Llegó Riquelme: ganadores y perdedores
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No vence quien captura más piezas, sino quien ocupa mejor los espacios del tablero
La designación de Miguel Riquelme como presidente municipal de Torreón no representa únicamente un relevo administrativo: significa el reacomodo del tablero político de Coahuila. Hay decisiones que cambian a las personas; otras modifican el equilibrio del poder. Ésta pertenece a la segunda categoría.
Desde la óptica del Go (juego nacido en China hace 2 mil 500 años), la cuestión no es quién derrota a quién, sino quién amplía su influencia y quién pierde espacios. Bajo esa lógica, ¿qué actores políticos ganan y cuáles pierden con el arribo de Riquelme a la presidencia municipal?
Gana Riquelme porque, con mayor madurez y experiencia, regresa a gobernar la ciudad donde nació e inició su trayectoria política.
Gana Torreón porque Riquelme pondrá al servicio del municipio sus capacidades para fortalecer la seguridad, atraer inversión, generar empleo y atender asuntos cotidianos (transporte, agua, pavimentación, bacheo e imagen urbana).
Gana la Región Laguna porque con Riquelme se convierte en el eje de la estrategia política regional del gobernador Manolo Jiménez rumbo a los procesos electorales de 2027 y 2029.
Gana el gobernador al consolidar una alianza personal, política e institucional con Riquelme, construida desde 2018.
Gana el PRI estatal bajo la conducción de su presidente Carlos Robles y de su responsable de operación política, Diego Rodríguez.
Gana Gabriel Elizondo al asumir el escaño que deja Riquelme en el Senado. Los coahuilenses esperaríamos que privilegie el trabajo legislativo por encima de la promoción política con el sello de Mejora en la Cámara.
Gana Javier Díaz porque cuenta con la confianza simultánea del gobernador y del nuevo alcalde de Torreón para reelegirse en la alcaldía de Saltillo y fortalecer su posición rumbo a la sucesión gubernamental de 2029.
Gana Verónica Martínez porque su cercanía con Riquelme le permitiría ser considerada para la alcaldía de Torreón en 2027 o, si las circunstancias de género lo exigieran, para la gubernatura en 2029.
Gana el equipo cercano a Riquelme que, sin soslayar críticas a algunos de ellos, está integrado por perfiles con vasta experiencia administrativa y política; entre ellos están Eduardo Olmos, Javier Lechuga, Jorge Torres, Lauro Villarreal, Xavier Herrera y Fernando Gutiérrez.
Pierde Jericó Abramo Masso, quien aspiraba a la alcaldía de Saltillo como plataforma para buscar la gubernatura. La reelección de Javier Díaz, producto del entendimiento entre Jiménez y Riquelme, reduciría considerablemente esa posibilidad, por lo que tendría que concentrarse en conservar su espacio como diputado federal en 2027.
Pierden Luz Elena Morales y Federico Fernández ante el fortalecimiento de Javier Díaz, cuya nueva posición política disminuiría, al menos por ahora, sus posibilidades rumbo a 2029.
Pierde Miguel Mery, quien añade un nuevo revés político a su trayectoria de fracasos. Desde los primeros momentos de la enfermedad del hoy finado Román Cepeda, Mery instaló una casa de gestión en la prolongación Colón, frente al Tribunal Agrario de Torreón, con el propósito de impulsar anticipadamente su candidatura.
Pierde Hugo Dávila al no dimensionar sus capacidades frente al tamaño del reto político que implicaba la sucesión municipal para Torreón y Coahuila.
Pierde el grupo de los “cepedistas”. La muerte de Román Cepeda dejó un vacío de experiencia, carácter, liderazgo y visión que hoy ningún liderazgo interno puede llenar. En este nuevo escenario, Riquelme emerge como la principal figura de cohesión de los distintos grupos políticos de Torreón. No hay más.
Así ocurre en el Go: no vence quien captura más piezas, sino quien ocupa mejor los espacios del tablero. El objetivo no consiste en destruir al rival, sino en ampliar espacios de influencia, construir equilibrios con el adversario y administrar con inteligencia cada movimiento, tal como lo ha hecho Riquelme en su carrera política, lo cual le ha permitido entender el momento, construir alianzas duraderas y ocupar los espacios disponibles con paciencia, carácter, legitimidad y sentido estratégico.
La llegada de Riquelme, sin embargo, no representa el final de una partida, sino el inicio de otra. El tablero político de Coahuila acaba de redistribuir sus piezas y, con ello, cambió el equilibrio del poder. Quienes hoy celebran o lamentan este movimiento harían bien en recordar una de las lecciones más antiguas del Go: ninguna posición es permanente mientras exista un solo espacio por conquistar.