Los votantes brasileños han cambiado de opinión
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Brasil parece camino a engrosar la creciente lista de países que viran hacia la derecha
Por Robert Muggah, Project Syndicate.
BERLÍN-Los brasileños se despertaron el lunes ante un panorama político diferente. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, quien se encuentra actualmente bajo arresto domiciliario por intentar anular las últimas elecciones presidenciales, ha obtenido el 47% de los votos en la primera vuelta de los comicios presidenciales de este año, frente al 45% que logró el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva. Brasil parece camino a engrosar la creciente lista de países que viran hacia la derecha.
De hecho, el primer puesto de Bolsonaro no refleja plenamente la verdadera magnitud del giro político de Brasil. El Partido Liberal (PL), de extrema derecha, también ha ganado cinco gobernaciones por mayoría absoluta, y sus aliados obtuvieron victorias en San Pablo, Goiás y otros tres estados. El partido ocupará 28 de los 81 escaños del Senado, lo que lo convierte en la facción parlamentaria más numerosa desde 1988. Fernando Haddad, exministro de Economía de Lula, perdió en San Pablo en la primera vuelta y, en Río de Janeiro, un candidato del PL que apenas el mes pasado iba 18 puntos por detrás del exalcalde, estuvo a punto de derrotarlo de forma rotunda.
Con una segunda vuelta presidencial programada para el 25 de octubre, Bolsonaro es ahora el claro favorito. Lula aún podría acortar distancias, pero no tiene margen para equivocarse. Desde 1989, todos los candidatos que lideraron la primera vuelta, y cuya elección se definió en segunda vuelta, terminaron imponiéndose en la contienda.
La demografía explica en parte este cambio. La edad mediana de la población de Brasil ahora es 36 años, frente a los 29 de 2010. Los brasileños gozan de mayor prosperidad que cuando el Partido de los Trabajadores (PT) de izquierda de Lula llegó al poder por primera vez en 2002, y los cristianos evangélicos ya representan más de una cuarta parte de la población. Dado que la delincuencia es la principal preocupación de los votantes, muchos anteponen el orden público a la redistribución, el punto fuerte del PT.
El PT nunca ha encontrado el discurso adecuado para llegar a ese tipo de votantes. Presenta a un candidato de 80 años para un cuarto mandato porque nunca elaboró un plan de sucesión. Hace tiempo que figuras talentosas han sido marginadas o alejadas, y la presencia de mujeres en puestos de liderazgo sigue siendo escasa. El PT hizo campaña con jingles de radio y mitines, mientras que la derecha dominó el espectro digital, logrando finalmente ganar terreno en muchos bastiones del PT.
La derecha también nacionalizó la política local. Las elecciones a gobernador y al Senado se convirtieron en plebiscitos sobre Lula, lo que permitió que la marca Bolsonaro incluyera a candidatos que eran desconocidos apenas unos meses antes. Muchos votantes votaron por la derecha en señal de protesta contra Lula. Dado que ese tipo de comportamiento suele reservarse para la segunda vuelta, esto sugiere que su decisión ya está tomada.
El Tribunal Supremo se convirtió en otro lastre para Lula. El juez Alexandre de Moraes lideró la causa por golpe de Estado contra Bolsonaro y ordenó su detención. Aunque Moraes fue nombrado por el presidente Michel Temer en 2017, muchos votantes llegaron a considerarlo una figura de la izquierda. El colapso del Banco Master reforzó esa percepción. El banco tenía un contrato por valor de unos 129 millones de reales (26 millones de dólares) con el bufete de abogados de la esposa de Moraes, aunque ambos niegan haber cometido irregularidades. Pese a que Flávio también se vio involucrado en el mismo caso, a raíz de unos mensajes sobre la financiación por parte del banquero Daniel Vorcaro de una película sobre su padre, la derecha sigue presentando al poder judicial como parte del bando de Lula.
Es cierto que el PT tiene un camino estrecho hacia la victoria, pero las cifras son implacables. Los candidatos presidenciales menores obtuvieron alrededor del 8% de los votos, y la mayoría de sus seguidores se inclinan hacia la derecha. Bolsonaro solo necesita un tercio de ellos, mientras que Lula debe ganar dos tercios de esos votos o atraer a varios millones de nuevos votantes entre los más de 33 millones que se quedaron en casa. Solo se convertiría en un ligero favorito si alrededor de siete millones de votantes adicionales fueran a votar y se inclinaran mayoritariamente a su favor, lo que requeriría una movilización en el noreste mucho mayor a todo lo visto en 2022.
Por lo tanto, la campaña de Lula debe centrar la segunda vuelta en la familia Bolsonaro. Puede llamar la atención sobre el hecho de que Eduardo, el hermano de Flávio, presionó en Washington para que se impusieran los aranceles y las sanciones que afectaron duramente a los exportadores brasileños el año pasado. Asimismo, los Bolsonaro son conocidos aliados del presidente estadounidense, Donald Trump, y según informes, la ABIN, la agencia de inteligencia brasileña, supuestamente les habría dicho a funcionarios europeos que Estados Unidos está interfiriendo en estas elecciones. Esas acusaciones convierten a la soberanía en un tema candente que Lula debe aprovechar.
Sin embargo, para disipar los temores sobre su edad y darles a los votantes de centro la confianza necesaria para apoyar a la izquierda, Lula debería comprometerse públicamente a ejercer solo un mandato más y a nombrar a un sucesor. También debe adoptar una postura más firme en materia de seguridad pública -un tema que el PT siempre le ha cedido a la derecha.
Con ese fin, las medidas contundentes del gobierno federal contra las redes financieras del Primeiro Comando da Capital, la mayor organización del crimen organizado de Brasil, le permite a Lula basar su campaña tanto en su gestión reciente en materia de seguridad pública como en las políticas económicas redistributivas del PT. El PT también necesita cortejar directamente a las mujeres evangélicas y a los trabajadores de la economía de plataformas, por ejemplo, abordando el costo de vida y promoviendo más prestaciones sociales que sean transferibles.
Pase lo que pase el 25 de octubre, la tarea más ardua vendrá después. El PT debe posicionarse para el Brasil que realmente existe: un país más envejecido, más próspero y más devoto, que está preocupado por la delincuencia. Eso requerirá una nueva generación de líderes.
Brasil forma parte de una tendencia más amplia a nivel hemisférico. En octubre pasado, las elecciones de mitad de mandato en Argentina dejaron a Javier Milei, el presidente de derecha, en una posición más sólida. Poco después, los hondureños desplazaron del poder al partido gobernante Libre y eligieron a un presidente conservador, Nasry Asfura. En Chile, el conservador José Antonio Kast ganó las elecciones presidenciales el pasado mes de diciembre. En Perú, Keiko Fujimori, hija de un expresidente de extrema derecha condenado por violaciones graves de los derechos humanos, se impuso en la segunda vuelta. Y en Colombia, el candidato de derecha Abelardo de la Espriella derrotó por un estrecho margen a Iván Cepeda, poniendo fin al dominio de la izquierda en el poder. La seguridad y el costo de vida fueron los factores decisivos en la mayoría de estas contiendas, y la izquierda tenía poco que ofrecer en este sentido.
Polonia supone otra advertencia. En 2023, una amplia coalición liderada por Donald Tusk desalojó del poder al partido antiliberal Ley y Justicia (PiS), en gran medida gracias a la movilización de mujeres y votantes jóvenes que anteriormente se habían abstenido de votar. Sin embargo, los esfuerzos del nuevo gobierno por restablecer la independencia judicial y revertir el control que el PiS había ejercido anteriormente sobre los medios públicos provocaron acusaciones de partidismo: así, en 2025, los polacos eligieron a un presidente de derecha, Karol Nawrocki, que está bloqueando gran parte de la agenda del gobierno. Derrocar a un gobierno antiliberal resultó ser la parte fácil. Mantenerse en el poder suele requerir avances en cuestiones cotidianas o relacionadas con la calidad de vida. Por muy importantes que sean las reformas institucionales, rara vez logran movilizar a los votantes.
Corea del Sur, en cambio, ofrece una lección diferente. Cuando el presidente de derecha Yoon Suk-yeol declaró la ley marcial en diciembre de 2024, la gente salió a la calle y los legisladores treparon vallas para llegar a la cámara parlamentaria y revocar la medida. El decreto duró apenas unas horas y, finalmente, Yoon fue destituido y procesado.
De manera similar, en Brasil, el Tribunal Supremo Federal y el Tribunal Electoral se mantuvieron firmes tras el intento de golpe de Estado de Jair Bolsonaro en enero de 2023. Pero el papel preponderante que desempeñó el poder judicial durante la crisis provocó una reacción populista que dio lugar a un nuevo Senado de tendencia derechista. A veces, las instituciones solo pueden preservar su legitimidad evitando dar la impresión de que se extralimitan en sus funciones.
La lección, tanto en Brasil como en otros lugares, es que los demócratas no pueden contar con que los tribunales los salven. Deben ganar terreno en los temas que preocupan a los votantes, empezando por la delincuencia, a la vez que protegen las instituciones independientes que necesitarán cuando estén en la oposición. Los brasileños elegirán a su próximo presidente dentro de tres semanas. Sin embargo, para que el PT recupere terreno firme, hará falta mucho más tiempo -incluso si esta vez logra una victoria ajustada. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Robert Muggah, cofundador del Instituto Igarapé y del Grupo SecDev, es miembro del Consejo Global del Futuro sobre las Ciudades del Mañana del Foro Económico Mundial y asesor del Informe sobre Riesgos Globales.