¿Son efectivas las carteleras de cultura en Saltillo? Esto nos dijo un experto en diseño gráfico
Analizamos la estructura y utilidad de los documentos con los que eventos como el Festival Internacional de las Artes Saltillo y la Feria Internacional del Libro Coahuila presentan su programación
Con cientos de actividades durante varios días, a veces semanas, los festivales de cultura recurren a varias estrategias de difusión de sus programas, siendo la más convencional —y también la más popular— la cartelera.
Este documento agrega toda la oferta de estos eventos en un espacio que, en condiciones óptimas, debe ser práctico, conciso y accesible. Pensando en esto, en VANGUARDIA analizamos las carteleras de las actividades culturales masivas más recientes que se realizaron en Saltillo: la Feria Internacional del Libro Coahuila (FILC) y el Festival Internacional de las Artes Saltillo (FINA).
En conversación con Carlos Salas, doctor en Pensamiento Complejo, diseñador, artista y catedrático en la Facultad de Artes Visuales de la UAdeC, revisamos la extensión, jerarquía, identidad y otros de los elementos visuales propuestos por estos festivales para acercar su oferta al público.
Una de las primeras observaciones que hizo sobre la cartelera del FINA fue su extensión. Con 108 páginas —el tamaño de una novela breve—, la búsqueda de información puede resultar abrumadora para los usuarios. Si bien reconoce que el Instituto Municipal de Cultura publica los actos del día en sus redes sociales a lo largo del festival, para quien desee conocer el grueso de la programación o agendar citas futuras, este concentrado es la única opción.
“Me parece que en el diseño busca apelar a un público juvenil”, señala, “y vi una imagen en ‘La legión de los chidos’ que me parece está realizada con inteligencia artificial. No sé qué tan positivo sea, sobre todo por cómo está el panorama creativo”.
Esta cartelera se encuentra además integrada por dos formatos que exponen casi la misma información. Las primeras 55 páginas contienen los flyers individuales de los eventos, mientras que las restantes los organizan por día.
“Creo que la idea de un calendario funcionaría mejor, porque lo puedes visualizar mejor para programarte [...] Desde la parte del diseño tenemos que ahorrarle pasos al usuario; entre más fácil se lo pongamos, el mensaje es más efectivo”, menciona.
“Aquí puede pasar como en TikTok, que de repente estás deslizando y ya pasaron dos horas y no te acuerdas de lo que llegaste a ver. Creo que también pasa con la publicidad, que sí nos sale, pero no alcanzamos a registrarla. Mucho de esto lo vemos en nuestros celulares y ahí se podría dificultar la lectura”, agrega.
A pesar de la variedad de expresiones y disciplinas artísticas a las que pertenecen, considera que la identidad gráfica no se pierde. No obstante, la presencia de flyers de festivales ajenos —como el Festival Internacional de Guitarra, que cuenta con una página— puede hacer que su identidad choque con la del FINA.
“A veces no tienes tiempo para ver 108 páginas para encontrar cosas que no todas son de interés”, comenta.
La FILC, por su parte, ha mantenido un formato más convencional desde hace al menos 10 años. Las actividades artísticas y literarias se organizan por día y a partir de ahí por el espacio en donde se llevan a cabo. Esta cartelera de 44 páginas tiene a su favor la familiaridad que genera la tradición, pero al mismo tiempo ha crecido en propuestas para públicos específicos, con temáticas como cine, teatro, bienestar y salud, historia, ciencia y tecnología, entre otras. La pregunta es si esta variedad es visible para la audiencia.
“Sí, pero tienes que leerla. No es puntual la información, sino que cuando la lees vas a encontrar esto que me estás comentando y está explicado. Hay diferentes estrategias de comunicación en las que podemos sintetizarle al lector que no se detiene a leerlo todo, pues lo que queremos es que esto se transfiera”, menciona.
Salas considera que esta cartelera podría enriquecerse de la manera puntual en que la del FINA presenta sus eventos, destacando algunas de sus apuestas de entre la información uniforme que comparte.
“También se puede aprovechar la tecnología para meter una parte interactiva en donde al usuario se le presenten estos fragmentos temáticos, que no necesariamente implican que te tienes que leer todo el documento, sino que te van guiando de forma puntual para que detectes que esto es importante y le prestes atención. Es un asunto de jerarquía visual”, recomienda.
Salas concluye que uno de los principales objetivos de estos formatos es ser puntuales y económicos, para que no solo el público fiel —que buscará entre decenas o cientos de páginas sus opciones favoritas—, sino también el espectador casual, pueda encontrar algo que le agrade y lo llame al encuentro con la cultura.