Las elecciones de mitad de mandato no arreglarán la política estadounidense
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El mayor problema para los republicanos son los independientes, más de dos tercios de los cuales hoy desaprueban la gestión de Trump
Por David W. Brady y Michael Spence, Project Syndicate.
STANFORD- Con la agitación política que sacude a Estados Unidos, el debate sobre las elecciones legislativas de mitad de mandato de este año, que se celebrarán en noviembre, ya está cobrando impulso. En las elecciones clave del año pasado, los demócratas obtuvieron una serie de victorias, entre ellas las elecciones a gobernador en Nueva Jersey y Virginia, las elecciones especiales a la Asamblea General de Virginia y las elecciones a la alcaldía de Miami y Nueva York. Si bien esto es un buen augurio para los demócratas en las próximas elecciones de mitad de mandato, es probable que la política estadounidense siga siendo disfuncional durante mucho tiempo.
En las elecciones presidenciales de 2024, Donald Trump y su oponente, la exvicepresidenta Kamala Harris, obtuvieron cada uno más del 90% de los votos de sus respectivos partidos. Sin embargo, una amplia encuesta de YouGov reveló que, entre los votos que Harris perdió frente a Trump, se encontraban los de los demócratas que consideraban la inflación como el tema más importante (12%). Entre los independientes que consideraban que la inflación, la economía y la inmigración eran los tres temas más importantes (20%, 15% y 12%, respectivamente), Trump superó a Harris por más de 40 puntos.
Las victorias demócratas del año pasado reflejan las mismas preocupaciones económicas, pero con resultados diferentes. A finales de 2025, los votantes estadounidenses consideraban que la inflación (24%) y el empleo y la economía (16%), junto con la sanidad (11%), eran los temas más importantes, según una encuesta de The Economist/YouGov. Sin embargo, a diferencia de 2024, se consideraba que los demócratas estaban mejor preparados para abordarlos. Incluso los republicanos que incluyen estos temas entre sus prioridades son entre un 10% y un 15% menos propensos a decir que votarán por el partido en las elecciones intermedias de 2026 que los republicanos que no los mencionan.
El mayor problema para los republicanos son los independientes, más de dos tercios de los cuales hoy desaprueban la gestión de Trump en materia de economía e inflación. Cuando se les preguntó si votarían por los demócratas o los republicanos en las elecciones de mitad de mandato, les dieron a los demócratas una ventaja del 16%. Dado que los demócratas solo necesitan ganar cinco escaños para obtener la mayoría en la Cámara de Representantes, sus posibilidades de éxito parecen altas.
Pero, si bien el control demócrata de la Cámara de Representantes frenaría algunas de las políticas de la administración Trump, no supondría un cambio significativo en el panorama político estadounidense. En cambio, los dos principales partidos políticos de Estados Unidos seguirán intercambiándose el poder, como ha sucedido durante las últimas décadas.
Sin duda, los demócratas disfrutaron de 48 años de dominio desde 1932, en el punto álgido de la Gran Depresión. Pero desde que el candidato republicano Ronald Reagan ganó las elecciones presidenciales de 1980, el liderazgo ha cambiado constantemente de manos. Reagan consiguió un segundo mandato en 1984, pero los republicanos perdieron el Senado dos años después. El republicano George H. W. Bush ganó la presidencia en 1988, pero el demócrata Bill Clinton lo privó de un segundo mandato en 1992.
En las elecciones de mitad de mandato de 1994, los republicanos ganaron la Cámara de Representantes por primera vez en 40 años. Si bien Clinton se aseguró la reelección en 1996, fue sucedido por el presidente republicano George W. Bush, que no solo cumplió dos mandatos consecutivos, sino que también se benefició de seis años de control republicano del Congreso.
El presidente demócrata Barack Obama fue elegido en 2008, pero en las elecciones intermedias de 2010, los republicanos obtuvieron la impresionante cifra de 64 escaños en la Cámara de Representantes. Aunque Obama volvió a ganar en 2012, lo sucedió Trump. Sin embargo, los republicanos volvieron a perder el control de la Cámara de Representantes en las elecciones intermedias de 2018. En las elecciones de 2020, Trump fue derrotado por el exvicepresidente de Obama, Joe Biden.
La euforia que sintieron los demócratas se vio atenuada en las elecciones intermedias de 2022, cuando perdieron la Cámara de Representantes, y se apagó cuando Trump ganó una segunda presidencia en 2024. Es probable que las próximas elecciones intermedias vuelvan a inclinar la balanza -pero por poco-. El péndulo político de Estados Unidos seguirá oscilando.
Una de las razones principales es que los gobiernos y los líderes suelen perder protagonismo una vez que llegan al poder -y no solo en Estados Unidos-. El gobierno francés tiene un índice de aprobación de tan solo el 16%, según una encuesta de YouGov de diciembre de 2025. Al gobierno británico no le va mucho mejor, con un 17%. Los índices de aprobación son ligeramente superiores en Alemania (25%) y en Dinamarca, Italia y España, todos por encima del 30%, pero incluso en estos países la mayoría desaprueba a sus líderes.
Los ciudadanos se quejan de que sus líderes no han sabido abordar desafíos importantes, como el crecimiento lento, la inflación, la falta de viviendas asequibles, la desigualdad y el cambio climático. Más de la mitad de la población de Estados Unidos y Europa considera que las pensiones públicas son demasiado bajas, y un porcentaje significativo de jóvenes cree que el sistema de pensiones no será viable ni solvente cuando ellos se jubilen.
Sin embargo, muchos de estos problemas son muy difíciles de resolver, especialmente antes de las próximas elecciones, y el público rara vez confía lo suficiente en sus líderes como para darles más tiempo. Por lo tanto, cuando un presidente en funciones no logra resultados, los votantes suelen optar por darle una oportunidad a la oposición. Estos cambios de rumbo constantes hacen difícil poder mantener las políticas el tiempo suficiente para marcar la diferencia, y la incertidumbre política resultante puede desalentar la inversión a largo plazo. Mientras tanto, la falta de avances refuerza la desconfianza en los funcionarios electos, lo que podría llevar a los votantes a volverse contra el “establishment” y a apoyar a los “disruptores” populistas que agravan la incertidumbre.
En Estados Unidos, la frustración con las élites poderosas es uno de los pocos sentimientos que abarca todo el espectro político. La última encuesta de The Economist/YouGov de 2025 reveló que el 91% de los demócratas, el 75% de los republicanos y el 83% de los independientes piensan que las instituciones políticas han sido “capturadas por los ricos y poderosos”. Asimismo, el 80% de los demócratas, el 70% de los republicanos y el 80% de los independientes coinciden en que las decisiones políticas importantes se toman, en gran medida, a puertas cerradas, sin una rendición de cuentas públicas.
Es muy posible que los votantes estadounidenses apoyen al Partido Demócrata en las elecciones de mitad de mandato de este año. Sin embargo, es probable que ni estas elecciones ni las presidenciales de 2028 den lugar a un reajuste significativo de la política estadounidense ni a un gobierno capaz de mantener políticas el tiempo suficiente para abordar los problemas que enfrenta el país. En los próximos años, cabe esperar más parálisis política que avances en materia de políticas. Copyright: Project Syndicate, 2026.
David W. Brady es profesor de Ciencias Políticas y Valores de Liderazgo en la Universidad de Stanford y miembro sénior de la Hoover Institution. Michael Spence, premio Nobel de Economía, es profesor emérito de Economía y exdecano de la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford, así como coautor (junto con Mohamed A. El-Erian, Gordon Brown y Reid Lidow) de Permacrisis: A Plan to Fix a Fractured World (Simon & Schuster, 2023).