Más cabrón que poeta

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Opinión
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Fui presentado como Decano del Colegio.... Ante los numerosos asistentes, decliné ese honroso nombramiento... y pedí autorización para ceder el decanato a un hombre –dije– a quien no sólo admiramos y respetamos, sino además queremos: el profesor Arturo Berrueto González

“¿Quién es el mejor hombre que ha vivido sobre la faz de la tierra?”. Esa inquietante pregunta se hicieron los cuatro parroquianos que compartían mesa en el Bar Ahúnda. Dijo el primero: “Es Cristo”. Su respuesta no fue aceptada: Jesús, a más de ser hombre, era también Dios en términos de fe. Propuso el segundo: “El mejor ejemplar de la especie humana es San Francisco de Asís”. Opinó el tercero: “Es Gandhi”. Uno de los contertulios iba a decir que el hecho de tener librerías no es suficiente mérito para recibir tan elevada distinción, pero en eso intervino el cuarto comensal. Manifestó con firmeza terminante: “El mejor hombre que en el mundo ha sido es Carmelino Patané”. “¿Carmelino Patané? –repitió uno–. ¿Quién chingaos es Carmelino Patané?”. Replicó, hosco, el declarante: “Es el difunto primer marido de mi esposa”. (El que dijo eso era también viudo cuando casó en segundas nupcias. Le es aplicable entonces un antiguo dicho que admite numerosas excepciones: “El hombre que enviuda y se vuelve a casar tiene deudas con el diablo y se las quiere pagar”)... La casona es vasta y recia. Se encuentra en el centro más céntrico de mi ciudad, Saltillo, a un costado de la Catedral, ahí donde el alcalde Chema Fraustro creó un bello paseo por el que ahora pasean saltillenses y visitantes. La finca se edificó en el siglo antepasado para servir de morada al obispo de la diócesis, pero cuando vino la Reforma fue expropiada, y en ella habitó en un tiempo don Benito Juárez con su familia y algunos de sus más fieles seguidores, entre ellos Guillermo Prieto, quien dejó fama imperecedera de que nunca se bañaba. Lo digo sin ánimo de ofender. Después la casa se convirtió en cuartel. Los mílites solían llevar ahí mujeres de la vida airada, y yogaban con ellas en el lugar mismo donde antes oraba Su Excelencia. Al paso de los años, el sitio tuvo un destino mejor. Don Óscar Flores Tapia, gobernador de gratísima memoria, lo llamó “Recinto de Juárez”, y lo hizo sede del Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas. A su inauguración asistieron historiadores de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Texas. Don Óscar les dirigió un mensaje que inició así: “Señores historiadores de las Provincias Internas de Oriente”. El público saludó la frase con un aplauso unánime, pues tales palabras evidenciaban conocimiento de la Historia en quien las pronunció. Ése es el único discurso que he oído aplaudir antes de empezar. Las evocaciones que hago me sirven de prolegómeno –por no decir que de pretexto– para decir que este pasado martes fui presentado ahí como Decano del Colegio, del cual soy el más antiguo colegiado. Ante los numerosos asistentes, decliné ese honroso nombramiento. Dije que debería ser otorgado no por el mero transcurso del tiempo, sino atendiendo a los méritos de la persona, y pedí autorización para ceder el decanato a un hombre –dije– a quien no sólo admiramos y respetamos, sino además queremos: el profesor Arturo Berrueto González. El cálido aplauso de los miembros del Colegio, las autoridades presentes y la concurrencia en general avaló la cesión que hice del título. Don Arturo expresó su agradecimiento, y con espléndida memoria recordó que su padre, don Federico Berrueto Ramón, maestro de maestros, le dijo alguna vez hablando de mí: “Ese muchacho cabrón es un poeta”. La gente rio porque acoté: “Más cabrón que poeta”. Precioso acto fue el del martes, lleno de calidez y de emoción. Con él dieron principio las lucidas Jornadas de Historia que cada año lleva a cabo el Colegio, y a mí me dio ocasión de no hablar hoy de política, lo que agradezco rendidamente desde el fondo de mi corazón... FIN.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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