La soledad del expresidente Calderón: el sistema alinea a todos
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¿Quién iba pensar que Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto coincidirían en su retiro español? No es una coincidencia cualquiera, cada quien por su lado encontró refugio, exilio o guarida en aquella península. No sabemos hasta qué punto se trata de un exilio en soledad, pero un simple repaso a la prensa diaria, nos induce a pensar que es así.
Llegar de cuarenta y pocos años a la cumbre del poder político, a la mismísima Presidencia de la República y dejar el cargo cuando todavía se tiene mucha vida por delante, no debe ser nada fácil, especialmente cuando el presidente en funciones trata de justificar sus errores o limitaciones echando culpas a los gobiernos que le precedieron. Los logros son suyos, los descalabros son culpa del pasado. Repartir culpas enciende los ánimos, polariza el encono.
El expresidente español Felipe González decía que los expresidentes son como jarrones chinos, llaman mucho la atención, más de la necesaria, y no halla uno donde ponerlos, se les esconde o acaparan la atención dondequiera que se encuentren. Esto se hace más difícil cuando el titular del poder, en lugar de olvidarse de ellos, se afana en recordarlos todos los días.
Ahora bien, considero que no es un mismo juego para Calderón que para Peña. Calderón es, claramente, el villano favorito de AMLO, no así Peña Nieto. Persigue a Calderón; mientras que con Peña se hace cada vez más evidente que existe un pacto de impunidad. En el arranque del sexenio pareció que se emprendería una cacería de priistas, hoy todos han sido exonerados y están libres, mientras se festeja la acción de la justicia estadounidense sobre Genaro García Luna, secretario de Seguridad con Calderón.
Parece claro que mientras Calderón, en su guarida madrileña, analiza sus opciones políticas y legales; Peña Nieto pasa los días en algún campo de golf de la capital española. ¿Se habrán reunido ya? ¿Habrán tenido quizá un intercambio de ideas?
Parece claro que Peña Nieto no tiene de qué preocuparse, protegido por su pacto con López Obrador; Calderón, en cambio, se encuentra en el ojo del huracán, esperando que quede atrás el ciclo noticioso de la condena a García Luna y apostando a que su exsecretario no busque suavizar su inminente condena, declarando verdades o falsedades que afecten a Calderón.
Sin duda es penosa la soledad del expresidente Calderón, además del comunicado que él mismo publicó, y de la defensa de su hijo Luis Felipe, brillaron por su ausencia las voces de muchos calderonistas que le juraron eterna lealtad cuando estaba en el poder. Algunos, como el senador hoy morenista, Germán Martínez, fueron más allá y pidieron se aplicará la ley, caiga quien caiga. Mal agradecidos, quizá. Esto es más grave aún porque como secretario de la Función Pública, Germán tenía a su cargo la vigilancia de los actos de los secretarios de Estado en el primer tramo del sexenio calderonista. Después presidió el PAN nacional, hasta el duro revés de las elecciones intermedias de 2009. En ese entonces, Germán no puso en duda las actuaciones del secretario de Seguridad, García Luna. Nadie lo hacía, excepción hecha de sectores de la oposición más radical, de algunos integrantes del Ejército y la Marina o periodistas destacadas como Anabel Hernández y Peniley Ramírez.
Resulta más penoso ver que aquel arrojado Felipe, al michoacano echado para delante, al “hijo desobediente”, esté calculando política y legalmente un comunicado, en lugar de hacer una defensa firme de su nombre y de su administración.
¡Caray!, fue Presidente de la República, ¿qué mayor honor puedes tener? Si tienes las manos limpias te enfrentas a viento y marea. Tomas el primer avión a Ciudad de México y proclamas: “Aquí estoy, no tengo nada qué esconder, voy a México, Andrés Manuel, acepto tu reto de acudir a la mañanera”. De pasada, asumes un liderazgo que tanta falta hace a la oposición. Pero no, el sistema es el sistema, tiene sus reglas y alinea a todos, al menos eso parece.
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