Mirador 04/03/2025

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Opinión
/ 3 marzo 2026

Esos oros, y esas sedas, y esos alamares, dice mi amigo, son oropeles que lucen algunos jerarcas eclesiásticos, y que quizá impresionan a una feligresía de condición humilde

Este amigo mío con el que bebo la copa –varias– los martes por la noche recordó de pronto los versos de Machado en los cuales increpa al difunto don Guido: “Alguien dirá: ‘¿Qué dejaste?’. Yo pregunto: ‘¿Qué llevaste al mundo donde ahora estás? ¿Tu amor a los alamares, y a las sedas, y a los oros...?”.

Esos oros, y esas sedas, y esos alamares, dice mi amigo, son oropeles que lucen algunos jerarcas eclesiásticos, y que quizá impresionan a una feligresía de condición humilde, o a algunos fieles anclados en pretéritos usos, pero cuyas galas se miran ya obsoletas y anacrónicas. “El hábito no sólo no hace al monje –afirma mi compañero–. A veces lo deshace”.

En cuestión de atuendos religiosos yo soy conservador, le digo, y gusto de las mitras, los báculos, las capas pluviales, las estolas, cíngulos y demás ornamentos tan ornamentados que los dignatarios usan en las procesiones. Me contesta, desdeñoso:

–Es que fuiste actor. A ti también te gusta el oropel.

No respondo. En ocasiones el silencio es la mejor respuesta.

¡Hasta mañana!...

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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