Los muertos de hambre no dan clase
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Los profes llegan caminando desde Escobedo porque no tienen ni para el camión
El interior de un refrigerador. Es de día. La cámara dentro del refrigerador. Se abre la puerta. La luz ilumina el rostro demacrado de un docente de posgrado.
El doméstico es desierto blanco. Media cebolla oxidada, un bote de yogur que en realidad tiene frijoles de hace tres semanas (ya con vida propia) y una botella de agua de la llave.
Docente (Al vacío) ¿Saben qué es lo mejor de la pedagogía moderna? No necesita calorías. El espíritu se alimenta de puros créditos académicos.
Cierra la puerta. Corte a negro.
Escena dos. Las oficinas del olimpo.
Día. Planos detalle Ventilador de techo gira lentamente, cortando el humo de un cigarro caro. Ya no existe. Ahora todo es vape. Entra Alfonso Romo Garza. Camina como si el suelo de Monterrey fuera de su propiedad, porque en su cabeza, lo es. Se sienta frente a un escritorio de caoba. Vale lo que tres años de sueldos de la Facultad de Derecho.
A su lado, el Rector Héctor asiente con la frecuencia de un juguete de tablero de coche. Al fondo, la señora Tamez, secretaria administrativa, cuenta billetes invisibles o quizás solo reza el rosario sobre una hoja de Excel llena de números rojos.
Alfonso (Voz de barítono, calma de tiburón) Héctor, explícame la metafísica del hambre. Porque yo duermo como un bebé. Tengo guardaespaldas y una cuenta en las Islas Caimán, pero bebé al fin.
Rector Héctor. Alfonso el problema son los maestros tienen con esta extraña manía de querer intercambiar su tiempo por, bueno, por dinero. Dicen llevan mes y medio sin ver un peso. Algunos casi dos. Se están poniendo creativos con las excusas para no venir.
Alfonso (Ríe, una risa seca, como papel de lija) ¿Dinero? Qué falta de visión. ¿Acaso no saben quién soy? Yo vendí La Moderna. Yo hice a los mexicanos fumar hasta les salieran flores en los pulmones. Yo manejé Vector, donde el dinero bailaba tan rápido ni la ley podía seguirle el paso. El lavado de dinero es solo forma de higiene financiera, Héctor. ¡Higiene! Señora Tamez (Sin levantar la vista de sus papeles).
Don Alfonso, en el estanquillo de la esquina ya no les fían ni un chicle. Los profes llegan caminando desde Escobedo porque no tienen ni para el camión. Se están cortando la luz en sus casas. El sistema dice que tenemos pasivos. Bueno, tenemos más deudas a neuronas en el departamento de planeación.
Alfonso. Diles es un retiro espiritual. Una desintoxicación del capitalismo. La UMM no es una universidad, es un experimento de supervivencia.
Escena tres. El Profesor de filosofía intenta empeñar su edición de lujo de “El Capital”. El encargado de la casa de empeños lo mira con lástima.
Profe, esto no vale ni un taco de trompo. Tráeme un microondas, o el cobre de tu casa.
Profesor. No tengo cobre. Me cortaron la luz hace quince días. Mi esposa está cocinando con leña en el patio, pero ya nos acabamos las sillas del comedor.
Corte. El trabajador administrativo frente a una tienda de barrio. Ándale, Don Chuy. Solo un litro de leche y un kilo de huevo. Se lo pago en cuanto la Tamez suelte la quincena.
Don Chuy (Detrás de una reja). Ese cuento ya tiene dos meses, m’hijo. Tu jefe es Romo, ¿no? Ese hombre no paga ni los pecados. Dile si él duerme bien, es porque tiene el colchón relleno de los sueldos de ustedes. Aquí ya no entras
Escena cuatro. Montaje de negocios exitosos. Vemos recortes de prensa antiguos. Romo y la biotecnología. Romo y la Casa Blanca de la 4T. Romo y las investigaciones por lavado. La música es un surf-rock estridente. Alfonso es un mago. Desaparece el dinero en un lugar y lo hace aparecer en otro, usualmente donde no hay trabajadores. Es el arte de la limpieza. La UMM es su caja de Petri. ¿Cuánto puede aguantar un docente sin comer antes de comenzar a dar clases sobre la fotosíntesis como método de nutrición humana?
Escena 5. La reunión de los condenados. En un aula sin aire acondicionado (porque no han pagado la luz del edificio), un grupo de maestros susurra. Parecen extras de una película de zombies, pero con títulos de maestría.
Docente uno. Escuché a la Tamez tiene un fondo secreto, pero es solo para comprar el tinte de pelo del Rector. Docente dos. Yo escuché a Romo está usando nuestro sueldo para apalancar una nueva inversión en Marte. Dice que allá no hay sindicatos.
Docente uno. Desayuné aire. Sabe un poco a esmog de la Avenida Juárez, pero llena.
Escena seis. El despacho real. Noche. La luz de la luna entra por el ventanal. Alfonso Romo sirve dos whiskys. Uno para él, otro para su ego. Héctor y la Tamez están en las sombras, como gárgolas administrativas.
Alfonso ¿Saben por qué duermo bien, Héctor? Porque el capital no tiene sentimientos. El capital es un tiburón. Si deja de nadar, se muere. Y para yo nadar, otros deben hundirse. Es física básica.
Réctor Héctor. Pero Alfonso, la gente se está muriendo de hambre. Literalmente.
Alfonso (Sonríe, mostrando sus carillas perfectamente blancas) No se mueren, Héctor. Se optimizan. Un trabajador con hambre es hombre sin fuerzas para protestar. Es el modelo educativo del futuro: la Universidad del Ayuno Perpetuo.
Señora Tamez ¿Y los pasivos, jefe? ¿Las deudas? Alfonso. Los pasivos son como los ex-amigos en la política: se ignoran hasta desaparecer. Sirve más whisky, Tamez. Y dile a los profes mañana hay junta, pero deben traer su propio café, porque aquí ya nos cortaron hasta el agua purificada.
Escena final. Exterior UMM. Amanecer. Un sol naranja y sucio sale sobre el centro de Monterrey. Un docente intenta encender su coche, un modelo 2005. Tose humo negro. No arranca. No hay gasolina. No hay dinero. No hay esperanza.
El docente baja del coche, ajusta su maletín vacío y empieza a caminar los 10 kilómetros hacia la universidad. En su mente, suena una canción de Ennio Morricone.
En el reino de Alfonso, la educación es gratuita, especialmente para él, no paga a quienes la imparten. Mientras el Rector duerme en sábanas de seda y la Tamez cuadra el desastre, el resto de la ciudad desayuna la soberbia de un hombre. Cree el hambre es solo una variable de ajuste en su hoja de cálculo.
Bienvenidos a la Metropolitana. Pasen, si tienen fuerzas para caminar.
Fundido a negro. Créditos Producido por la insensibilidad. Dirigido por el cinismo. Guion original. El hambre de los trabajadores.