Las Pudencianas: El poder del linaje

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Opinión
/ 14 abril 2026

La abuela Pudenciana, con una representación poderosa de todo un linaje femenino, da nombre a este viñedo boutique en Parras de La Fuente, Coahuila.

Lo más bello de la vida es lo fortuito, esos momentos que llegan sin esperarlos, y así fue mi encuentro con Las Pudencianas. Su propietario, Eduardo Narro, me invitó a una experiencia de vino creación.

Ataviado con una guayabera blanca, nos recibió con una sencillez y amabilidad en su sala de catas, donde Pudenciana es honrada con una foto que nos lleva al pasado, una decoración que expresa, que dice y que muestra la sencillez y buen gusto: un legado familiar.

La cocina es buenísima, gratamente no sirven pizzas, y no porque no me gusten, es porque creo fielmente que el vino mexicano y la cocina mexicana tienen un amorío, se comen a besos y encajan perfecto. Unos taquitos oaxaqueños con queso, mole y chorizo; el plátano macho hace que otorgues el sí quiero, un ceviche de atún tan delicioso con mango y aguacate, unas costillitas de cerdo en su punto, y algo como la serendipia, fueron unos tropiezos de pepitas verdes tatemadas que en el retrogusto fueron una revelación de sabor. La pepita, como el amaranto, son de nuestras joyas gastronómicas, después del maíz.

Con una vista hermosa hacia tu propio horizonte, el que se va creando con tu experiencia, fuimos ensamblando el vino; pausado y sereno Eduardo nos guió amablemente a disfrutar de este proceso sensorial. Buena platica, que endulzamos con estos postres que evocan a las raíces de los pueblos, una delicia tipo mil hojas de campechanas con nieve, con unas notas de algún licor qué no pude identificar... quizá amaretto.

Al paso de la tarde nos dieron la primicia qué habrá experiencias de vino creación en Las Pudencianas Saltillo, a cargo de sus anfitriones Mayela y Francisco. En la calle Puerta del Sol #804, fraccionamiento Puerta del Sol, con la propuesta de un viñedo urbano con una sala petit comité para 60 personas aproximadamente. Así que muy pendientes para este mayo próximo.

Muchos años de visión, de práctica y colaboración con las femeninas de la casa, que han llevado a este sitio a ser una visita por excelencia en Parras y ahora en Saltillo. Eduardo dice orgulloso: “Trabajo con mis tres hijas, con Las Pudencianas”. En lo holístico, cuando un masculino reconoce a su femenino, con amor se crea una energía rosada como si fueran cuarzos en los campos de energía. Misma como la tonalidad de su vino rosado.

Pero no puedo pasar por alto el detallazo de brindarme una noche y disfrutar de sus suites con visitas increíbles, la dualidad de su vegetación. Los detalles, amanecer con el desayuno en puerta, ¿Qué más es posible? Queremos más de esto, por favor.

Aún con la comilona cené un espectacular un filete miñón y un diferente carpaccio de betabel. Con técnica, estilo y también su precio accesible, como si no supiéramos que un kilo de remolacha vale treinta pesos.

En algún momento creí que saldría Sara, de la mano de Francisco I. Madero, a encaminarnos a la salidas y educadamente invitarnos a prender los focos del estanque de la luz, en una sesión de espiritismo turístico y nobleza para todas las almas estresadas por trabajo, tráfico y otros detalles de ciudades cercanas más grandes que Parras.

Muy recomendable también su vino blanco para estas temporadas calurosas. Logré encorchar mi botella con un blend a mi gusto, con el título de Los Sibarilovers, grupo de borrachos y comelones de un selecto grupo de hambrientos amigos.

Las Pudencianas nos recuerda al círculo luminoso femenino y la honra amorosa del masculino; Pudenciana nos abre los caminos a todas.

Gracias, Eduardo Narro, por tan grata experiencia.

Recuerda: el vino no te pone borracho, te pone fantástico.

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Mayora de cocina tradicional y estudiosa de la gastronomía mexicana. Nacida en una olla de barro en ebullición con el caldo de los frijoles negros. De raíces Oaxaqueñas, viviendo en Coahuila, con matices Veracruzanos por parte de padre. Una cocina migratoria, concebida para el mismo fin: disfrutar la mesa.

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