Las dos amenazas para Coahuila
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Esperemos a los supersabios mexicanos para saber en qué lugar se les ocurre hacer su escarbadera para agotar, de una vez por todas, el agua de los coahuilenses. Diosito nos agarre confesados
Queda de manifiesto que las buenas noticias para unos son pésimas para otros. Y es que, en esta tierra, la política económica ($$$$) tiene preferencia sobre los temas éticos y de respeto al medio ambiente.
De esa manera, allá por el 2003, con algarabía había sido anunciada la construcción de la planta de la cervecería Modelo en Nava (luego Constellation Brands), como respuesta a la grave crisis de desempleo en la región norte.
Poco a poco, a lo largo de los años, los pobladores de la región de los Cinco Manantiales se dieron cuenta de que aquello no era ni la panacea ni mucho menos la solución a esa crisis, sino una verdadera tragedia ecológica que afectó no solamente el surtimiento de agua potable a las comunidades de Allende, Nava, Morelos, Zaragoza y Villa Unión, sino también más allá: al riego y, por ende, a las cosechas.
La compañía vendió al gobierno de Coahuila la idea de un verdadero holding que dotaría de empleo a miles de vecinos a través de la cervecería, la cartonera y la fábrica de envases; sin embargo, escondió deliberadamente la verdadera fuente del daño a las comunidades, derivado de una sequía de la fuente de aguas subterráneas y de una veta que se está agotando, sin mayor miramiento de las autoridades.
En 2018, este charro de levita denunció el uso indiscriminado de las aguas en un artículo donde describí a dos monstruos del consumo, uno de ellos el de Constellation Brands. Resulta que, antes de la ampliación negada por sus dueños, la cervecera utilizaba 3.5 litros de agua para producir un litro de cerveza y los directivos se molestaron por ese dato, alegando que habían logrado una reducción considerable, aunque nunca mencionaron cuánto, y amenazaron con denunciarme a través de un jilguerillo, hoy venido a menos y corrido de la empresa por la puerta trasera, de cuyo nombre no quiero ni acordarme.
Lo interesante es que me mencionaron que Constellation Brands no tenía responsabilidad alguna en caso de una denuncia ciudadana, ya que solamente era propietaria de la marca, no de las instalaciones. ¡Háganme el favor!
Lo cierto es que hoy la planta produce 28.5 millones de hectolitros de cerveza al año, con un gasto de agua de 42.3 millones de hectolitros en el mismo periodo. En una cuenca donde la extracción subterránea mediante pozos alcanza los 54.6 millones de hectolitros anuales, la sola planta absorbe el 77 por ciento del agua de la región. Esto deja al sector agrícola y al consumo humano una cantidad insuficiente para el cultivo, mientras que el gasto de agua de la cervecería se destina principalmente a la limpieza y enjugado del producto, no para su destilación. ¡Haya cosa!
Lo peor es que el “beneficio” en materia de fuentes de empleo es ridículo: la industria cervecera de la región da trabajo a 2 mil 967 personas, mientras que una sola maquiladora de Piedras Negras emplea a cerca de 4 mil. Es decir, el impacto de ingresos vía impuesto sobre nóminas al gobierno es mayor en una sola empresa de Piedras Negras que en las tres compañías del holding cervecero y con cero impacto ambiental.
Y no podíamos con ese “monstruo” cuando llegó la noticia del fracking, es decir, la técnica de extracción de gas natural a través de agua a presión, y lo peor, cerca de la frontera, en lo que se conoce como la cuenca de Burgos.
Esta cuenca, de la que forma parte el norte de Coahuila, es una veta inmensa de gas natural que había estado esperando la oportunidad de ser aprovechada a través de la técnica narrada y autorizada en tiempos de Peña Nieto, después satanizada por la 4T y ahora revivida por la presidenta Sheinbaum.
Si bien es cierto que la técnica es cuestionable y, por más académicos que la anuncien como factible (por cierto, sin ninguna experiencia práctica), resulta más peligroso el lugar en el que se pretenden hacer las extracciones, ya que la forma acostumbrada por nuestros políticos es escarbar cerquita del río Bravo, como sucedió con Micare en la década de los setenta, con los daños producidos al río Escondido, el cual prácticamente desapareció. La pregunta es: ¿por qué, siendo que en la región fronteriza de Texas también hay carbón a borbotones, los gringos no lo explotan? ¡Ah!, porque saben los efectos de las filtraciones. Si pendejos no son.
El gas shale del otro lado de la frontera se explota en la región de Carrizo Springs, es decir, a 43.2 millas de la frontera; estos ojitos lo vieron. Esperemos a los supersabios mexicanos para saber en qué lugar se les ocurre hacer su escarbadera para agotar, de una vez por todas, el agua de los coahuilenses. Diosito nos agarre confesados. Ya se dijo, ojalá no sea esto una premonición.