entiende, en el que se vive bajo esta égida, difícilmente se fomenta la polarización –conmigo todos los buenos y los que no estén conmigo son los malos -, no cunde el miedo a la diferencia, no se justifican prejuicios como la homofobia, el racismo o el MACHISMO, no se fisura el tejido social, porque no se alimenta el acoso escolar, el bullying, ni se generan entornos de crueldad ni de inseguridad cotidiana.
La cultura del odio pudre la convivencia al señalar al diferente como una amenaza, a contrario sensu, la cultura de la paz transforma los conflictos en oportunidades de entendimiento y reconoce la dignidad de todas las personas.
Lo sucedido en la secundaria de Torreón no tiene nombre. Dios nos ampare de eventos de esa naturaleza. Necesitamos redireccionarnos como sociedad, no somos lobos esteparios, somos animales políticos –zoon politikon– y como tales debemos comportarnos. La paz se construye entre TODOS.