Los países del Golfo detienen a ‘traidores’ chiíes en medio de la guerra con Irán
Decenas de ciudadanos del golfo Pérsico han sido acusados de pertenecer a células terroristas vinculadas a Irán mientras la guerra acelera un giro hacia un autoritarismo más profundo en la región
Por: Vivian Nereim
En Kuwait, las autoridades detuvieron a seis personas que, según dijeron, conspiraban para asesinar a los dirigentes del país. En los Emiratos Árabes Unidos, las autoridades acusaron a 27 hombres de pertenecer a una organización terrorista secreta. Y en Baréin, el gobierno ha despojado a decenas de personas de su ciudadanía.
Las acusaciones pueden ser diferentes, y en muchos casos vagas, pero todos estos hombres tienen algo en común: son chiíes, miembros de una de las dos ramas principales del islam, según sus gobiernos y los activistas de derechos humanos.
Tras el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero, este país tomó represalias lanzando miles de ataques contra los Estados del golfo Pérsico que albergan bases militares estadounidenses. Desde entonces, algunos de esos países han detenido a decenas de ciudadanos chiíes, tildándolos de traidores leales a Irán, país de liderazgo chiita.
Estudiosos y activistas de derechos humanos afirman que se ha producido un aumento de la retórica nacionalista en la región que tiene ecos de épocas pasadas en las que el sectarismo estaba más extendido. También subraya las formas en que la guerra ha acelerado un cambio hacia un autoritarismo más profundo en varias de las monarquías de la zona.
“Es comprensible que en tiempos de guerra aumente el nacionalismo, pero esta es una forma de nacionalismo rabioso que es excluyente y subyuga a una minoría significativa de ciudadanos que durante años se han quejado de la discriminación”, dijo Ala’a Shehabi, académico bareiní y activista prodemocrático.
Los gobiernos del golfo suelen revelar poca información sobre los casos relacionados con el terrorismo y la seguridad nacional. Esos juicios rara vez están abiertos a los periodistas, y las leyes antiterroristas son lo suficientemente amplias como para abarcar la disidencia política. Eso hace que sea difícil poder determinar los detalles de las acusaciones formuladas contra los hombres que fueron detenidos, o la veracidad de los cargos.
A menudo, el sectarismo ha desempeñado un papel en las tensiones políticas entre Irán y sus vecinos árabes. Irán es mayoritariamente chií, con el chiísmo duodecimano como religión estatal. La mayoría de las familias reales del lado árabe del golfo son suníes, miembros de la otra rama principal del islam, y gobiernan sobre poblaciones de mayoría suní, con minorías chiíes. Otros países de Medio Oriente, como Irak y Líbano, también tienen poblaciones mixtas suníes y chiíes.
Desde la revolución iraní de 1979, el gobierno iraní ha retratado a menudo a las familias reales del Golfo como marionetas del imperialismo occidental y, en algunos casos, ha tratado de atizar la disidencia entre los chiíes locales.
Aunque el estatus de los chiíes del Golfo difiere de un país a otro, desde hace tiempo muchos se quejan de marginación y discriminación. En Baréin –donde una familia real suní gobierna sobre una población de mayoría chií– el gobierno aplastó violentamente un levantamiento prodemocrático hace más de una década.
Sin embargo, en los últimos años, la retórica que presentaba a los chiíes como una “quinta columna” que buscaba socavar el Estado se había desvanecido en gran medida, y varios gobiernos del Golfo habían trabajado para reparar sus relaciones con Irán, considerándolo como una forma pragmática de fomentar la estabilidad regional.
La guerra ha hecho añicos esa incipiente diplomacia. Mientras los ataques iraníes impactaban instalaciones energéticas, hoteles y torres residenciales, matando al menos a 19 civiles, los países del Golfo han acusado a algunos de sus propios ciudadanos –en su mayoría chiíes– de socavar la seguridad nacional.
Las autoridades de Kuwait anunciaron que habían desbaratado al menos tres células terroristas vinculadas a Hizbulá, un grupo militante chií del Líbano que cuenta con el respaldo de Irán, incluida una que, según dijeron las autoridades, incluía a cinco ciudadanos kuwaitíes que planeaban asesinar a los dirigentes del Estado. La embajada kuwaití en Washington no respondió inmediatamente a una solicitud de comentarios.
Los anuncios de detenciones en Emiratos y Baréin han sido más opacos.
En Baréin, las autoridades anunciaron el 27 de abril que retiraban la ciudadanía bareiní a 69 individuos, incluidos dependientes, a los que acusaban de “glorificar o simpatizar con los actos hostiles iraníes, o de participar en contactos con partes externas”. Todos ellos eran bareiníes chiíes de ascendencia persa, según el Instituto de Baréin para los Derechos y la Democracia, un grupo de derechos humanos de Londres, que investigó sus antecedentes y entrevistó a algunos de ellos.
Y el sábado, el ministerio del Interior de Baréin anunció la detención de 41 personas, diciendo que habían pertenecido a una organización vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán. El mismo grupo de derechos humanos dijo en un comunicado que las detenciones habían incluido a 37 clérigos chiíes, y calificó las acusaciones de vínculos con Irán de “pretexto descarado para lanzar una repugnante campaña de persecución contra la fe chií en el país”.
Shehabi, académico y activista bahreiní, dijo que “el discurso del odio se está agudizando tanto que algunos suníes con nombres chiíes han publicado declaraciones en las que declaran su secta y su lealtad a las familias gobernantes”.
“Cuanto más golpea Irán a un Estado del Golfo, más se ensaña con sus ciudadanos chiíes, tratándolos como una quinta columna y acusándolos de terrorismo”, dijo.
En una declaración a The New York Times, el gobierno de Baréin dijo que “está actuando correctamente contra los pocos individuos en Baréin que representan una amenaza”.
“Según la ley bareiní, todas las personas están sujetas al mismo trato, sin tener en cuenta sus características personales, su género o su origen religioso”, añadió el gobierno.
Dijo que todos los detenidos eran “sospechosos de cometer actos violentos, incitar a la violencia” o de “amenazar la seguridad nacional, incluso compartiendo información sensible o inteligencia con actores hostiles”.
A lo largo de las décadas de 1980 y 1990, se atribuyó a militantes chiíes la autoría de atentados en varios países del Golfo: “terrorismo real en cierto sentido, atentados con bombas reales”, dijo Toby Matthiesen, profesor titular de islam global en la Universidad de Bristol.
Desde que comenzó la guerra con Irán, ninguno de los países del Golfo ha reportado atentados terroristas internos, dijo Matthiesen, aunque no podían descartarse esos ataques. Sin una mayor claridad sobre el fondo de las acusaciones, añadió, el discurso en torno a las detenciones sugería un retorno al sectarismo sancionado por el Estado, combinado con un mensaje hipernacionalista para “unirse en torno a la bandera”.
Esa tendencia ha sido más visible en los Emiratos. En abril, las autoridades anunciaron que habían detenido a 27 hombres que pertenecían a una “organización terrorista chií secreta” afiliada a Irán. Un comunicado publicado por la agencia oficial de noticias emiratí les acusaba de participar en “actividades para dañar la unidad nacional y desestabilizar el país”, afirmando que habían intentado reclutar a jóvenes emiratíes, “incitar contra la política exterior de los EAU” y “retratar negativamente al país”.
En un video oficial que acompañaba al anuncio se mostraba el material confiscado a los hombres, incluido un pequeño dron y fajos de billetes. La muestra también incluía símbolos cotidianos del chiísmo, como los turbantes que llevan los clérigos chiíes, libros académicos y pancartas decorativas que conmemoran el martirio del nieto del profeta Mahoma, Hussein, a quien los chiíes veneran.
El gobierno publicó las fotografías de los detenidos junto con sus nombres y apellidos, algo inusual en un país que suele divulgar solo las iniciales de los acusados para proteger su intimidad. En las redes sociales, los comentaristas progubernamentales comenzaron rápidamente a nombrar y avergonzar a los hombres, en algunos casos llamándolos traidores que merecían ser ejecutados.
“El hecho de que el Estado haya decidido difundir imágenes de los detenidos antes de que hayan sido sometidos a un juicio justo sugiere que ya se ha llegado a un veredicto para convertirlos en villanos a ellos y a sus comunidades”, dijo Mira Al Hussein, socióloga emiratí radicada en Reino Unido.
Al Hussein lamentó “el estado de paranoia” en el que han caído los Emiratos al volverse políticamente más represivos en los últimos años.
Dijo que un amigo chií de su país le había dicho que la comunidad estaba “en el filo de la navaja” y que “si la sociedad nos rechaza, no sabemos qué hacer”.
Los líderes religiosos chiíes de Pakistán también estiman que miles de pakistaníes chiíes han sido deportados de los Emiratos desde mediados de abril, a medida que se han deteriorado los lazos de Pakistán con los Emiratos.
El ministerio de asuntos exteriores emiratí no respondió a una solicitud de comentarios.
El 24 de abril, un sermón religioso televisado en todos los Emiratos advirtió a los oyentes contra quienes traicionan a su nación.
“¿No se han dado cuenta de que un liderazgo sabio ha cuidado de ellos y los ha rodeado de bondad?”, dijo el predicador, Abdullah Ibrahim Abdul-Jabbar.
Instó a los fieles a denunciar a cualquier persona de la que sospechen que les ha traicionado, “incluso si esa persona se encuentra entre sus más allegados”.
“La patria es más preciosa que todo, y el amor por ella no admite la división entre dos lealtades”, dijo.
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