Lupe Chávez
COMPARTIR
Me entristeció la muerte de Guadalupe Chávez, gran icono del beisbol en Saltillo. Recibí la noticia de su fallecimiento por una llamada telefónica de Gerardo Almaraz, admirado colega a quien aprecio por su alta calidad profesional y humana.
No vacilo en decir que este artículo debería escribirlo mi querido hermano Carlos, quien con el seudónimo de “Emergente” hizo durante muchos años la reseña del Rey de los Deportes en nuestra ciudad, y que por eso conoció y trató de cerca a Lupe Chávez. Me justifico diciendo que he sido ferviente seguidor de los Saraperos desde que nació el equipo, y que incontables veces vi las hazañas en el diamante de aquel inolvidable short stop.
TE PUEDE INTERESAR: Con la P en la frente
Tiempos felices fueron para mí los del principio de la década de los setenta. Cuando iba a comenzar la temporada en el Madero, la amada eterna y yo madrugábamos para ir a las oficinas del club, en la calle de Victoria, y adquirir nuestros abonos. Buscábamos siempre los mismos lugares: tercera fila, entre el home y la primera base. Y es que se había formado un bonito grupo de aficionados en los asientos cercanos, y compartíamos no sólo el gusto por el juego y la devoción por el equipo de casa, sino también las viandas que llevábamos al estadio, y que intercambiábamos amigablemente: un lonche de huevo con chorizo por una hamburguesa; unos taquitos de chicharrón por unas gorditas de queso con rajas...
Sin restar méritos a otras grandes figuras del equipo, Lupe Chávez tenía una especial conexión con el público. Recuerdo la postura que asumía en el terreno: inclinado, con ambas manos en las rodillas, esperaba la línea o el roletazo del bateador rival. Recuerdo igualmente cómo en el primer lanzamiento del pitcher hacía como que iba a tocar la bola, aunque no fuera ésa su intención.
Lupe Chávez fue el primer jugador contratado para formar parte del naciente equipo saltillero. Durante 15 temporadas fue pilar del conjunto. Se ganó el cariño de la fanaticada por su sencillez y su entrega a la franela, y porque en cada juego ponía el alma y daba siempre lo mejor de sí al equipo.
Nuestra ciudad ha sido siempre beisbolera. Lo es desde antes del ya lejano tiempo de los Pericos de Saltillo, aquéllos de Rogelio “Limonar” Martínez, José “Chaperita” Medina, “la Tacua” Garza, Ramón Mendoza, “Cartucho” Regalado, que jugaban en el viejo estadio frente a la Alameda, en un campo de tierra. Repentinamente la levantaba el aire a veces, lo cual hacía que la Trucha Gutiérrez, eterno ampáyer, gritara a todo pulmón: “¡Táim!”, hasta que el ventarrón cedía y se recobraba la visibilidad. “¡Pley bol!”, gritaba entonces la Trucha, y se reanudaba el juego.
TE PUEDE INTERESAR: Aquí se habla de paraguas
Evocación es ésa de otros tiempos que me lleva a la primera época de los Saraperos, y a recordar con afecto y gratitud a esa gran figura, Guadalupe Chávez. Expreso mi sentimiento de pesar a su familia, a sus amigos, al equipo de casa y a la afición local. Jamás olvidaremos a aquel número 15, que en verdad fue el número uno. Admirable pelotero, extraordinario ser humano, Lupe Chávez seguirá viviendo siempre en nuestra memoria y en nuestro corazón.