La objetivización de la persona dentro de la gama de diagnósticos que pululan dentro del ámbito de nuestras relaciones

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Usamos muchas trampas para no hacernos cargo de nuestra propia responsabilidad dentro de las relaciones y en general en la vida. Así podemos justificar y echar culpas con la intención de resolver la vida sin pasar por el trabajo personal. Ese trabajo que implica vernos de manera totalmente honesta.

Cierto es que hemos tenido heridas y traumas en la infancia. También es verdad que hay personas que nos han tratado de manera indebida y con actitudes que nos han lastimado. Hemos pasado por etapas difíciles de la vida y hemos respondido con las herramientas que tenemos, a veces, muchas veces, no las mejores. Pero a la vez es cierto que mientras no debo aceptar un maltrato basado en traumas sufridos por otras personas, tampoco puedo dejarme ir en el hábito de tratar mal a otros, y a mi misma, por mis traumas y no buscar darle cara a la vida de otra manera.

Si lo que veo cuando estoy frente a alguien son sus traumas y lo que debe trabajar con su terapeuta, ¿en qué momento puedo invertirme en una relación, formar un vínculo, con esa persona? Y si me presento desde un asumido diagnóstico, ¿cómo se puede vincular otra persona conmigo? Al manejarme así estoy eliminándome y al otro como personas y viendo muestras psiquiátricas que requieren ser resueltas.

En reuniones, al darse cuenta alguien que no me conoce de lo que hago como profesión, a veces me han dicho, “Ah, ¿entonces nos estás analizando?”. Mi respuesta es, “Solo si me van a pagar la consulta.” No somos sujetos a evaluación y gestiones, somos seres humanos y lo demás es tema del proceso personal de cada individuo.

Ayer me comentó una mujer que una de sus maestras le había dicho que ella misma se había causado condiciones que no la permitieron tener más que una hija y que resultaron en una histerectomía. Me dio muchísima tristeza. El diagnóstico cruel de la maestra no le sirvió a su alumna. En vez de verla como ser humano y acompañarla, la colocó como muestra de una condición aplicada en sentido generalizado sin más. No hagamos eso con otros, ni con nosotros mismos.

Nacida en Detroit, MI el 25 de mayo de 1956. Residente de Saltillo desde 1974. Maestra y traductora por necesidad. Psicoterapeuta, empresaria, poeta, actriz y administradora de Foro Amapola porque la vida es dinámica. Madre de 4, abuela de 5. En 18 años de formación como psicoterapeuta ha hecho especialidades que incluyen terapia psico-corporal y Gestalt. Idealista insistente y ser humano en constante movimiento.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM