Miedo y terror
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La alta participación en Coahuila es interpretada como una elección entre el temor a la continuidad priista y el rechazo a la propuesta política de Morena
Abrevamos hoy de la inagotable veta humorística del ínclito Cronista de Saltillo y -con su dispensa- rescatamos de su antología de cuentos y chascarrillos para la mediana edad ese destilado de sabiduría que es La Diferencia Entre Miedo y Terror:
Miedo es la primera vez que no puedes por segunda vez. Terror es la segunda vez que no puedes por primera vez.
¡Qué bárbaro, maestro Catón! Ni Vincent Price, ni Peter Cushing, ni Christopher Lee... Es más, ni Stephen King habría podido precisar con tal acierto y capacidad didáctica, la diferencia entre el miedo simple y el más puro terror.
Con su asistencia a las urnas, los coahuilenses aleccionaron al resto de México sobre esa pequeña enorme diferencia:
—¿No tienes miedo de que el PRI te gobierne por otros 100 años?
—La verdad sí, pero me da terror de tan solo pensar que Coahuila se llegara a pintar de color guinda Morena.
Así de simple, así de sencillo. Causa miedo y desazón vivir en nuestro dinosáurico, antediluviano y tricolor Coahuila, en efecto. Pero provoca terror y ataques de pánico la pura idea de que nos lo quieran venir a cuatri-transformar.
Y esto quedó demostrado de manera bastante contundente, pues el partido del oficialismo nacional parece no haber logrado ganar en las urnas ni uno solo de los escaños locales que estaban en disputa. O para decirlo en elegante jurásico: Carro completo para el Revolucionario.
La estrategia del Movimiento de Regeneración Nacional fue su consabido numerito, el mismo con el que reiteradamente han perdido en Coahuila escaños federales y hasta la Gubernatura: Sacar el petate del muerto para poner a competir al PRI con sus pecados de pasadas administraciones, con énfasis en la Megadeuda y el nombre del estigma impronunciable: Los Moreira.
Y es perfectamente legítimo, ¡desde luego que lo sería!, pero conociendo la seriedad del régimen federal, los votantes saben que es sólo verborrea electorera, el petate del muerto que puntualmente sacan en cada contienda (así como el “niño” Yahui que Movimiento Ciudadano resucita en cada elección, aunque ya hasta tiene várices y perdió toda la gracia original).
En cambio, Coahuila contrastó su régimen local de toda la vida y lo sopesó con la realidad que percibe del resto de las entidades que ya “disfrutan lo votado”, es decir, que ya gozan “las bondades” de una transformación que no ha demostrado ser menos corrupta siquiera que el régimen que le precedió, con la agravante de que su curva de aprendizaje en materia de gobernabilidad y administración pública es prácticamente una catastrófica pendiente vertical.
El PRI, en cambio, le apostó... a eso, a ser el PRI. Es decir, sacó a pasear su siempre bien lubricada y mejor calibrada maquinaria de operación territorial electoral.
Al cierre de las casillas, Morena denunció esas maniobras y tácticas “históricas” con las que el régimen tricolor local se asegura el voto duro.
Es probable, en efecto, que el PRI sea culpable de lo que Ariadna Montiel y los morenistas acusan: las viejas tácticas de coerción del voto. Pero no deja de ser notable que las acusaciones vengan de un partido que está bajo la lupa por arreglar sus elecciones en otras entidades, ya no con lideresas, acarreo o despensas, sino con narcos, secuestros y ejecuciones de candidatos.
Y nuevamente, he ahí la diferencia entre miedo y terror, que (no tengo pruebas, pero tampoco dudas) es la que hizo la gran diferencia en los comicios Coahuila 2026.